viernes, 31 de octubre de 2008

Perfil laboral


Trabajo con un ser mezquino. Un nuevo perfil laboral con el que hasta ahora no había tenido la suerte de toparme. Estuve un mes analizando su comportamiento y conformando una imagen final de sus peculiaridades.

Os iré contando de vez en cuando mi sorpresa según vaya descubriendo hasta dónde puede llegar la miseria humana.

viernes, 19 de septiembre de 2008

La visita

Hay abrazos curativos. Y el que le pedí a Rafa el otro día lo era.

¿Me curó? Vaya que si lo hizo.

Después, cuando ya se había marchado, me acordé de que todavía me debe un beso...

Bolitas

Me dijo Cayetana que la psicóloga le había dicho que como no saliera ella sola del agujero, nadie la iba a poder sacar.

Así que me soné los mocos -llevo tres semanas acatarrada- apuré el vaso de vino y me prometí a mí misma que el lunes estaba lista.

Mi jefe pinta cosas y yo las miro con el más íntimo deseo de que no se me nota la incredulidad.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Emociones sociales


Haz la cuenta, si llevo trabajando en el mismo sitio doce años y he tenido seis jefes, contando además con el nuevo que vamos a conocer hoy, ¿cuál es la media de jefe al año? ¡Exacto! Y ¿no te parece una barbaridad tener que soportar tantos cambios?

Voy a la reunión de hoy, a que nos lo presenten, con menos ganas que si fuera a la boda del familiar más pesado que tengo. Porque te aseguro que tener que volver a demostrar que lo que haces sirve para algo es muy cansino, lo mismo que volver a escuchar por enésima vez el súper plan estratégico que nos sacará a todos de la miseria, lo mismo que reinventarse de nuevo para que tu jefe vea que eres una tía válida.

Yo qué sé. Lo que pasa es que no tengo las narices suficientes para largarme a otra parte, lo mismo que no las tengo para largarme de mi matrimonio.
Estoy muy triste.

Pastillas


Antes, cuando mi vida se me hacía insoportable, pensaba en Rafa como en un príncipe azul que me rescataba de las miserias.

Ahora, simplemente me tomo un Lexatín.

miércoles, 20 de agosto de 2008

El rastro del lector


Nos dijeron que en los libros no se escribía y, desde entonces, si alguna vez he tenido que subrayar un libro para recordar algún párrafo o cita por alguna razón (estudio, reflexión, ocurrencia) siempre me detengo unos segundos antes de hacerlo para meditar si de verdad es necesaria la operación, para determinar si la ruptura de esa vieja orden está justificada realmente.

A lo largo de las vacaciones de este verano ya he acribillado un libro que me traigo entre manos y, como ha viajado conmigo a todos los sitios donde he estado y en todos los transportes que he usado, al final el pobre tiene subrayados de todos los colores y calidades de tinta, lápiz y rotulador. Sin embargo, no es de este libro del que quiero hablar sino de la casualidad de ver el rastro de un lector que creo conocer en el ejemplar que tomé prestado ayer de la biblioteca de la universidad.

Por las cosas de la vida, me veo en el lío de tener que escribir por invitación un artículo en una revista universitaria sobre un tema del que sé más bien poco. Así que por ver si consigo ponerme al día ando desde hace dos semanas leyendo como una loca todo lo que cae en mi mano sobre el asunto en cuestión. Y así, de balda en balda y de signatura en signatura, me tropiezo con un título de Bauman que suena bien, Confianza y temor en la ciudad, poco que ver con mi tema pero casualmente instalado junto al libro que andaba buscando. Así que me llevo uno y otro y al hojear el primero veo cuatro esquinas de otras tantas de sus páginas dobladas y en ellas algunas frases subrayadas tímidamente en ¡bolígrafo!
[...] las ciudades son lugares repletos de desconocidos que conviven en estrecha proximidad
[...] La disolución de la solidaridad señaló el fin de la lucha contra el miedo adoptada por la modernidad sólida
"A ver, a ver" -me digo a mí misma- "que esta manera de querer a un libro me suena. Estas esquinas cuidadosamente dobladas, simétricas, esta fina línea de bolígrafo que sabe que esto no se hace, no sé" -continúo- "me parece que me resulta muy familiar". Y, entonces, inmediatamente me viene el recuerdo de ¿Pablo o era Marcos? porque estoy segura de que él ha estado antes ahí, en las páginas 13, 17, 21 y 26.
¿Me equivoco?

