jueves, 4 de octubre de 2007

Pescado hervido (y 2)


Así las cosas, me doy cuenta -mientras baño a mi hija- de que no hay nada que me impida a mí misma cambiar el pescado hervido por un buen solomillo (if yoy know what I mean). Así que, ni corta ni perezosa, le encargo a mi hija que no se mueva de la bañera -para lo cual le suelto en el agua a sus tres barbies, incluida la magnífica Genevieve, y mira que me resultan redichas en su apariencia esta muñequitas- y me voy directa al baño conyugal donde mi ínclito esposo disfruta de su bien merecida ducha de aguar hirviendo después de una agotadora jornada masculina

cariño, ¿no te parece que nuestra vida sexual es aburrida?

¿Eh, qué dices? que no te oigo con el ruido del agua

Nice try -me digo a mí misma. Lo que pasa es que no me da tiempo a desarrollar el tema por miedo a que mi hija se descalabre en un intento de salir ella sola de la bañera, una vez liquidadas las barbies; y tampoco quiero chillar a los cuatro vientos mi infortunio, teniendo en cuenta que las paredes de nuestra casa son indiscretas y que, lo mismo que yo oigo el reloj de cuco de mi vecina cuando da las horas (el reloj), supongo que ella me oirá si grito a los cuatro vientos

¿no te parece que mi vida sexual es aburrida?

Decido entonces aplazar el ataque para después de la cena, ya con la niña acostada. Eso quiere decir que me obligo a no ir acumulando tareas mentalmente en preparación del día siguiente: no queda fruta, ya veremos; el baby de Lucía está sucio, da igual; si no congelo el pan esta noche se pondrá duro, qué mas da; tengo que contestar a la notita de la profe, otro día....
Eso y un Jack Daniels con hielo, contribuyen, entre risas, a invertir, por un rato, la tendencia de los últimos tiempos.

Aviso a navegantes: las parejas eternas no existen por que sí, hay que construirlas y, te juro por arturo, que hay días que el trabajo es arduo.

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