viernes, 21 de diciembre de 2007

Creo firmemente en los horóscopos


O, por lo menos, en el que me toca esta semana. Lee y juzga por ti mismo.

The week of December 16, 2007

  • Sometimes, dreams actually come true. One of yours just might this week! A friend may surprise you with a wonderful gift or great experience. A friend may also introduce you to someone who becomes important and influential in your life. You feel the Wheel of Fortune turning in your favor this week - and it's about time. You're getting stronger and surer of yourself. You don't 'need' anyone, but may choose to spend time with someone you admire, trust and are fascinated with.
Career

  • Jupiter enters your sign early this week, thrusting you into the limelight. You finally get overdue acknowledgment for long hours of dedication and sacrifice. As you know, each experience you've gone through has contributed to your productivity, creativity and sense of accomplishment. Your ruling planet Saturn goes retro until early May, suggesting that you get second or third opinions from people you view as experts. Ultimately, you'll make the final decision - and it'll be an informed one, packed with collected wisdom and experience you've gathered from others and carefully blended with your own. A new partnership with strong financial overtones could be formed during the weekend. This won't be easy or automatic, but will be worth the effort and temporary angst.
Para Otto, mágico, que consigue que los sueños se hagan realidad (y que además sean divertidos)

jueves, 20 de diciembre de 2007

Rituales

Hay algo que me encanta de los actos académicos y es el sentido de pertenencia que transmiten.

Ya he dicho en otro post que soy una chica fácil y, precisamente en esto de los rituales académicos, soy facilísima: me los creo todos.

Estuve ayer en la defensa de un trabajo de investigación y disfruté de lo lindo con la exposición de la doctoranda, los comentarios del tribunal, los tiempos bien distribuidos, la lectura del acta... en fin, esas cosas, ya sabes. En estos casos recuerdo siempre, siempre, mi propia defensa de la tesis y cuánto disfruté, a pesar de los nervios, del debate intelectual con cinco doctores a mi disposición.

Al empezar me quería morir pero conforme pasaba el tiempo me fui dando cuenta de que nunca más me iba a ver en otra situación como esa: yo como experta de un tema y varios otros expertos entrando a saco en la discusión de mis ideas.

Nada es comparable a esto.

¡Vámonos!


Ay, señoras y señores, improbable lector, tengo unas ganas de irme de vacaciones que ¡menudas ganas que tengo!

Quiero estar ya en el magnífico cortijo en mitad del campo haciendo lo que más me gusta: desaparecer. Sentada en el porche con los sobrinos corriendo alrededor persiguiendo a un pobre conejo; llevándole a mi suegro una bandeja con carne para la barbacoa; o mirando a las musarañas mientras mi cuñada va a la nevera a por otra botella de cava. ¡Yo qué sé!

La técnica ésta de desaparecer en público la tengo muy depurada: miras a un punto fijo, pones cara de estar muy interesada en lo que está ocurriendo a tu alrededor y te transportas a donde sea que quieras estar (o a ningún sitio, que para el caso es lo mismo). Normalmente, yo donde quiero estar es en la nebulosa de mis pensamientos, que allí se está muy bien y nadie me molesta. Es algo así como escribir de corrido en este blog y ¡zas, zas, zas! solucionar toda tu vida de un plumazo. Te quitas las telarañas del cuerpo, te echas unas risas de ti misma, te miras desde fuera y por dentro y, al terminar, te quedas hecha un pimpollo.

Cuando termino, estoy lista de nuevo para la acción.

Futuro impredecible

Rafa me dijo una vez, hace tiempo, que los besos no se piden. Se dan. Y yo le di la razón pero, desde entonces, los he seguido pidiendo.

Y siempre pido los difíciles, creo que porque lo son. Y porque son los más divertidos, por inesperados, imprevisibles e irresistibles.

Me gustan los hombres inteligentes y a ellos les pido, a veces, los besos menos comprometidos y los más geniales porque sé que sólo un hombre inteligente los entiende así.

Podré prometerte, si quieres, que no volveré a hacerlo y te aseguro que en ese momento la promesa es cierta. Sin embargo, el futuro es impredecible y cuando vuelvo a verte, unas veces consigo retorcerme la lengua para no pedirte que me beses y, otras, sin más, te lo suelto porque sí.

Si coincidimos en una de estas ocasiones, recuerda que los besos no se piden, se dan.

Las preguntas de Otto


Las preguntas que Otto me hace nunca son triviales.
Para muchas de ellas tengo la respuesta de antemano porque responden a ese guión tan magníficamente "witty, intelligent, candid, immediate" de las mejores pelis de Katharine Hepburn y Spencer Tracy (o Cary Grant, que para el caso es lo mismo). Otto dispara y yo recojo el desafío. O al revés.
Y siempre nos reímos.
Sin embargo... ¡Ay, Otto!
De vez en cuando, me lanza una pregunta inesperada que se abre paso entre las pequeñas costuras recosidas de mi disfraz de Lara Croft y ¡plonc! me quedo pegada a la pared.
Muda.
Otto quería saber hoy, si ahora que la vida profesional de mi esposo empieza a ser más dulce, mi vida personal lo será también.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

¡Qué fiesta!



Me escribe Eva y me dice:

"Oseatiatelojuroporfavor

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡cómo estabas de guapa anoche !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

No podía dejar pasar el día sin decírtelo

muac!"

Ay, ¡qué bien me sientan estas cosas! ...


jueves, 13 de diciembre de 2007

Si mi madre lo supiera



Es curioso cómo los mismos sitios revisitados al cabo del tiempo te recolocan los recuerdos igual que si estuvieras organizando el cajón de los pañuelos y pusieras el rojo, bien doblado, al lado del naranja, éste junto al amarillo, después el verde, el azul, el blanco, hasta que terminas y miras tu cajón y te sientes satisfecha.

Estoy de viaje y he vuelto al mismo hotel donde estuve hace un año, en la misma ciudad, claro. Me siento a cenar en la misma mesa donde cené, también sola, hace un año, y me asalta el recuerdo de Pablo ¿o era Marcos? y siento casi la intensidad de sus besos hace doce meses, cuando vivíamos inside the tornado.

Ya sabes que Pablo ¿o era Marcos? ahora me da igual (¿aún no sabes lo cruel que soy? ¡venga ya, hombre!) así que me sorprende acordarme de esto ahora con cariño. Para aclararme, cojo el móvil y le envío un mensaje: "llama cuando puedas pero que sea YA mismo".

Soy incorregible.

Dos grandes sueños

Judith está hoy perpleja porque pidió dos deseos y los dos se han concedido.

Los dos eran grandes y los pidió con mucha intensidad para asegurarse de que, por lo menos, uno de ellos se cumplía. Y ahora se han cumplido los dos, primero uno ¡PLONC! y una semana después el otro ¡PLONC!

¿Y ahora? -se pregunta Judith.
Alguna vez en el pasado, Judith se encontró con una encrucijada parecida en su vida y siempre supo que debía elegir, porque eso es lo que pasa conlos sueños gordos cuando se cumplen muy al principio de la vida, que no puedes cumplirlos a la vez.
Ahora es distinto, porque Judith ha puesto tanto empeño, trabajo e ilusión a partes iguales en que los dos sueños gordos llegaran a ser realidad que ahora que se cumplen está desconcertada y no sabe qué hacer. Y no quiere elegir porque sabe que se merece los dos.

Así que no elegirá y buscará, más allá de la perplejidad, la manera de dar un salto al otro lado y poner en marcha los dos sueños gordos.

¡Ánimo nena que tú puedes!

lunes, 10 de diciembre de 2007

Melchor, Gaspar y Baltasar



Dicen que los Reyes Magos son los padres, ya ves, y "te juro por arturo" que estoy a punto de creer que es cierto porque bonita la tarde que me he pasado en el gigacentro por excelencia de los juguetes mundiales buscando y rebuscando regalitos variados para mis quinientos mil sobrinos y mi preciosa hija.

He cometido el gran error de llegar al megacentro sin una lista previa de qué quería comprar y, claro, allí me tienes a mí, con el carro de las narices entre las manos, dando vueltas por los pasillos abarrotados de mamás, papás y niños encaramándose a las estanterías.