Un mensaje que me incomoda



Acabo de recibir un mensaje de Juanjo, el novio que tuve hace siglos y que dejé plantado -¿para qué os voy a engañar?- cuando conocí a Antonio. Me escribe Juanjo para decirme que ha encontrado una foto mía en Internet al teclear mi nombre y apellidos completos en Google y me recomienda que la quite: "Debes hacer algo para que desaparezca esta foto tuya de internet".

Me incomoda este mensaje y que me escriba después de los siglos y que me haya buscado en la Red y yo qué sé. ¿No tiene ya su vida completa como para entretenerse en buscarme? Sí, sí, toda mi vida profesional es transparente a través de la web ¿y qué? ni soy la única ni creo que eso sea un inconveniente en los tiempos en que vivimos.
¡Ay, que fatiguita!

lunes, 4 de agosto de 2008

Gran macho ibérico



Él se encargaba de una parte de la cena ¡señores!: "tataki de atún". Gran expectación ya que coompetía con las dos bandejas de gambas perfectamente dispuestas en círculo que había preparado Juan.

El hombre parecía decir "dejadme solo", entre ajos, batidora y variados utensilios. En realidad, por los acontecimientos que siguieron, lo que el hombre quería era estar rodeado de la admiración de los de su especie. ¡Ay, pero qué coñazo los hombres así!

Total, que me senté con una de las invitadas a que me regalase el oído diciéndome lo mucho que recordaba mis palabras y consejos de cuando yo cumplí los cuarenta ahora que ella llegaba a esa edad. ¡Je! Lo más gracioso de todo es que me planteaba una y otra vez que esto de haber "catado" a un sólo hombre, esto es, con el que se casó, pues como que no..... En fin, a esta pregunta no le podía responder ¿te imaginas?

Como el hombre del tataki de atún ya tardaba en salir de la cocina con su exquistio manjar, mi amiga y yo cada vez nos reíamos más y agotábamos las copas más rápidamente. Hasta que, por fin,

apareció

Él y su bandeja.

Y los estúpidos comentarios machistas con que nos aderezó la cena. Los que más me dolieron fueron los que dirigió a su esposa cuando ella salío un momento de la habitación.

Te lo juro: a un tipo así habría que caparlo tres veces seguidas, a ver si con voz de eunuco sus estupideces sonaban igual. El colmo de los colmos fue cuando al día siguiente me enteré de que es el director financiero de una empresa importante (sí, sí, de las que salen en las páginas salmón). ¿Entiendes ahora, nena, por qué hay tantas gilipolleces de tus jefes que no entiendes y que nunca llegarás a entender? Por lo menos hasta que no te sirvan ellos mismos un tataki de atún.

jueves, 24 de julio de 2008

Dos meses (casi)

El día 2 de junio empezó la obra de reforma de mi cocina. Hoy, por fin, acaban de terminarla con el montaje del fregadero y el grifo.

Obviamente, el fontanero que ha venido no tiene nada que ver con los tipos que empezaron la obra. ¿Qué ha pasado en todo este tiempo?

Je, je.

jueves, 17 de julio de 2008

Vacaciones


Como estoy de vacaciones, parece que me ha dado por poner en claro las ideas, oye, y así estoy, que entre la playa, la siesta y el irme de rebajas, pues como que empiezo a preguntarme a mí misma cómo es que me dio por liarme con los tipos con los que me lié en estos últimos años. Vamos, que tampoco han sido tantos como te puedas pensar. ¿Número? -preguntas. Ni de coña te lo voy a decir, que luego haces cuentas y me pones colorada.


La cosa es que ahora que parece que el sexo me interesa nada y menos, creo que la clave de todo estuvo en que empezaba a cumplir los cuarenta cuando se me pasó por la cabeza que podía convertir en realidad las ideas locas que me rondaban. ¡Exacto! Mi particular crisis de los cuarenta, sí, pero que conste que yo lo he dicho antes. Así que me monté mi película, me aseguré de que me inventaba algo creíble que me eximiera de culpa y me lancé a la aventura.

Y ahora tengo 42 años, el sexo me interesa poco y soy igual de feliz. ¿Se puede ser más simple?

sábado, 12 de julio de 2008

Otto,disculpa



Descubro que Pepe se ha divorciado.

