
Le dije a Sergio que había perdido la fe en él.
En realidad, lo que ocurrió fue que estaba tan absolutamente enfadada con el mundo, y conmigo mismo la primera, que tenía que buscar una salida, un poco de aire. Y pensé que robándoselo a él, lo recuperaría yo.
En realidad, lo que ocurrió fue que estaba tan absolutamente enfadada con el mundo, y conmigo mismo la primera, que tenía que buscar una salida, un poco de aire. Y pensé que robándoselo a él, lo recuperaría yo.
Rafa dice que soy como una especie de ventana al campo (él no lo dice así, sus palabras son otras), que tengo la suerte de vivir en conexión permanente con la naturaleza y que eso me salva de la maldad del mundo (no son estas sus palabras, pero así las entiendo yo), y a él también, a veces, cuando habla conmigo
"Dame una salida", como en Matrix -le digo.
Y él se ríe.
Lo que ocurrió entonces fue que, de repente, en la última semana, sentí como si se me hubieran cerrado todas las puertas de mi vida y, entonces, sólo podía concentrarme en mis uñas, destrozadas por los nervios, y en hacer la cena para mi hija como un autómata y hablar con mis amigas del parque sobre las trivialidades de las croquetas de pollo. Pensé en saltar por una ventana, pero no había ventanas en mi vida entonces.
Y así, me senté frente a Sergio -"he perdido la fe en ti"- y en la conversación que siguió fui recuperando el aire, pausadamente.
Mi madre está preocupada por mí. Mi padre dice que no, que me conoce y sabe con qué rapidez puedo recuperarme de las cosas.
Me quedo con la segunda opción.
¿Y la fe, dices? No te preocupes, volverá. Porque me gusta pensar que Rafa tiene razón.




