Lucía tiene cuatro años y sigue usando chupete. En su momento no pude, no quise y no supe quitárselo porque me conmovía ver el placer que le causa. Imposible quitárselo.
Total, me dije, un día dejará de usarlo porque sí. Y ese día ha llegado.
Hoy.
No es que lo haya dejado. Símplemente lo que ha ocurrido es que se le ha roto y, la pobre, cuando lo ha visto se ha echado a llorar: ¡mami, mami, que se ha rotoooo!
Mi niña, cómo llora. He tenido que inventarme una pequeña historia de cómo a mí, a su papá, a su prima, a todos los niños del mundo se les rompen un día los chupetes y entonces buscan otra cosa para sustituirlo: yo me hago ricitos en el pelo, su prima se toca la oreja, su papi acaricia la almohada...
Ha sonreído y me ha dicho que ella también tenía una idea. Pero se ha dormido llorando.
martes, 11 de septiembre de 2007
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