Me lo dice él mismo, "me divorcié", así como el que se pide un refresco en un bar por la tarde. No me dice cuándo pero tampoco se lo pregunto porque hay algo en esa afirmación que me incomoda. No sé, quizá sea que Pepe para mí representaba el icono de las cosas bien hechas

- ¿pero qué dices? ¿a estas alturas de la película me vienes con que un divorcio no es una cosa bien hecha?
- y yo qué sé... sólo digo que como me incomoda lo que dice intento buscarme una explicación

En realidad no sé la historia de su divorcio pero como tampoco se la pregunto, Pepe sigue contándome que ahora vive en la que fue la casa de sus padres en la que se ha construido una especie de loft, dice.

Los hombres que conozco que se han divorciado acaban todos viviendo en una "especie de loft" y te lo cuenta como si fuera la máxima conquista en su vida. Eso, y todas las cosas que hacen con su recién conquistada libertad. ¿Será ese el punto de inflexión en la vida de un hombre? ¿conseguir ese habitáculo de diseño, símbolo de la libertad obstaculizada siempre durante años por una esposa, unos niños, una familia?

Y sí, soy injusta en lo que digo.

viernes, 4 de julio de 2008

Soy más inteligente que yo misma...


... ¡y qué placer cuando pasan cosas como la de ahora mismisto!

A ver, que esto es una cosa del curro y tampoco quiero aburrirte, así que te lo cuento tal cual me salga y si lo entiendes bien. Si no, confía en mí y quédate con la esencia de la satisfacción que siento.
Me levanto con un correo estúpido de una persona del trabajo que, obviamente, escribe estupideces a horas nada prudentes. Cuando lo leo, me enfado y así como que me pongo a contestar con toda celeridad pero, mira por dónde, tengo un momento de lucidez en el que decido que es mejor esperar y usar un rato de tiempo en pegar las etiquetas a unos sobres que tengo pendientes.

Pinc: etiqueta.
Pinc: etiqueta.
Pinc: etiqueta.

....

En eso va la bandeja del Outlook y se despacha con un mensaje del súper-jefe dándole a la persona del correo estúpido la colleja que yo tenía pendiente. ¡10 puntos para ti, Judith! -me digo a mí misma.

Nunca pegar etiquetas en unos sobre fue una actividad tan rentable.

sábado, 7 de junio de 2008

Estilo libre


A ver cómo te lo cuento.

¿Qué tienen en común una bebé de dos meses, la reforma de una cocina y un baño, cuatro niños, una apendicitis, una triple fiesta de cuarenta cumpleaños con James Bond como tema central y un funeral?

TIC, TAC, TIC, TAC, TIC, TAC......

¡Tiempo!

Yo, yo, misma soy la que tienen en común todas estas circunstancias.

Allá va la historia de hoy.

Ya sabes que estoy en casa de mi hermano mientras termina la reforma de mi cocina y baño, pero lo que no sabes es que esta noche estaba invitada a la superfiesta de cumpleaños de tres amigos, a la que nos habían invitado con el lema James Bond.

Pues bien, la mañana ha empezado muy temprano, con mi cuñada alarmada porque mi hermano se encontraba fatal. Te ahorro los detalles: apendicitis. Y ha continuado con una llamada desde Córdoba para decirnos que una tía de mi marido había fallecido y que el funeral es mañana domingo.

A partir de ese momento, los acontecimientos se han precipitado y la casa se ha llenado de niños. Súmalos y verás: la mía, las dos de mi hermano -una de ella de dos meses que llora CONSTANTEMENTE- y otros dos de mi hermana, quien cual Hermana San Sulpicio se ha precipitado al hospital donde estaba ingresado mi hermano para no moverse de su lado en todo el día (fíjate la hora que es y aún estoy aquí aguantando mocos...).

Así la cosas, mi marido se ha marchado al funeral de su tía, mi cuñada y mi hermana están en el hospital con mi hermano, mis padres están aquí ayudando a entretener a los niños y yo ando de un lado a otro dando biberones, separando niños peleados, preparando desayunos, comidas y cenas, limpiando culetes.. ¡ay!

