miércoles, 17 de octubre de 2007

Pijamas de señora


Pues sí, señoras y señores, necesito un pijama.

Ya sé que mis más fervientes admiradores -sobre todo aquellos que me ven ahora convertida en una "estrella mediática" gracias a mis últimas apariciones en la prensa- preferirían que les dijera que duermo desnuda en sábanas de seda. Pero no, no es así. A mí me gusta dormir con pijama, calcetines y tapada hasta las orejas, en una especie de mini-cueva.

Así pues, como digo, necesito un pijama porque una cosa es dormir calentita y otra muy diferente llevar varias temporadas con las mismas prendas nocturas. (Ay, no se me vayan, mis lectores favoritos, que ustedes saben bien cuánto juego doy a pesar de estas confidencias íntimas). Con lo cual, esta tarde, aprovechando que mi jefe está enfermo y ha cancelado una reunión vespertina para la que ya había organizado yo quién iba a recoger a mi hija, me he acercado al centro comercial de turno en busca de la preciada prenda.

"¿Los pijamas de señora, por favor?" -me he sorprendido preguntando a la amable señorita.
"Al fondo a la izquierda" -me responde.

Vayamos por partes:
  • que "cualifico" (perdón por el calco de qualify pero me encanta) como señora está claro. No nos engañemos, que a partir de los cuarenta, las mujeres como yo estamos ya en esa sección de los catálogos
  • que eso no quiere decir que a las mujeres como yo nos gusten las puntillas, blondas y apliques de flores en bolsillos, cuellos y puños de pijamas y prendas varias está claro ¡coño! (if you know what I mean)
  • que, a pesar de lo dicho anteriormente, los del ramo de la confección se creen que somo idiotas y nos colocan en los percheros y muestrarios una serie de pijamas que ya les vale, es evidente

En fin, amados míos, que según parece, si quiero dormir como a mí me gusta el pijama que se me asigna es algo así como un floripondio con apliques de Winnie the Pooh adornado con puntillas a troche y moche en versión, eso sí, pantalón-cum-chaquetilla-volantes-en-el-cuello-y-puños o, no te lo pierdas, camisón hasta los tobillos tipo madre de la casa de la pradera.

Eso sí, está, ¡cómo no!, la versión pijama Calvin Klein que por los dos ojos de la cara te permite hacerle publicidad a tu partenaire en la cama: una especie de calvinklein, calvinklein, calvinklein, calvinkein.

En estas reflexiones me hallo cuando me suena el móvil y es este, y el otro, y el de más allá con cosas del trabajo, y mi amiga que está embarazada y no se aguanta a sí misma, y la señorita que me sigue enseñando pijamas, y la hora que se me acaba...

¿Adivinas? O

Obviamente, encontré lo que buscaba. Soy lista (y mala, ¿recuerdas?).

No hay comentarios: