lunes, 26 de noviembre de 2007

03.15

Así las cosas, querido, lo mejor es dar salida a las cosas que me rondan y terminar cuanto antes con este "centrifugado" mental. Cuando acabe, me acostaré de nuevo.

Primero: el viernes comí con Pablo. ¿O era Marcos como convení en llamarle? En realidad da igual, ya sabes, porque cada vez que le veo, consigue hacerse más minúsculo en mi vida. Sé que esto que digo es una crueldad pero ¿por qué debo mentirme a mí misma?

La cuestión es que estar con Pablo -¿o era Marcos?- me incomoda progresivamente porque tengo la impresión de que me necesita para escenificar su vida. Él dice que conmigo se siente un hombre objeto y, a lo mejor, tiene razón pero ¿qué más da? Nunca le dije que me iba a enamorar de él, y eso que en peligro estuve, y desde siempre estaba claro que todo era sexo y en eso estuvimos siempre de acuerdo.

Claro que, cuando el sexo acabó él quiso que viniera la amistad pero, ya ves, yo no termino de verlo. Algo hizo un día, creo que fue su manera de coger la taza para tomar café después de una comida, que me incomodó. Era una especie de autosuficiencia por la situación, algo así como la satisfacción por la "presa vencida" que me dejó estupefacta y me llevó a pensar que la relación no iba a durar mucho.

Desde entonces, él aparece y desaparece, pero yo no quiero estar. Me aburre su compañía porque me lo sé de memoria. A Pablo, ¿o era Marco?

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