¡Menos mal que tengo este blog para desahogarme!

martes, 3 de junio de 2008

Especie de mudanza


Me reiría si no fuera porque en el fondo de todo me queda una pena profunda de la gran separación emocional que empieza a crecer entre mi esposo y yo.

La cuestión es que acabamos de empezar las obras de reforma de nuestra cocina y nos hemos mudado a casa de mi hermano, a unos 50 minutos de viaje en coche de nuestra casa y del cole de mi hija, y a una media hora de mi trabajo... Cuento todo esto porque seguro que acaba volviendo a salir en algún post de las próximas semanas. Pues bien, mi marido se dejó ayer olvidada su maleta en la oficina y esta mañana, el móvil en mi coche.

Mientras tanto, yo me encargué impecablemente, de trasladar hasta nuestro "alojamiento provisional" la siguiente lista de cosas:
  • la cuna de viaje de mi hija y su correspondiente colchón
  • las sábanas, mantas y edredón para nuestras camas así como las toallas para todos nosotros
  • mi maleta y la de mi hija, sin olvidar su uniforme, el bañador y el gorro para sus clases de natación y la mochila de Pocoyó en la que lleva sus cosas al cole
  • toda la comida que he sacado de la nevera y que me llevo para que no se estropee
  • el muñeco-bebé de mi hija
  • mi secador de pelo para no tener que molestar a mi cuñada por las mañanas (acaba de tener un bebé y no es cuestión de tener que despertarla temprano)
  • una bolsa con todos mis zapatos (¿exagerada? no, harta de empaquetar cosas y pensar qué necesitaré. Simplemente lo metes todo en la maleta y ya
  • otra bolsa con todos los zapatos de mi hija: los de por si llueve, los de por si hace calor, las deportivas, las de estar por casa, los del cole...
  • ...

Y mi marido se deja atrá su maleta...

Podría reirme, como ya he dicho.

lunes, 2 de junio de 2008

De Luises está el mundo lleno (y de Pablos también)

Como estoy falta de cariño hoy he soñado con Luis -¡Alto, no dispares, que no es el LUIS que tú crees!- un sueño como de domingo por la mañana despertándonos juntos en la cama, abrazados como en las pelis y rodeados de dos niñas felices, la suya y la mía, que nos besaban ¡papá, mamá!

Me da la risa loca de pensar que he soñado con la persona que menos hubiera imaginado pero, en fin, ya te digo que debe haber sido por lo de la necesidad de ternura que siento últimamente.

Y en cuanto a Pablo, hoy he ido a comer fuera del trabajo y ¡zas! ahí estaba él, primero en la terraza del restaurante y luego dentro porque hacía frío. Comía con otros hombres y he pensado en acercarme a saludarle y tal pero, mira, me ha dado pereza y como de todos modos lo veo pronto pues nada, he seguido con mis cosas.

Sigo siendo mala.

martes, 6 de mayo de 2008

Abre y cierra



Como no puedo cambiar nada de mi vida actual, he optado por ir a cortarme el pelo. La peluquería es la misma pero le han cambiado la decoración -y también el nombre, el dueño y los empleados. La vida misma, vamos, todo ha cambiado pero todo es lo mismo.

Mientras me lavaban el pelo, así con la cabeza descolgada hacia atrás, miraba embobada las rejillas del aire acondicionado que parecían decirme, mientras se abrían y cerraban al compás del aire fresco

"Niña, no llores, que a nosotras también nos grita la gente y, mira, seguimos tan felices, ¿ves? abre y cierra, abre y cierra, abre y cierra....

lunes, 5 de mayo de 2008

Reducción al absurdo

Estoy harta de mi marido y estoy harta de mi trabajo pero no puedo escaparme de uno ni de otro. Por diferentes razones pero así de simple.
Simple.

jueves, 1 de mayo de 2008

No me chilles

Preguntas sin respuesta:

  • ¿En qué piensa un jefe cuando te chilla? ¿En que así tiene más razón?

  • ¿Cree un jefe que por chillarte consigue algo bueno de ti?

  • ¿Tan poco dominio de sí mismo tiene el jefe para desahogar su cabreo con gritos?

En fin, en la época en la que entramos, me parece que me va a tocar aguantar más de una sesión de gritos. En casa ya los tengo de vez en cuando, lo que no esperaba es que en el trabajo también.

Confieso que, hasta ahora, mi despacho era una especie de refugio de las tormentas caseras en determinadas ocasiones, un sitio donde conseguía recomponer mi autoestima entre libros y papeles.