Ay, ¡qué mareo! iba de los juegos de mesa a las figuras transformables, de los trajes de Spiderman al dominó de Winnie, de las dos mil princesas bailarinas a los carritos de bebés. Yo qué sé.
¿Le gustará a Anita este muñeco? ¿Jugará Rafita con el microscopio? ¿Estará contenta Claudia con este bebé?
Ay, ay, ay.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Un sábado como otro cualquiera


En el puzzle de la vida hay días, como el de hoy, en el que todas las piezas encajan.
La semana pasada pasado mi esposo y yo iniciamos una conversación tremenda que duró varios días. Fue un combate en las alturas en las que nuestros respectivos egos pelearon por la supervivencia, hasta que en la mañana del domingo, con la taza de café en la mano, nuestras miradas recordaron por qué habíamos empezado esta aventura juntos.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Casual Friday


A mí lo que más me gusta del Casual Friday es mi jefe.
Se viste en una mezcla de gamberrete callejero que va de paso a la oficina que me recuerda, no sé por qué, a mi hermano Manuel y su pandilla de amigos hace 25 años, cuando pasaban las tardes entre carreras de bici por el barrio, guerras de piedras y cabañas hechas con los restos de la poda de los setos.

Hoy me he entretenido a observarlo -a mi jefe- a través de la ventana de un despacho, mientras lo veía bajar a lo lejos, con su ordenador bajo el brazo y pensando quizá en las musarañas del puente que no hemos tenido.

Me ha gustado tanto la imagen, con su abrigo y su bufanda, que me he prometido que en cuanto pudiera escribía un post.
Este.

martes, 4 de diciembre de 2007

Con tacones o sin ellos


Dice mi amiga Judit, la de verdad, no esta que escribe aquí, que no me baje de los tacones por mucho que los hombres con los que trabajo se admiren una y otra vez de ¡qué alta y encima te pones tacones!

Me costó tanto en la adolescencia salir del complejo de altura y aprender a aceptar que no pasaba nada por ser la única chica de la fiesta a la que nadie sacaba a bailar -porque todos, TODOS, los tíos, los guapos y los feos, eran más bajos que yo- que ahora no deja de maravillarme que sea mi altura la que les incomode a ellos.

Dice mi amiga Judit, la de verdad, la que es tan alta como yo y luce tacones de vértigo hasta para llevar a su peque al cole, que, en realidad, la altura no incomoda a los tíos, sino que, más bien, se trata de admiración.

Yo, la verdad, no sé lo que es pero hoy me ha parecido ridículo que cinco tíos de "altura" hicieran el mismo comentario genial que llevo escuchando desde hace 42 años.

Al único que se lo consiento es a Otto, a quien quiero mucho y más.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

¡Qué bien sienta llorar a veces!


Pues eso: llegas, le sueltas el torrente de lágrimas a un buen amigo, escuchas sus consejos como un rayito de luz que viene de lejos y te quedas mejor.

Eso sí, te tienes que recomponer el maquillaje después, para que nadie lo note.

lunes, 26 de noviembre de 2007

03.55

Buenas noches.

03.45

Necesito saber dónde estoy. Igual es la crisis de los cuarenta que me está llegando a los casi cuarenta y dos pero, oye, estoy que no me encuentro.

Ya he dicho antes que me aburro en el trabajo y tal, pero es que me falta alguien con quien hablar el mismo idioma. Sí ya sé que esto suena a la misma autosuficiencia que más abajo criticaba en Pablo ¿o era Marcos? pero, ¿qué quieres? soy así.

Conforme ha ido desapareciendo gente con la que podía poner en marcha proyectos interesantes y divertidos, me da la impresión de que me he quedado sola y aburrida en un rincón. Me invento cosas para pasar el rato pero, de verdad de verdad, "at the end of the day" como dicen mis amigos los ingleses, cuando me acuesto siempre me hago la misma pregunta ¿y qué?

También es posible, ahora que lo pienso, que lo que me ocurra sea que Lucía empieza a dejarme ratillos libres y que yo esté ahora volviendo a aprender a llenarlos.

03.35

Ya me siento mejor: un tema menos. Vamos ahora con la anécdota del día, se llama Luis y sus palabras tienen la ¿virtud? de desestabilizarme como un dardo certero en la palabra.

No me gusta su compañía pero, como es inevitable que entre y salga de mi vida, tengo que hacer el ejercicio (como diría mi jefe) de aprender a manejar las situaciones con él. Me recuerda, Luis, a la serpiente del libro de la selva, suavecita, suavecita, habla despacio y te va hip no ti zan do has ta que se te cie rran los o jos y en ton ces

¡ZACA!

te lanza el veneno.

Normalmente procuro no moverme en su área de influencia pero, qué quieres, no siempre se pueden evitar las situaciones incómodas.

03.15

Así las cosas, querido, lo mejor es dar salida a las cosas que me rondan y terminar cuanto antes con este "centrifugado" mental. Cuando acabe, me acostaré de nuevo.

Primero: el viernes comí con Pablo. ¿O era Marcos como convení en llamarle? En realidad da igual, ya sabes, porque cada vez que le veo, consigue hacerse más minúsculo en mi vida. Sé que esto que digo es una crueldad pero ¿por qué debo mentirme a mí misma?

La cuestión es que estar con Pablo -¿o era Marcos?- me incomoda progresivamente porque tengo la impresión de que me necesita para escenificar su vida. Él dice que conmigo se siente un hombre objeto y, a lo mejor, tiene razón pero ¿qué más da? Nunca le dije que me iba a enamorar de él, y eso que en peligro estuve, y desde siempre estaba claro que todo era sexo y en eso estuvimos siempre de acuerdo.

Claro que, cuando el sexo acabó él quiso que viniera la amistad pero, ya ves, yo no termino de verlo. Algo hizo un día, creo que fue su manera de coger la taza para tomar café después de una comida, que me incomodó. Era una especie de autosuficiencia por la situación, algo así como la satisfacción por la "presa vencida" que me dejó estupefacta y me llevó a pensar que la relación no iba a durar mucho.

Desde entonces, él aparece y desaparece, pero yo no quiero estar. Me aburre su compañía porque me lo sé de memoria. A Pablo, ¿o era Marco?

03.00

Son las tres de la mañana y, de nuevo, no puedo dormir. Antes, el estar despierta a estas horas me producía una especie de ansiedad pero, desde que soy madre, sé que la noche está tan llena de cosas que estar aquí y ahora escribiendo no es más que otro modo de compartir el universo con otra gente que, por elección, obligación o destino, se encuentran con los ojos abiertos en la madrugada.

Ahora mismo hay niños llorando y mamás en camisón preparando biberones, parejas que hacen el amor como si fuera la primera vez, solitarios que miran las estrellas, barrenderos, basureros y enfermeras, mujeres en vela cuidando de sus ancianos, hombres de negocios sesudos desentrañando los misterios del día siguiente, nerviosos estudiantes, novias que se casan el viernes, hijos desconsolados por la pérdida de su padre, panaderos que casi empiezan su jornada y chavales que ponen copas terminando de cerrar el local, locos de secondlife buscando un amigo, ingenieros terminando sus puentes, pintores buscando un color, mi madre leyendo un libro (mamá ¿es que no te vas a dormir).

Y yo.

Galletas de chocolate


Me aburro, me aburro y me aburro. Sí, de acuerdo, me paso el día contestanto correos, contando cosas a un par de grupos de niñas adolescentes y, de vez en cuando, escuchando a la gente en reuniones. ¿Y qué?
De mis clases, si tuviera que elegir, me quedaría con Raúl y Ana, por sus ganas de hacer bien las cosas. De los correos, sin dudarlo, me quedo con los de Otto y Rafa -los este último tan escasos que cuando los recibo los leo y releo para que me duren, lo mismo que las galletas de chocolate de cuando era una niña. De la gente y sus reuniones, nada. Y lo siento de verdad porque a todas ellas voy con el deseo de aprender.

Así que me aburro y me aburro. Bla, bla, bla.
Me inventaré algo y saldré de esta monotonía pero, mientras, así estoy.

Cuando te arrastra la corriente


Una de las cosas más ridículas del mundo es perder los nervios y enfadarse por cosas que no tienen importancia.

Todos los días, cada minuto y segundo del día, evalúo y reevalúo constantemente en qué debo poner mi interés. Dirás que es un gran esfuerzo estar siempre pendiente de qué es importante y qué no, pero para mí es simplemente una manera de estar y equilibrar las fuerzas que pretenden arrastrar mi vida.

Por ejemplo:
  • evalúo por las mañanas qué me conviene más, si pasar un rato de juego con mi hija antes de levantarla de la cama o despertarle y obligarle a que se vista rápidamente y así ganar unos minutos más para mí.

  • evalúo, en las discusiones con mi esposo, hasta qué punto vale la pena empeñarme en una postura si, al fin y al cabo, por su carácter, él siempre va a querer tener la razón. La vida es larga, me digo siempre, y en el devenir de las cosas estoy segura de que voy a encontrar una oportunidad de conseguir lo que quiero.