Ay, estos señores que chillan, ¿por qué no se lo piensan dos veces antes de ventilar así sus cabreos?

viernes, 25 de abril de 2008

Besos, besos



Ayer te hubiera comido a besos. ¿La primavera? Quizá. O a lo mejor fue lo que me contaste de cómo te gusta la ciudad, no sé, o las cosas de tus alumnos, o lo que dijiste sobre los filósofos.

lunes, 21 de abril de 2008

Algunas veces

He comido con Sergio y le he dicho todo lo que pensaba. Creo que el pobre se ha quedado hundido porque no esperaba verme tan seria. Le he mostrado una de mis caras más desagradables porque ya empiezo a estar harta de que no me tomen en serio.

Es probable que no le queden muchas ganas de volver a verme pero ¿qué le vamos a hacer? Acepto el riesgo de que así sea.

Algunas veces me enfado.

Claro que, por otra parte, reconozco que hay algo en él que me atrae -como un precipicio- y hasta he tenido sueños inconfesables con él. Se me pasará, seguro, y entonces, como él dice, buscaré otra víctima.

¿Me vas a juzgar por eso? Ja.

lunes, 14 de abril de 2008

No me llames

A Judith y a mí nos pasa lo mismo, y yo creo que por eso nos caemos tan bien: cuanto más nos quieren tener cerca, más lejos nos vamos, hasta el punto de que la amistad puede llegar a agobiarnos y, entonces, desaparecemos.

Ya lo dije otra vez: a mí lo que me gusta es hacer amigos y mantenerlos me cuesta más.

¡Egocéntrica!

martes, 8 de abril de 2008

Judith y Otto construyen su universo de casualidades

Recibo una llamada de Otto que a mí me suena muy dulce. Después de tantos días corriendo es muy agradable volver a encontrarme con el amigo, con su voz. Por fin le escucho contento, feliz por fin donde quiere estar. Y lo más importante, o así por lo menos a mí me parece, solo ante su futuro por construir.

El viernes pasado, por la tarde, escuchaba el programa de música clásica de Radio 1 y, casualmente, hablaban de cómo Argenta había llevado al éxito a la Orquesta Nacional allá por los años cuarenta. El locutor se refería concretamente al episodio del apagón en el Albéniz durante la representación de Aida y contaba cómo el ilustre director había sabido llevar hasta el final a sus músicos, dirigiendo con los ojos cerrados mientras ellos leían sus partituras en la penumbra de unas velas improvisadas.


Me emocioné. Era de nuevo una de las casualidades que siempre rodean a Otto y Judith: él acababa de usar esta metáfora un par de horas antes y si entonces me había podido escapar de las lágrimas, ahora ya no pude.

miércoles, 2 de abril de 2008

Un gran día

Mi hija hoy ha cumplido cinco años.

En lugar de pasar la tarde con ella, he pasado el día entero intentando dar satisfacción a los egos insaciables de personas sin escrúpulos, individuos que no dudan en echar por tierra con una palabra, incluso con un gesto, el pequeño castillo de naipes del agotador esfuerzo personal.

Seguiremos trabajando y seguiremos pasando los cumpleaños de nuestros hijos a otro día y nuestros jefes seguirán pensando que somos transparentes, a excepción de la pequeña mancha que encontrarán en mitad de nuestra tarea y sobre la que construirán una excusa para justificar su falta de autoestima.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Sergio



Le dije a Sergio que había perdido la fe en él.

En realidad, lo que ocurrió fue que estaba tan absolutamente enfadada con el mundo, y conmigo mismo la primera, que tenía que buscar una salida, un poco de aire. Y pensé que robándoselo a él, lo recuperaría yo.

Rafa dice que soy como una especie de ventana al campo (él no lo dice así, sus palabras son otras), que tengo la suerte de vivir en conexión permanente con la naturaleza y que eso me salva de la maldad del mundo (no son estas sus palabras, pero así las entiendo yo), y a él también, a veces, cuando habla conmigo

"Dame una salida", como en Matrix -le digo.

Y él se ríe.

Lo que ocurrió entonces fue que, de repente, en la última semana, sentí como si se me hubieran cerrado todas las puertas de mi vida y, entonces, sólo podía concentrarme en mis uñas, destrozadas por los nervios, y en hacer la cena para mi hija como un autómata y hablar con mis amigas del parque sobre las trivialidades de las croquetas de pollo. Pensé en saltar por una ventana, pero no había ventanas en mi vida entonces.

Y así, me senté frente a Sergio -"he perdido la fe en ti"- y en la conversación que siguió fui recuperando el aire, pausadamente.

Mi madre está preocupada por mí. Mi padre dice que no, que me conoce y sabe con qué rapidez puedo recuperarme de las cosas.

Me quedo con la segunda opción.

¿Y la fe, dices? No te preocupes, volverá. Porque me gusta pensar que Rafa tiene razón.

sábado, 15 de marzo de 2008

Más palabras amables

"Te he ido a ver y no estabas...

¿Qué hay de nuevo?, ¿los pellizcos son ciertos o parabólicos? ¿dónde estás, quién eres, a quién obedeces?

Ufff..."

[Más palabras amables en tiempos turbulentos]

jueves, 13 de marzo de 2008

Palabras bonitas

"Querida Judith, tu gestión está siendo brillante. Gracias. "

Un breve mensaje que recibo en tiempos turbulentos.

martes, 11 de marzo de 2008

Así estoy yo

¿Alguna vez te has pillado un dedo al cerrar una ventana corredera? ¿Recuerdas? Es un dolor hondo, profundo y quizá más, por inesperado.

Hace sol, cantan los pájaros y bla, bla, bla, y tú vas a cerrar la ventana, despistado y cuando crees que ya has cerrado, miras a otro lado y ¡zas! te pillas el dedo. Te duele y, aunque crees que si te lo sujetas te va a dejar de doler, cada vez te duele más y más, hasta que por fin te das por vencida y te sientas a llorar en un rincón.

Es un dolor que tarda mucho en pasarse. Y lo peor es que no terminas de comprender cómo has podido despistarte de esa manera.

Así estoy yo.

lunes, 10 de marzo de 2008

¿Te imaginas?


A lo mejor necesito gafas, ¿te imaginas?
Judith perpleja con gafas.
¿Veré la vida más perpleja que ahora?
Ostrin, esto van a ser mis 42 años.
Interesante.

miércoles, 5 de marzo de 2008

A tribute to friendship

Nunca había pensado que mi vida pudiera pensarse en escenas de películas. Anónimo, este post es tuyo. Gracias por andar cerca.

lunes, 3 de marzo de 2008

Judith está triste



Judith está triste cuando, objetivamente, no debería estarlo. Hoy es un día importante para su marido pero han pasado tantas cosas hasta llegar aquí que, cuando Judith echa la vista atrás para ver el camino recorrido, lo primero que recuerda son lágrimas y tanto esfuerzo, que la alegría se queda en un segundo plano.

Judith recuerda muchas tardes de invierno sola en el parque con su hija y muchos domingos y sábados paseando con su niña de la mano las dos. Judith escoge ahora de sus recuerdos los que más le duelen porque no quiere olvidarse de que este no ha sido un camino de rosas y sabe que tampoco ahora lo va a ser.
Judith, cuando termine de estar triste, volverá a ponerse el traje de Tarzán.

sábado, 1 de marzo de 2008

¿Escribimos como somos?





Hay gente que escribe en chándal, mientras otros se ponen el chaqué. Los hay que para escribir se visten de payaso y quienes, escrupulosamente de negro, escriben retóricas envaradas de difícil comprensión.

Esto viene a cuento porque ando estos días corrigiendo unos papeles para un libro que estamos preparando entre varios compañeros y, ¡señor dios mío!, el que no lo ha escrito en pijama ni se ha lavado las manos, por no hablar de la que no se ha quitado la bata o el que simplemente "pasaba por allí" y acertó a entregar unas líneas tal cual. Al final, todas las tildes revueltas, las sintaxis destrozadas y, unos por otros, las cursivas sin poner. Esto quiere decir que me las estoy viendo y deseando para poner un poco de orden, coherencia y cohesión en unos textos que mis queridos colegas han entregado como el tipo que tira el periódico por la mañana los domingos en mi jardín: ¡zas! uno, otro, corre que me voy.