Esta manera de ser no es ni más ni menos que un modo de relacionarme con la gente, ni mejor ni peor, que me permite mantenerme en un equilibrio que me lleve a la felicidad.

Pues bien, a Otto le debo una explicación de por qué me enfadé tanto con él. En absoluto me falló, fui yo la que se dejó llevar por las circunstancias. Creí que me faltaba información y, en realidad, no supe verla cuando la tenía delante de mí. Yo misma me sigo preguntando aún por qué perdí los nervios. Y ahora me siento estúpida por no haber sabido estar a la altura de las circunstancias.

... pero dejémoslo ya, que esto parece una pelea de enamorados.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Explosión


Estoy tan enfadada con él que es posible que acabe explotando. Yo, él no. Aunque, ahora que lo pienso, ¿por qué yo?

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Me preguntabas qué significa ser padre


-Mamá, ¿sabes que el papá de Marcos está en el cielo? -me pregunta Lucía cuando la saco de la bañera.

-¿Sí?

-Sí, mamá, y le cuida desde el cielo, cuando reza -continúa- y su mamá le cuida en la tierra.

-Vaya -y empiezo a vestirla como si nada, pero se me encoje el corazón temiendo lo que viene a continuación.

-Y tú mamá...

-¿Sí?, dime -le animo.

-¿Tú? -duda.

-¿Sí cariño?

-Nosotros, nosotros estamos en la Tierra -me abraza.

-Claro, cielo, nosotros estamos en la Tierra. Tú, y papá y yo.

-Sí mamá, nosotros estamos en la Tierra que es más divertido -me abraza fuerte y me sonríe.

-Claro, mi niña, en la Tierra que es más divertido -le abrazo fuerte.

Lucía se queda satisfecha.

martes, 20 de noviembre de 2007

La comida eternamente postpuesta



Sin rodeos: hoy me había vestido para Otto. Así, sin más, tal cual te lo cuento.

Hace una semana concertamos la cita para hoy así que anoche, antes de acostarme, pensé cómo iba a presentarme a la comida: la falda, el jersey, las medias y los zapatos. Todo decidido, excepto los pendientes, dejados un poco al azar esta mañana. Al final, los de piedrecitas azules.

Todo preparado, todo listo para gustarle. Porque sí y aunque no deba. ¿Qué más da, si al final la vida es más divertida si eres un poco más mala de lo debido?

La comida se ha cancelado y, por lo que parece, mi indumentaria era la correcta, a juzgar por los comentarios: ¡Judith, estás guapa hoy!, ¡Judith, me gusta tu pelo!, ¡Judith, qué bien te veo! Pero lo que yo quería era ver a Otto y reirme infinitamente con él.

Y a lo mejor, si le pillaba despistado, robarle otro beso como aquel.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Mi periodoncista

Mi periodoncista se llama Margarita y este martes lee la tesis. Es morena y tiene las cejas bien depiladas. Las manos no le tiemblan y su voz es dulce.

Mi periodoncista estuvo trabajando con mi boca casi 45 minutos y mientras, entraban y salían otras mujeres de la habitación: la ortodoncista, la higienista y una becaria. Dos de ellas eran morenas y llevaban pendientes con una perla grande. Entraban, se asomaban a mi boca, sonreían un segundo antes de concentrarse en el trabajo de Margarita y luego, discretamente, se marchaban.

Gracias a mis sesiones de concentración de estos días hubo un momento en el que yo ya no estaba allí y sólo mis encías permanecían en la estancia. Margarita no me hablaba a mí pero su voz era tan suave que me transporté a otro lugar.

Ahora tengo la boca absolutamente inmaculada.

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿Cuál es tu secreto?


Todos tenemos secretos y basta que se den las circunstancias precisas para que los acabemos contando.


Solía pensar que estas "circunstancias" venían con la noche y la intimidad pero, desde que soy madre, me he dado cuenta de que la puerta del cole, el banco del parque o la caja del supermercado son situaciones más que idóneas para escuchar confesiones.


¿Por qué no?


Esta misma tarde, por ejemplo: en casa de Arancha, haciendo galletas de Navidad con los niños y con una copa de vino en la mano (nosotras, no los niños) han salido viejas historias que me han puesto los pelos de punta.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Impecable


Fíjate en este adjetivo: impecable. ¿No te parece espectacular que una palabra pueda decir tanto?
Hacía tiempo que no la usaba y el otro día se me apareció como venida de la nada y, desde entonces, no dejo de repetirla: impecable, impecable, impecable.

lunes, 5 de noviembre de 2007

La ciudad


  1. Me encuentro en la ciudad por razones digamos ¿higiénicas? -ya sabes, mi dentista está como loco con mis encías- así que aprovechando que "el Pisuerga pasa por Valladolid" se me ocurre llamar a Pablo por si da la casualidad de que nos podemos ver. Pablo está ocupado y no podemos quedar pero se despide con un tierno "te echo de menos". Mi autoestima sube muchos enteros. Je.

  1. Un rato largo después hablo con Otto sobre cosas variadas y se despide contándome que está de paseo por la ciudad. Sonrío y una parte de mí se acuerda del frío de las tardes de casi invierno compartidas con la persona a quien amas. Mientras, yo, en casa, acabo de bañar a Lucía y atesoro para el futuro la calidez de sus besos y mimos de niña recién salida del baño.

  1. Mi esposo y yo estamos tan discutidos que ya ni hablamos del tema. Nos comunicamos funcionalmente y eso basta desde hace algunos días. Yo sé qué le pasa pero él no sabe a mí qué.

viernes, 2 de noviembre de 2007

La boda de mi mejor amigo


Quedar con Rafa para tomar café me pone siempre de buen humor.

Superadas ya las trampas de la atracción física y emocional (y cuidado que no digo que si él me lo propusiera me lanzaba al hiperespacio de su mano, ipsofácticamente), destilados los afectos en una especie de complicidad estupenda, sé por fin que si me dice "voy" o "de acuerdo" es cierto que viene o que confirma su cita. Con lo cual, amables lectores, me siento feliz de tener su conversación inteligente durante un rato.

Y esto es así porque nos conocemos desde hace tanto tiempo que tenemos varios cientos de pequeñas historias a las que remitirnos con un guiño de un ojo o de la conversación. Por ejemplo: los tatuajes. Por ejemplo: las formas de vestir de la gente que nos rodea. Por ejemplo: las poses de este o aquel. Por ejemplo: lo que debe decirse o lo que debe ser, o lo que debemos mostrar, o lo que podemos aparentar.

No es de extrañar entonces que cuando en su boda me senté en el banco de la segunda fila, justo detrás de su familia (a la que casi no conozco) me sintiera más cerca de él de lo que nadie podía suponer.

¿Cómo dices? ¿Que aún no te he contado nada de su boda?

¡Oh, vaya!

miércoles, 31 de octubre de 2007

2-6

Yo no sé si ya os lo he contado pero, a estas alturas y después de lo que habéis leído por aquí, podréis suponer que Otto me sigue gustando.

No es correcto que me gustase y mucho menos que me siga gustando pero, a pesar de que hago esfuerzos por que no sea así, ¡zas! de vez en cuando, dice algo, se queda mirando al infinito o se pone una de esas camisas que tan bien le sientan y ¡ay!

Hoy ha sido un gracioso despiste suyo el que me ha pillado desprevenida, y es que le he visto apuntar unos números en un folio totalmente en blanco y he pensado: "verás, verás que dentro de 30 segundos ni se acuerda de qué significan esos números"

2-6

No le he dicho nada porque ese dos y ese seis pertenecían a su vida privada. Sin embargo, he pensado: "bueno, me imagino que tendrá sus propias reglas para recordar cosas porque vamos, esos dos números así sueltos se le traspapelan ya mismo y está perdido".

(Entre nosotros, te diré que corresponden a la franja horaria en la que le han prometido, tras desplegar todas sus armas de seducción, llevarle el nuevo sofá a la casa donde ya mismo va a vivir con su chica).

En fin, hemos seguido hablando de lo que nos tenía ocupados y, cuando al terminar recoge sus cosas de la mesa, se queda mirando el papel y se pregunta en voz alta:

"¿Y estos dos números de qué son?".

Justo entonces me he dado cuenta de que me sigue gustando Otto.

martes, 30 de octubre de 2007

Más odios profundos

Odio profundamente que me traten con condescendencia.

lunes, 29 de octubre de 2007

Me horroriza ir al dentista (y 2)


Ya está: tengo la muela del juicio destrozada pero a la dentista parece que le da igual. Eso sí, ¡menuda exclamación de horror soltó cuando vio mis encías!

¡Oh, periodontitis aguda, oh, oh, oh!