De acuerdo, ni soy la mejor ni la más exquisita, pero no podréis decir que no soy consciente de mis limitaciones y que intento cuidar al máximo la redacción. Y sabes, porque lo he dicho aquí mil veces, que puedo llegar incluso a enamorarme perdidamente de un hombre que escriba bien, aunque sea solamente durante el tiempo que dura la lectura de su manuscrito.

Creo firmemente que escribimos como somos y a mí me gusta cuando escribes, ante todo, con pulcritud:

[1.Aseado, esmerado, bello, bien parecido.
2. adj. Delicado, esmerado en la conducta y el habla.]

miércoles, 27 de febrero de 2008

Carta de un antiguo alumno

"Querida Judith, no se si todavia conservaras la misma direccion de correo electronico porque ha pasado mucho tiempo. Espero que todo te siga yendo bien. Yo sigo aqui en Londres desde el 2000 y parace que va para largo. Manyana empiezo mi trabajo nuevo en XXX. Hace unos anyos estaba un poco atascado en mi vida profesional y me recomendaste que me fijara una meta, unos pasos a seguir para conseguirla y que centrase todos mis esfuerzos en ella. Pues bien, es el mejor consejo que me han dado nunca. Despues de ocho anyos de haber dejado la universidad he conseguido mi trabajo ideal, estoy que no me lo creo y lo he conseguido en parte gracias a ti.
Muchisimas gracias
Un abrazo
Paco"

martes, 26 de febrero de 2008

¡Por fin!


Estoy encantada conmigo misma: por fin he conseguido hacer algo que llevo queriendo hacer desde hace más que muchos meses. ¿Adivinas?

¡El menú de comidas/cenas mensuales para mi familia!

Ea, sí, ahora es cuando piensas que vaya qué simple es esta mujer que se emociona porque tiene su menucito hecho. ¡Y un pimiento, bonito! Que si piensas así es que no tienes ni idea de qué significa trabajar fuera de casa y llevar la gestión del hogar.

Ahora tengo mi menú con todas sus recetas asociadas y basta con mirar el día y escoger la receta para ser feliz como una perdiz.

sábado, 23 de febrero de 2008

Alea jacta est

Me dice mi esposo que le quite al trabajo toda carga emocional. Y tiene razón porque, de lo contrario, te pasas el día enredado en las lianas de la selva y antes de que quieras darte cuenta ni has empezado la primera tarea de la lista.

Últimamente he visitado mucho el despacho de mi jefe porque se marcha y quiero creer que hablando con él puedo quitarme de encima la incertidumbre que me persigue. Sin embargo, el efecto que obtengo es el contrario y siempre vuelvo a mi mesa más despistada que antes de verlo. En realidad, pienso que da igual porque cuando se marche tendré otro jefe y volveremos a empezar.

Así ha sido siempre y así siempre será.

Lo que pasa es que, no sé por qué, esta vez me cuesta mucho más.

viernes, 22 de febrero de 2008

Lo mejor de hoy


Lo mejor de hoy ha sido mi compañera de despacho poniendo, para deleite de todos, un CD de Edith Piaf cantando La vie en rose.

jueves, 21 de febrero de 2008

Fábulas urbanas



Creo que las únicas personas que realmente deberían estar autorizadas a hacernos creer en ilusiones son los magos y algunos otros personajes de circo. Ellos construyen apariencias de realidad ante el público que, consciente de la temporalidad de la actuación, se entrega con pasión al momento mágico.

Cuando acaba la función, todos nos vamos a casa.

El peligro asoma, sin embargo, cuando el mago actúa fuera de la carpa y atrapa a su pobre víctima despistada, quien creyendo ciertas las artes del ilusionista se encuentra con las manos vacías cuando retorna al hogar. Así ocurre entonces que tomando por persona cotidiana a quien en realidad es artista de la ilusión, el desprevenido espectador despierta de una bofetada a la realidad cuando descubre la farsa.

Ahora dime, preciado lector: ¿no es bella la dama de la foto?

miércoles, 20 de febrero de 2008

Constance

... Me repetía que si Constance hubiese deseado un amante lo hubiese elegido más viril. Pero mi abogado del diablo interior, empeñado en refutar mis argumentos, me señalaba que siempre habían existido diferencias importantes entre nosotros y que París las había agudizado, que Constance no tenía esas normas morales respecto al sexo, que siempre había mantenido que ningún esposo racional podría sentirse realmente herido por una "aventura" ocasional de su cónyuge, que la monogamia no era un estado natural excepto para los gansos de Canadá y que en un hombre la inteligencia y la compresión podían resultar más atractivas sexualmente que los músculos. Yo había dado por sentado que sus teorías eran sólo juegos intelectuales, pero ¿por qué debería estar tan seguro? ¿No era ella perfectamente capaz de tener una aventura y volver a mí, sin vergüenza alguna a retomar su matrimonio exactamente donde lo había dejado?...