Y yo, pobrecita de mí, tumbada en el artefacto (eso sí de color rosa) con una odiosa lámpara sobre mis ojos. ¿Mande, periodontitis? E ipsofácticamente aparece una señorita enfermera con un conjunto de cuadros sinópticos y un cacharrito señalador que me ilustra sobre mi afección. Empiezo a marearme en ese mismo instante y me acuerdo de que, efectivamente, "me horroriza ir al dentista" y que, por desgracia, ahora me espera más de una visita.

Os confieso que me duele todo, se me pone la carne de gallina, me entran escalofríos y me quiero ir a vivir de nuevo con mi mamá ("mi mamá me mima").

Sin embargo, como tengo buenos colegas en el trabajo, uno de ellos me ha agenciado unos ejercicios de yoga contra los miedos de la vida y ya mismo me voy a hacerlos.

Ya os contaré si me dan resultado.

Los botontes del baby

Mira, yo no sé qué extrañas leyes de la naturaleza rigen mis mañanas que, haga lo que haga, siempre soy la última en salir de casa. Cada día la trampa es diferente y hoy, amados míos, ha venido a tomar la forma de los botones del baby de mi hija: ni uno, ni uno quedaba puesto, esto es, todos arrancados de cuajo del dichoso baby -que me costó 39 euros- y me doy cuenta justo cuando ya tengo la puerta de casa en una mano y en la otra mi bolso, mi abrigo, el abrigo de mi hija, el maletín con el portátil, la taza para el cole de mi hija, su merienda, las llaves del coche, mi móvil y la madre que los parió a todos.

¡Coño!

Me había levantado con tiempo suficiente -pensaba yo- para arreglarme más o menos decentemente, desayunar, despertar a la peque con suficiente cariño como para que no cogiera una pataleta de lunes, ayudarla a vestirse, prepararle el colacao... en fin, esas dulces cosas de la maternidad. Todo controlado, ya me conoces.

Pues no, justo en el momento de salir, los botones. Ea, pues nada, a coserlos uno a uno, con paciencia (y con mi hija encima queriendo quitarme la aguja) y mi esposo preguntándome que cómo es que no me había dado cuenta antes.

¡OOOOOOmmmmm, control mental!

Ea, listo, vámonos. Pero vaya ¿qué es este hilo que cuelga del baby? ¡Cielos, el dobladillo también está roto!

.... llego tarde, llego tarde, llego tarde....

Y claro, he llegado tarde a todo. ¡Dichosa mañanita de lunes!

jueves, 25 de octubre de 2007

Riing, riing, soy Pablo

Pues sí, esta tarde me ha llamado Pablo. Dice que me echa de menos así que le propongo que nos veamos para comer.

Exacto, como ya dije "soy una bruja".

miércoles, 24 de octubre de 2007

Tour de force



Ayer mi hija consiguió sacarme de quicio, o de mis casillas, o de donde sea que los niños de cuatro años y medio pueden sacar a una madre, desesperada, a las ocho de la tarde. Desde luego, de donde sí consiguió sacarme fue de casa, como un rayo, con ella en brazos chillando, en dirección al parque.

Yo no iba en bata y rulos porque no uso ninguna de las dos cosas pero, vamos, que lo mismo habría salido a la calle como salí si los hubiera llevado puestos. ¡Menudo cabreo tenía yo!

Sigue la historia: llegué tan feliz -aunque cansada- a casa a las seis y le dije a mi hija que nos íbamos al parque. A mi propuesta ella contestó que no quería porque estaba viendo una peli. Yo, desde luego, no insistí porque ¡maldita las ganas que yo tenía de pasar frío en los columpios con la urgencia que tenía por cambiarme el traje por mis vaqueros preferidos y sentarme a leer un rato!
Así fue y así se hizo, hasta que una hora y media después, cuando se acercaba la hora del baño mi hija se acordó


mamá, que no he ido al parque


Os ahorro detalles, amados míos. Os sea suficiente con saber que sus berridos duraron 45 minutos, durante los cuales yo puse en práctica -una detrás de otra- todas las técnicas de educación infantil que conozco y suelo practicar: diálogo, paciencia, ignorar conductas no deseadas... Hasta que, erre que erre, mi hija consiguió que tuviera ganas de tirarme por la ventana, en lugar de lo cual, la cogí del brazo y le dije


por las barbas de Neptuno que te llevo al parque y te dejo allí para que te enteres


¡Y hay que ver si lo hice! Lo primero, no lo segundo porque, como es natural, de camino al parque mi furia se fue aplacando mientras mi sensación de ridículo se acrecentaba: o sea, te lo juro por arturo, que una mocosa de cuatro años puede con su madre de cuarenta y uno. Vamos a ver, señora mía, que no sabe usted que educar no es precisamente esto.


Ah, pero qué gran consuelo esta mañana cuando se lo cuento a Marta y me dice que ella, una vez, tiró por la ventana los peluches de sus hijas.


Sonríe, amable lector

Me horroriza ir al dentista


Y ahora no tendré más remedio que ir, ¡ay, ay! que se me acaba de romper una muela. Y se me agolpan en la cabeza palabras como ENDODONCIA, EXTRACCIóN, ANESTESIA.

No quiero y no quiero. Necesito que alguien me acompañe: ¿mi hermana? ¿se lo pido a Arancha? ¿a Marta? Ay, ay, yo quiero que me lleve mi papi de la mano y que me diga que no me van a hacer daño.
Ay.

viernes, 19 de octubre de 2007

Hay días bonitos

Y hoy es uno de ellos. Me han subido el sueldo y ¡qué felicidad!

miércoles, 17 de octubre de 2007

Pijamas de señora


Pues sí, señoras y señores, necesito un pijama.

Ya sé que mis más fervientes admiradores -sobre todo aquellos que me ven ahora convertida en una "estrella mediática" gracias a mis últimas apariciones en la prensa- preferirían que les dijera que duermo desnuda en sábanas de seda. Pero no, no es así. A mí me gusta dormir con pijama, calcetines y tapada hasta las orejas, en una especie de mini-cueva.

Así pues, como digo, necesito un pijama porque una cosa es dormir calentita y otra muy diferente llevar varias temporadas con las mismas prendas nocturas. (Ay, no se me vayan, mis lectores favoritos, que ustedes saben bien cuánto juego doy a pesar de estas confidencias íntimas). Con lo cual, esta tarde, aprovechando que mi jefe está enfermo y ha cancelado una reunión vespertina para la que ya había organizado yo quién iba a recoger a mi hija, me he acercado al centro comercial de turno en busca de la preciada prenda.

"¿Los pijamas de señora, por favor?" -me he sorprendido preguntando a la amable señorita.
"Al fondo a la izquierda" -me responde.

Vayamos por partes:
  • que "cualifico" (perdón por el calco de qualify pero me encanta) como señora está claro. No nos engañemos, que a partir de los cuarenta, las mujeres como yo estamos ya en esa sección de los catálogos
  • que eso no quiere decir que a las mujeres como yo nos gusten las puntillas, blondas y apliques de flores en bolsillos, cuellos y puños de pijamas y prendas varias está claro ¡coño! (if you know what I mean)
  • que, a pesar de lo dicho anteriormente, los del ramo de la confección se creen que somo idiotas y nos colocan en los percheros y muestrarios una serie de pijamas que ya les vale, es evidente

En fin, amados míos, que según parece, si quiero dormir como a mí me gusta el pijama que se me asigna es algo así como un floripondio con apliques de Winnie the Pooh adornado con puntillas a troche y moche en versión, eso sí, pantalón-cum-chaquetilla-volantes-en-el-cuello-y-puños o, no te lo pierdas, camisón hasta los tobillos tipo madre de la casa de la pradera.

Eso sí, está, ¡cómo no!, la versión pijama Calvin Klein que por los dos ojos de la cara te permite hacerle publicidad a tu partenaire en la cama: una especie de calvinklein, calvinklein, calvinklein, calvinkein.

En estas reflexiones me hallo cuando me suena el móvil y es este, y el otro, y el de más allá con cosas del trabajo, y mi amiga que está embarazada y no se aguanta a sí misma, y la señorita que me sigue enseñando pijamas, y la hora que se me acaba...

¿Adivinas? O

Obviamente, encontré lo que buscaba. Soy lista (y mala, ¿recuerdas?).

martes, 16 de octubre de 2007

Por fin leo

Anoche me quedé leyendo hasta la una de la mañana. ¿Cómo dices, que eso no tiene nada de especial? ¡Ah, si yo te contara!

Grandes oportunidades para el silencio



Ya habéis visto en el post anterior que el padre de José falleció la semana pasada. Pues bien, cuando lo vi esa tarde, después del entierro, le pregunté:

"Y dime, ¿cómo está tu madre entonces?"
"¿Cuál de las tres?"

¡Boing, boing! ¡Qué gran oportunidad de no preguntar! Ya me lo dijo un día Enrique, que no era conveniente preguntar a la gente por cosas personales, que te puedes llevar muchas sorpresas.

jueves, 11 de octubre de 2007

Ponle un nombre a esto

Ayer por la tarde. Suena el pitidito de mi móvil indicando que tengo un mensaje.

Miro en la pantalla y, en realidad, tengo dos. "Oh, vaya" -pienso- "dos mensajes al mismo tiempo, ¡qué cosas!".

- Mensaje 1: "Adriana por fin ha nacido. Ella y su mamá están perfectamente. Ya os iremos contando más cosas".
- Mensaje 2: "Se ha muerto el padre de José. Un beso. Marta".

¿Cómo es llama esto? ¿Casualidad? ¿La vida misma?

martes, 9 de octubre de 2007

Sabio Marzal


Tiene Carlos Marzal un precioso poema titulado La magia de los días que empieza de esta manera:

La magia de los días no se encuentra
oculta en la excepción de nuestros días mágicos

y continúa diciéndonos que

A través de los días, es casi imperceptible
la magia de los días.

Dice más cosas, todas bellas. Y de ellas me acuerdo cuando mi zapatero me dice que me no me cobra el arreglo del asa de la maleta que está rota, y llego a casa y se ofrece mi vecina a llevarse a la niña al parque un rato, y entra un rayito de sol por la ventana de mi cocina mientras escribo aquí.

Dirás que soy simple. Y quizá tengas razón, al fin y al cabo ¡qué magia tienen estas pequeñas cosas!

Ahora bien, amado lector, si mi felicidad me la construyo con mínimos detalles ¿cuánta más energía tendré mañana para derrochar en otros pasadizos más oscuros?

jueves, 4 de octubre de 2007

Pescado hervido (y 2)


Así las cosas, me doy cuenta -mientras baño a mi hija- de que no hay nada que me impida a mí misma cambiar el pescado hervido por un buen solomillo (if yoy know what I mean). Así que, ni corta ni perezosa, le encargo a mi hija que no se mueva de la bañera -para lo cual le suelto en el agua a sus tres barbies, incluida la magnífica Genevieve, y mira que me resultan redichas en su apariencia esta muñequitas- y me voy directa al baño conyugal donde mi ínclito esposo disfruta de su bien merecida ducha de aguar hirviendo después de una agotadora jornada masculina

cariño, ¿no te parece que nuestra vida sexual es aburrida?

¿Eh, qué dices? que no te oigo con el ruido del agua

Nice try -me digo a mí misma. Lo que pasa es que no me da tiempo a desarrollar el tema por miedo a que mi hija se descalabre en un intento de salir ella sola de la bañera, una vez liquidadas las barbies; y tampoco quiero chillar a los cuatro vientos mi infortunio, teniendo en cuenta que las paredes de nuestra casa son indiscretas y que, lo mismo que yo oigo el reloj de cuco de mi vecina cuando da las horas (el reloj), supongo que ella me oirá si grito a los cuatro vientos

¿no te parece que mi vida sexual es aburrida?

Decido entonces aplazar el ataque para después de la cena, ya con la niña acostada. Eso quiere decir que me obligo a no ir acumulando tareas mentalmente en preparación del día siguiente: no queda fruta, ya veremos; el baby de Lucía está sucio, da igual; si no congelo el pan esta noche se pondrá duro, qué mas da; tengo que contestar a la notita de la profe, otro día....
Eso y un Jack Daniels con hielo, contribuyen, entre risas, a invertir, por un rato, la tendencia de los últimos tiempos.

Aviso a navegantes: las parejas eternas no existen por que sí, hay que construirlas y, te juro por arturo, que hay días que el trabajo es arduo.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Pescado hervido


Mi vida sexual es como un pescado hervido.
Aburrida.
Y sé exactamente qué parte de responsabilidad me corresponde así que ¡allá voy! amadísimo lector.

Intentaré explicarme con claridad no vaya a ser que termines pensando que voy por la vida cual pobre mujer cariacontecida. De eso "nasti de plasti", que los tíos me gustan y ya sabes tú cómo y cuánto. La cuestión es, sin embargo, que a pesar de que me sé de memoria las teorías varias en las que expertos del ramo despliegan su sabiduría en forma de múltiples consejos para la pareja que se desea eterna, a mí, sinceramente, me puede la cotidianidad, es decir, el recoger a la peque del cole, el acordarme de que tengo que sacar la carne picada del congelador para la comida del día siguiente, el poner una lavadora y recoger la ropa seca, el comprobar que aún quedan dos rollos de papel higiénico y que, entonces, no hace falta que vaya al supermercado con urgencia, el acordarme de que tengo que recordar que tengo que llamar a mi madre, el revisar el quinto presupuesto del tipo que nos va a hacer la reforma de la cocina... En fin, mon amour, como podrás comprobar, glamour total.

Así que cuando por fin me voy a la cama (ay, sí, que sí, que ya lo sé, que lo del sexo resulta más fantástico en otro sitio que no sea la cama, si yo te contara...), resulta que me llevo todas estas cosas que te cuento y más y claro, ya me contarás cómo narices puede una responder a la llamada de los instintos cuando lo que tienes en la mente es el bocata de chorizo que tenías que haber dejado preparado antes de acostarte para que mañana por la mañana se lo lleve tu peque al cole ...

¡ay, cariño, espera que bajo a poner una notita en la nevera que no queda pan de molde y mañana tenemos que comprar!

¿Ves? Lo que te decía, así no hay forma.

En honor de Enrique


Hay que tener metas en la vida. No se puede, o no se debe, ir errante de un sitio a otro sin rumbo fijo, so pena de caer en la melancolía o la depresión. Las metas nos orientan [...] Necesitamos metas y para marcarse metas necesitamos problemas. No es fácil vivir sin problemas, y el que no los tiene se los inventa. Los problemas suelen nacer de varias fuentes. Una de ellas puede ser la insatisfacción sentida al acabar un trabajo, y otra, la contraria, a saber, la necesidad de encontrar aires nuevos y salir de lo que nos estuvo agobiando durante cierto tiempo.

martes, 2 de octubre de 2007

Llueve


Tengo buenas amigas que se preocupan por mí y aunque yo no diga nada, saben que no estoy bien. Eso me hace sonreir.

Me acuerdo de mi madre y me obligo a llamarla un rato mientras preparo la cena. Me cuenta algunas cosas intranscendentes y eso me hace sonreir.

Y como llueve, sonrío. Me gusta cómo huele la lluvia.

¿Y yo qué?

Llevo un par de días intentando descubrir por qué estoy de tan mala leche y, la verdad, no encuentro ninguna razón. Sólo sé que se me hacen insoportables las cosas cotidianas y que ya no me queda paciencia para nada.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Cómo terminar con una relación (si eres una bruja...)


A Pablo le pregunté directamente si quería ser mi amante. Dijo que sí. Y entonces, empezamos por el principio: el sexo.

Fue un tiempo divertido en el que, por fin, me atreví a pedir todo lo que quería y a ofrecer también todo lo que me gustaba. Hubo algún riesgo de enamorarnos, sobre todo el 9 de octubre de hace un año, cuando paseamos después de comer cogidos de la mano por las calles de Otoño. El restaurante era de color naranja, como una puesta de sol.

Él, Pablo, me dio cosas para leer e intercambiamos puntos de vista sobre lo divino y lo humano. Cuando se ponía muy serio, yo acaba tomándole el pelo porque no hay nada más gracioso que un amante sentando cátedra. ¡Qué cosas!

Me atrajo de él esa especie de misterio que le rodeaba: un hombre silencioso, casi circunspecto ("Seriedad, decoro y gravedad en acciones y palabras"), en mitad de tantas prisas y carreras que tiene nuestra vida cotidiana. Así que le pedí un beso y antes de dármelo me advirtió que su novia acababa de irse a vivir con él. Perfecto -pensé. Menos líos.

Ocurrió, sin embargo, que el misterio fue tan sencillo de resolver que pronto me aburrí. Exacto: soy una bruja. Y un día, cuando dejaron de hacerme gracia sus discursos después del amor, cuando sus explicaciones detalladas de las cosas cotidianas me aburrían y hasta sus sugerencias literarias se hicieron previsibles, me di cuenta de que no me servía.

Dejé de ponerle notitas amarillas en sitios simpáticos. Dejé de escribirle a nuestra cuenta de correo secreta. Dejé, en fin, de interesarme por él. Así, conseguí que se enfadara conmigo y que ayer por la tarde me mandara a paseo por teléfono.


Soy mala.

Por cierto, la imagen de este post se llama Dance me to the end of love.

jueves, 20 de septiembre de 2007

La perplejidad de hoy

La perplejidad de hoy viene de la imbecilidad de algunos de mis compañeros de trabajo y de mi estupidez máxima por haber perdido la gran oportunidad de quedarme callada.

martes, 18 de septiembre de 2007

Corrígeme si me equivoco

Cuando hablo con Otto son tantas las cosas que quiero decirle que, al final, se me quedan todas sin decir. Las conversaciones son rápidas, rápidas, rápidas y el escenario es siempre tan "extraño" que sólo cuando ya voy de regreso a casa me asaltan todas las preguntas que no he hecho.

La de hoy es ésta: si tu chica ya está lista para marcharse ¿a ti cuánto tiempo más te queda antes de que también te vayas? A mí, esta tarde, me ha dado la impresión de que, en realidad, ya no estabas.

Corrígeme si me equivoco.

Lactancia materna


Esto de la lactancia materna es algo así como "¡oh, señora, sepa usted que para su recién nacido la leche materna es lo más adecuado por estas y estas otras razones". Y nosotras, pues nos lo creemos y sí, claro, pasamos los cuatro meses de la baja en el paraíso hasta que ¡zas! volvemos al trabajo y entonces..

"oiga, señora, no me moleste con tonterías y búsquese la vida"

Sí, sí, que ya sé que tenemos las medias horas de lactancia y todo eso pero, mira, esta mañana me he encontrado en el baño a una compañera que aún no lleva una semana desde que se incorporó al trabajo y la pobre anda buscándose la vida para sacarse la leche como puede y continuar con las tomas del niño: saca leche, guárdala en la neverita ad hoc y cuando llegues a casa, la congelas.

Y en los baños que tenemos, la luz está fuera y se apaga automáticamente a los no se qué segundos (bueno, a lo mejor son minutos), en cualquier no dura encendida el tiempo suficiente para que mi colega evite tener que vestirse -o lo que sea- para salir y volverle a dar al interruptor.

Así que, nada, ¡viva la lactancia materna! pero, por favor, no nos moleste.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Vida privada


Sospecho que mi hija cree que sus profesoras viven en el cole, de la misma manera que yo también creía que Don Matías -mi profesor de matemáticas en octavo de EGB- no tenía vida privada. De hecho, fue un verdadero shock descubrir que nuestro admirado profe no sólo estaba casado, sino que además tenía dos niñas.

A mi hija, la sorpresa le sobrevino el otro día cuando nos encontramos con su señorita Marisa en el aparcamiento de un centro comercial

¡mami, mami, mi profe!

Recuerdo también como una especie de revelación, el día que -ya en segundo de BUP- nos comunicó el jefe de estudios que Marta, nuestra profesora de inglés, se había marchado a vivir a Inglaterra. Para mí fue una especie de traición: no podía entender por qué una persona a la que admiraba tanto, que tanto me había enseñado, se marchaba de repente ¿a dónde? Yo entendía que su vida eran sus alumnos y que más allá no había nada. Obviamente, Marta tenía su vida privada.


Ayer mi jefe me dijo que se quiere marchar y, perpleja, me di cuenta de que él, como todos, tiene su vida privada.

martes, 11 de septiembre de 2007

Pequeña confesión

Lucía tiene cuatro años y sigue usando chupete. En su momento no pude, no quise y no supe quitárselo porque me conmovía ver el placer que le causa. Imposible quitárselo.

Total, me dije, un día dejará de usarlo porque sí. Y ese día ha llegado.

Hoy.

No es que lo haya dejado. Símplemente lo que ha ocurrido es que se le ha roto y, la pobre, cuando lo ha visto se ha echado a llorar: ¡mami, mami, que se ha rotoooo!

Mi niña, cómo llora. He tenido que inventarme una pequeña historia de cómo a mí, a su papá, a su prima, a todos los niños del mundo se les rompen un día los chupetes y entonces buscan otra cosa para sustituirlo: yo me hago ricitos en el pelo, su prima se toca la oreja, su papi acaricia la almohada...

Ha sonreído y me ha dicho que ella también tenía una idea. Pero se ha dormido llorando.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Estás estupenda

Hay días en los que me siento absolutamente ESTUPENDA.

Son días en los que puedo con todo: mi niña, mi casa, mi marido, el cole, el parque, el trabajo, los jefes, los amigos, mis alumnos, sus padres, los correos, las reuniones, la compra y el jardín. Me levanto por la mañana y sé a ciencia cierta -por algo me siento estupenda- que cualquier cosa que me ponga me va a sentar bien: la falda roja, la estampada de flores, la larga, la corta, los pantalones negros; un jerselito, una camisa blanca, una camiseta o qué sé yo.

En esos días da igual si me peino o no porque mi pelo sabe lo estupenda que estoy y él solo, plis, plas, se organiza. Con igual simplicidad, ¡zas!, la raya del ojo me sale perfecta y el rimmel se acopla a mis pestañas como si ese fuera su sitio natural. ¿Los zapatos? Cualquiera: sandalias, tacones, chanclas... En fin, ya sabes de lo que hablo.

En el trabajo, puedo con todo. ¿Los correos? Mis dedos vuelan alegremente al contestarlos. ¿Las reuniones? Se me acumulan ideas geniales en la mente. ¿Las clases? Magistrales. En casa, ni te imaginas. Lo mismo pongo en marcha un estofado mientras le doy al programa 9 de la lavadora, que juego con mi hija a las comiditas mientras le quito el uniforme del cole y recojo los piratas que se han quedado esparcidos por la mesa del desayuno.

¿Y sabes? Hoy no ha sido un día de estos.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Es viernes


Los viernes por la tarde se me pone a estas horas -las cuatro y media- una cara de imbécil de ver que no queda nadie por aquí, que no sé si reirme o llorar.

Luego, ¡manda güevos!, tenemos que aguantar que algunos nos digan que las mamás nunca queremos quedarnos hasta tarde. ¿Y usted, dónde estaba señor mío el viernes a las cuatro?
Pues eso.

jueves, 6 de septiembre de 2007

¡Oye, Otto!


Me encontré con Otto y me contó, con un brillo especial en los ojos, que llevaba a su chica al ballet.
Me lo volvió a contar Otto de nuevo como queriendo dar saltitos de emoción. Pero yo no entendía.
Me encontré con Otto de nuevo y me dijo que la casualidad había hecho que tuviera la oportunidad de hacer realidad un pequeño sueño que soñó hace un año.
Entonces entendí lo que Otto quería decirme.
¡Oye, Otto! Cuéntame qué pasó.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

¿Nos casamos?


No recuerdo el día de mi boda como el más feliz de mi vida, la verdad. Y si a eso vamos, fíjate que traigo a la memoria con más alegría la emoción de la tarde en que me comunicaron que me daban una beca de estudios para la Universidad de Manchester que las imágenes de mi boda. Más momentos felices: la noticia de mi primer embarazo, la beca pre-doctoral en Barcelona, la primera noche con Antonio, los viajes a Tarifa...


En realidad, esto de que la boda sea el día más feliz de tu vida debe ser un truco publicitario o algo así.


¿Por qué se casa la gente?


Yo me casé porque ya me tocaba. A ver, entendámonos, que estaba enamorada y todo eso es obvio porque, si no ¿de qué me iba yo a atar a un hombre habiendo tantos en el mundo? Lo que pasa es que ya habíamos pasado seis años en la distancia, en esa época en que los billetes de avión aún eran caros y Virgin Airlines aún no se había inventado la coña esta del no frills; en la lista del been there, done that había ya muchas cosas; y, oye, si por fin te has comprado una casa a medias con el tipo del que te has enamorado y los dos tenéis trabajo y tal, ¿por qué no?


Y ahí vino la trampa.


Porque bastó comunicar a mi madre que, por fin, nos habíamos decidido para que se lanzara al ataque: ¡mi hija se casa! Ay, señor, ¡qué mal lo pasé intentando contemporizar los deseos de ella y los de mi futuro marido!


¿Cómo dices? ¿Qué dónde está lo que yo quería? No sé, me imagino que con lo de consentir en casarse, él ya dio por satisfechos mis deseos. Ni te imaginas las broncas que tuvimos con la lista de bodas que no íbamos a poner pero a la que hubo que acceder, con la decisión del menú del banquete, las reservas en el hotel de todos los invitados. Yo qué sé... Vamos, que no me vuelvo a casar nunca más.


Por eso, ayer cuando Rafa me contaba cómo va eligiendo su indumentaria para el viernes, sentí como una especie de brisa fresquita de ver ese pequeño reducto de la voluntad, esa especie de símbolo de que todavía queda algo que se va a hacer a su modo, una especie de ¡señora no me empuje, por favor!


Será feliz. O no. Como todos nosotros. Pero siempre recordará el día de su boda con el pequeño placer de haber hecho una cosa, una, a su antojo.


lunes, 3 de septiembre de 2007

¿Estrés post-vacacional?


Si hay algo que me pone de los nervios en el primer día de trabajo a la vuelta de vacaciones son los smuack, smuack, ¡qué bien te veo!, ¿cómo estás, qué tal las vacaciones? Ya sé que son fórmulas de cortesía y que no podemos entrar al despacho como borregos, sin saludar a los colegas y contarnos lo descansados que estamos todos y lo felices que hemos sido (claro que, ahora que lo pienso, si al sitio donde han ubicado nuestras mesas de trabajo han convenido en llamarlo "pradera", ¿qué de malo tendría comportarse como un borreguito? Interesante pensamiento, pardiez, lo iremos madurando).


En fin, a lo que iba. A mí no me asusta volver al trabajo porque me gusta lo que hago y me lo paso bien haciéndolo. Esto, ojito, no quiere decir que no disfrute igualmente y sea optimamente feliz cuando estoy en casa meditando después de comer... Sí, sí, soy una de esas personas simples que se conforman con lo que podríamos llamar "una vida corriente". Ahora bien, de eso a tener que repetir quinientas veces el mismo discurso post-vacacional, pues como que no. Y menos a gente a la que realmente preferiría pegarle una patada en la espinilla, es un poner.


Porque, veamos, yo llego esta mañana al trabajo después de un mes delicioso repartido entre mis amigos y mi familia. Un mes en el que he tenido, incluso, el hermoso privilegio de pasar cinco días casi sola en casa (mi hija con los abuelos y mi esposo trabajando). Tiempo, todo el mes, de quedarme mirando las musarañas si me apetecía o de ponerme al día con un par de lecturas aplazadas; de charlar con mi madre hasta las tres de la mañana; de escuchar a mi esposo y ponerme en su lugar; de reencontrarme con un par de amigas; de descubrir que las tardes en la montaña son igual de bonitas que en la playa.


Y así, llego al trabajo y, con la primera mejilla que se me ofrece para el beso de bienvenida me pregunto: ¿y ahora a este qué le cuento de mi vida?


Pues nada, lo mismo: smuack, smuack, ¡qué bien te veo!, ¿cómo estás, qué tal las vacaciones? Total, digo yo que todos estaremos pensando en lo mismo.


Nota: no hace falta que te diga que ha habido un par o tres de excepciones, abrazos de verdadera bienvenida.


miércoles, 29 de agosto de 2007

viernes, 24 de agosto de 2007

La casa de los truquitos


La casa de mis padres está llena de pequeños trucos diseñados por mi madre con el firme propósito de aumentar la seguridad de una vivienda que, precisamente, siempre ha carecido de esta.
Al principio las puertas estaban siempre abiertas, todas: la de la casa, la de la verja, la del jardín. Y las llaves no eran necesarias. Claro está que la primera vez que se coló un tipo dentro del salón
mamáaa, hay un hombre detrás del sofá
fue mi abuelo, después de amenazarlo con el bastón, quien sugirió que quizá era conveniente cerrar la puerta de entrada, "no fuera a ser...".
Las cosas se fueron complicando progresivamente con la combinación de algunos más que entraron en la casa en diferentes oportunidades (¿por qué siempre hombres?), los tiempos más complejos que nos tocan vivir y el deterioro progresivo de los barrios circundantes.
Así pues, tras casi cuarenta años de existencia la casa se ha convertido en una especie de fortificación casera en la que te encuentras con unos mini-pestillos que cierran las persianas en los laterales (y que, religiosamente, debemos aplicar cada vez que nos marchamos, en las casi veinte ventanas que tiene el hogar); una llavecita -de la que únicamente hay una copia- con la que cerramos la puerta de la cocina que da al jardín y que todas las noches que cenamos en la terraza tenemos que pasarnos de mano en mano cada vez que entramos y salimos; unas rejas horrorosas en todas y cada una de las ventanas del piso bajo, permanentemente cerradas a no ser que quieras tomarte la molestia de aguantar un tremendo chirrido al abrirlas; y así ad infinitum.
Luego está la manía de desenchufar los electromésticos cada vez que vamos a salir, tare que, por supuesto, mi madre deja siempre para cuando ya toda la familia está dentro del coche esperándola. Pero, casi que esto lo cuento otro día.

jueves, 16 de agosto de 2007

Mercadillo

¡A cinco y a diez, nena, a cinco y a diez!
¡Cinco euros dos pares!

¿Conoces a alguna mujer que pueda resistirse a la tentación de visitar un mercadillo? Yo, desde luego, no. Así que cuando Cayetana me comenta que el martes es el día en que ponen los puestos, me organizo con mi esposo –el único papá disponible ese día- para que se quede con todas las niñas (primas y amigas) y las lleve él a la piscina. Que yo me voy al mercadillo.

¡Caja rápida, caja rápida, yo también cobro!
Cuidado con las cámaras, señoras, que os vigilan.


Y fíjate que, a pesar de todo, no me acordaba yo del encanto, a su manera, de un sitio como este: los gritos de los vendedores, los atropellos de las señoras, las peleas por las prendas amontonadas en varias mesas improvisadas... Hasta que me saca de mi ensimismamiento el empujón de dos señoras que, ni cortas ni perezosas, se desnudan en un pis pas, así en mitad del puesto, para probarse sendos vestidos. Eso sí, mujeres precavidas llevan el bañador debajo.

Cayetana me lleva unas cuantas perchas de delantera, no en vano es la cuarta vez que viene y ella ya sabe qué está buscando. Yo, por el contrario, me tengo que obligar a recordarme a mí misma que he venido a encontrar alguna ganga y que más me vale dedicarme a eso porque el tipo que lleva el puesto empieza mosquearse de que le mire con la boca abierta

¡Vamos, vamos, mucha gente y poco dinero!

Been there, done that!


En la época en que Beth y yo hacíamos juntas viajecillos por Europa, allá por el inicio de la década de los noventa, nos inventamos una especie de juego para pasar las horas muertas en los viajes en tren. Lo llamamos Been there, done that y venía a ser una especie de remedo del afán del turista de autobús en versión norteamericana que se conforma con llegar, pongamos por caso, frente a la tour Eiffel para anotar, acto seguido, en su libreta de cosas por ver y hacer: "hecho".

Este jueguecillo nos entretuvo bastante por entonces y nosotras mismas lo usábamos, casi en serio, después de pasar una mañana -atentos todos a nuestro glamour intelectual- en el Rijksmuseum en Amsterdam.

Been there, done that.

La frasecita se convirtió, de puro usarla, en un guiño secreto para las cosas de la vida cotidiana (una película que habíamos visto, un libro que había que leer, un restaurante por conocer...) y llegó, cómo no, hasta nuestros chicos. Y así fue cómo la expresión es ahora parte de mi vida familiar.

Pues bien, en estos días en que ando por Second Life vestida de Galatea Capalini, haciendo el chorra e intentando descubrir qué tiene de interesante este chisme creo que ya mismo le cuelgo el been there, done that y dejamos el asunto zanjado.

Al fin y al cabo, como dice Andrés, no es más que un chat un pelín sofisticado, por mucho que Victoire de Castellane se empeñe en diseñar allí sus joyas virtuales en el Belladone Island.

miércoles, 15 de agosto de 2007

¡Tengo el pelo verde!

Pues no va y se me pone el pelo verde de tanto bañarme en la piscina. Vamos, ¡quién me lo iba a decir a mí! A estas alturas de la vida.

En fin, la cosa es que me he pasado quince días dentro del agua con mis sobrinas, mi hija y los amiguitos de todas ellas. Cuando no era en la "pisci" era en la playa. Y, claro: el pelo verde.

El año pasado anduve yo más avispada y me echaba potingues variados a cada rato para que ni el sol, ni el salitre, ni el cloro, ni la madre que los parió a todos, me dejaran el pelo destrozado. Sin embargo, este verano, no sé, quizá porque me veo más suelta con mi vida, o porque estoy más despistada o probablemente, incluso, debido a que hay cosas que me dan igual, o a lo mejor es porque con tanta niña a mi alrededor y tantos cachivaches que tengo que meter en la bolsa de la playa ni siquiera me he acordado, o porque se me ha olvidado (¿es lo mismo?), ¡qué sé yo! ... ni lo pensé.


Total, que llega mi cuñada y acaricia el pelo de su hija Claudia y le dice con sonrisa: "mi pequeña marcianita, con el pelo verde". Y yo, esa noche, ante el espejo, me miro con detalle y digo


YO TAMBIÉN.

Horror.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Hermanas


Mi hermana dice que admira la capacidad que tengo para abstraerme de según qué cosas y no dejarme llevar por pensamientos negativos. Mi hermana, de hecho, me pregunta si alguna vez pienso en negativo. ¡Qué graciosa!

Lo que le ocurre a mi hermana es que está en mitad de una crisis, la misma que sufrimos las mujeres cada cierto tiempo y que se llama: cómo puedo encontrar el equilibrio entre mi vida familiar y mi vida profesional. Ya sabes, eso que ahora los modernetes llaman "conciliación de la vida laboral", ¿o es de la familiar? Da igual el nombre, el caso es que andamos todas como malabaristas en una cuerda floja...

En estas reflexiones andamos cuando aparece mi cuñado quien, cual flautista de Amelín con Playstation en lugar de flauta, consigue llevarse a los niños un poco más allá de donde estamos las mamás e hipnotizarlos un ratillo. De repente, se hace el silencio. Glorioso -y sólo si eres madre sabes a qué me refiero.


Mi hermana me dice que recuerda el día que pasamos juntas en el hospital a la espera de mi legrado con absoluta admiración por cómo supe quitarle importancia y no agobiarme. Yo le digo a mi hermana que soy yo quien la admira a ella por haber transformado, con su compañía, un infame episodio en un recuerdo magníficamente feliz. Mi esposo estaba ingresado en otro hospital con diverticulitis y, ese mismo día, yo había perdido el bebé que esperaba. Sólo había dos opciones: llorar o reir.

martes, 31 de julio de 2007

Ahora sí que estoy perpleja

Acabo de entrar en SecondLife por primera vez. Me encuentro, de repente, en un sitio en el que todos debemos ser igual de pardillos. Se llama "New Comer Building Area" y me da la impresión de que aquí es donde debo crear mi apariencia.

El resto de personas (¿avatares?) tienen la misma pinta gris que yo (literalmente) y todos llevamos sobre la cabeza un cartelito con el nombre.

La cosa tiene una pinta así como sobrenatural o psicodélica que flipas.

Bueno, chavales, ya vuelvo por aquí a contaros más cosas. Ahora me tengo que ir a la pisci con mi peque. No en SecondLife sino en la vida de verdad.

lunes, 30 de julio de 2007

Naranja y negro


He de confesarte, amable lector, que el chiringuito que han puesto los de Veuve Cliquot en el sitio este donde de vez en cuando hago la compra me tiene a-b-s-o-l-u-t-a-m-e-n-t-e fascinada. En realidad no sé si es por la combinación de colores, por la cantidad de chorraditas inservibles que exponen -al fin y al cabo lo importante es el propio champagne- o el hecho de que el stand esté siempre vacío. A ver, sí, es cierto, no siempre es así, no faltemos a la verdad porque alguna que otra vez aparece, como salido de la nada, un tipo de negro que recoloca las cosas en la estantería con pulcritud milimétrica; o incluso, mira tú ahora que lo pienso, le acompaña una señorita, también de luto riguroso, que se dedica a estar sentada en la especie de barra fingida que adorna el puesto.
La cuestión -y de eso es de lo que quería hablar en realidad- es que cada vez que paso por ahí me quedo hipnotizada y me retrotraigo a aquella nochevieja mágica en la que comimos langosta en la playa: Rafa puso el marisco, nosotros las risas y, cuando la olla gigante empezaba a hervir, apareció Jaime con la botella de la viuda cliquot. El flechazo fue inmediato -con ella, digo.
Creo que fue entonces cuando empezaron a gustarme las cosas buenas, los tipos simpáticos y la combinación atrevida de colores. Si no fue entonces, qué más da, queda bien como final.
Por cierto, lector intrépido, que si te preguntas que cuánto hace de esto, la respuesta es: "el mismo tiempo que hace que me enamoré en un viaje a Bruselas".

viernes, 27 de julio de 2007

Agenda electrónica

Soy una mujer con agenda electrónica (eso que algunos modernetes llaman PDA).

Ejemplos:

1. Ejemplo A:
- Tenemos que reunirnos para concretar este asunto.
- Un segundo que saque mi agenda.

2. Ejemplo B:
- ¿Sabes dónde hemos quedado con Sergio?
- Espera que lo miro en la agenda.

3. Ejemplo C:
- ¿Cuándo tiene pediatra la niña?
- A ver que te lo digo en la agenda.

4. Ejemplo D:
- ¿Quedamos el lunes para comer?
- A ver si lo tengo libre en la agenda.

Y así hasta el infinito, siendo el infinito el teléfono de atención al cliente de Mercadona, la dirección del pintor, el calendario de vacunación infantil, la lista de los regalos que les quiero pedir a mis amigos y la de la compra (no wonder!), las fechas de entrega de todos los deberes que me ponen en el trabajo, las reuniones, las comidas y, a veces, hasta los cafés.

En eso estoy -en la agenda- cuando llego al despacho y mi compañero de mesa me dice: "oye, que te ha llamado un tal Antonio. Que le llames. Toma, aquí tienes su móvil". Y me pasa -¡no te lo vas a creer!- un papelillo usado por una cara, recortado minuciosamente con las manos, y extraído de una pseudo-libreta de fabricación casera, que paso a describir a continuación:

La libreta de Bienve

Se trata de un conjunto de papeles reciclados de usos anteriores -quizá más ¿importantes? pero, desde luego, no más divertidos- que, como digo, han sido manualmente recortados con cuidado -de ahí su irregular tamaño- y unidos amorosamente por la manos de Bienve y sujetos con una pinza negra de metal -de esas que hace siglos que yo no veía- de manera que forman una suerte de ¿libretilla?

[Vamos, que se parece como una gota de agua a lo que usa mi carnicero para apuntar el pedido y luego darme la cuenta].

Mi compañero usa este invento para dejar notas y recados y, no contento con el reciclaje ya mencionado, cuando la anotación no excede el par de líneas ¡zaca! recorta por abajo el papel y entrega al destinatatio un subsiguiente reciclado de lo ya reciclado, esto es, un papelitillo.

"Pero Bienve de mi vida, ¿qué me das?" -le pregunto cuando me alcanza el recado con el móvil del tal Antonio.

Nos miramos reflexivamente sorprendidos (yo de él y él de mí) y soltamos la carcajada del siglo.

¡Conseguido! Nos vemos en SecondLife

"[...] En cuanto al parte enviado sobre la instalación de second live.
Descárgate el software y cuando lo tengas nos avisas para quedar e instalarlo[...]".

jueves, 26 de julio de 2007

Galatea Capalini


Mi nombre en Second Life.

Anoche Andrés me estuvo contando las cosas que están haciendo en una isla que han comprado, así que no tuve más remedio que pedirle que me ayudara a crear un ¿avatar? (¿quién se inventa estos nombres?).

Lo del nombre, pues lo elegimos entre Ana, él y yo.

No creo que haga nada más que darme un paseo pero es que me muero de curiosidad por ver las chorradicas que se inventa la gente.

En cuanto a la isla de Andrés y su gente, igual me da ideas que luego puedo "vender" a mi jefe.

;-)
Aviso a navegantes: la de la imagen de arriba no es Galatea Capalini. De momento, sólo me he creado la cuenta. Estoy a la espera de tener autorización del administrador de mi ordenador para instalar el programa... ¿Tú crees que me la darán?

miércoles, 25 de julio de 2007

De nuevo mis piernas


Alguna vez conté en otro blog que hice desaparecer -"a lo hecho, pecho"- un par de historias sobre mis piernas.

Letimotiv.
Había una de Luis diciéndome que tengo las piernas más largas de la universidad y otra que contenía una reflexión propia sobre todas las cosas que pudieran haber provocado ellas, de haberlo sabido a tiempo su dueña.

Así que, andando con mis piernas de camino a recoger a mi hija, ¡plinc, encuentro mágico!, me tropiezo con David, que sólo hace treinta días acaba de dejar de ser alumno mío -ay, que ahora me acuerdo de que también tenía un post sobre este chico en el blog que clausuré...- y, ni corto ni perezoso, me coge de la cintura (uhm) con soltura, me sonríe y me dice: "las piernas más largas de la universidad. Cuatro años embobado mirándolas".

Bueno, y ahora qué quieres que te diga sobre mi autoestima de mujer madura.

Llevo toda la tarde con la sonrisa pegada a la boca.