La educación de Óscar Fairfax

domingo, 17 de febrero de 2008

Viernes por la noche



Miguel trabajaba 14 horas al día, todos los días de la semana. Y volaba a algún sitio del mundo 164 días al año, lo cual le sirvió para pasar directamente a la tarjeta platino de los puntos de Iberia. Hasta que un día, un amigo le dijo

"Miguel, trabajar así es de cobardes"

Y siguió, el amigo, degustando su cerveza al borde del mar en El Puerto (el de Santamaría, como les gusta a los andaluces llamarlo).

A Miguel parece que la frase le caló hondo y a su vuelta a Madrid del sol, la playa y la luz, reunió al equipo de cinco vestales que le asistían cotidianamente en su bufete y les dijo que podían marcharse. A ellas les costó comprender que su jefe ya no las necesitaba, sobre todo porque habían jurado fidelidad y dedicación absoluta hasta el día que encontrasen marido

"Es que yo trabajo sólo con lo mejor. Y las mujeres solteras son las más inteligentes y dedicadas" -y terminó Miguel de engullir el sushi que quedaba en la bandeja.

El resto de la conversación de esa noche giró en torno a él y a cómo había tomado la gran decisión de dejarlo todo y cambiar de vida. Hubo un momento en el que yo estuve a punto de dormirme, creo que fue a los postres, víctima no sólo del sopor que me producen los hombres cuando hablan interminablemente de su ombligo sino también porque llevaba varias noches de insomnio por razones que no vienen al caso.

Sin embargo, cuando Miguel nos ofreció tomar unas copas en su casa en el barrio de moda pensé que podía ser interesante estudiar en directo el hábitat natural de este especímen del egocentrismo. Y así fue: me enseñó su colección de música clásica, todas y cada una de sus novelas favoritas y, cómo no, su colección de arte. Como mi gin tonic era muy clarito, casi un refresco, me mantuve bien despierta todo el tiempo y tomé buena nota de su experiencia con la ópera en Covent Garden, de las delicias de leer poesía los miércoles y de asistir al teatro los viernes.

A la hora de las despedidas, después de que la puerta de su casa se cerrara detrás de mí, me quedé un momento en el descansillo de las escaleras pensando en cuánta ternura me inspiraba este hombre, niño con zapatos nuevos.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Si te hubiera conocido antes



Ya sabes, porque te lo he dicho varias veces, que me hubiera gustado conocerte antes.

Al principio, la primera vez que te lo confesé, lo que en realidad pensaba era que no me había dado tiempo de meterme en tu cama de verdad. Aquello que pasó, si lo piensas bien, hasta tuvo su gracia pero muchas veces, cuando me quedo mirando por la ventana me apena no haber podido dejarte un beso, despacio, en la pequeña cicatriz que tienes en la comisura de los labios. Y me acuerdo del tacto de tus manos que querían acercarse aunque tú no las dejabas.

Y ese instante pasó.

Y fue después cuando te dije que me arrepentía de no haberte conocido antes. Obviamente.

Sin embargo, andando el tiempo, esa nostalgia de lo no realizado ha empezado a tomar la forma del futuro imperfecto, ese en el que no vas a estar cerca.

Si hubiera llegado antes a tu vida, ahora sería más fácil echarte de menos porque ya sabría todas las cosas de ti.

viernes, 8 de febrero de 2008

Mary Poppins



Me escribe mi jefe:
"Sencillamente perfectos. Sencillamente perfecta."

Le he enviado un informe que me ha pedido. Y que le prometo para las 15.00 h. Le llega con 26 minutos de retraso. Tan femenina (la demora), le pongo en una nota.

No recuerdo si Mary Poppins llegó tarde alguna vez, lo que no olvido es que cuando se midió con la mágica cinta métrica, en su altura se podía leer: Mary Poppins, practically perfect in every way...

Me hace gracia porque creo que con Otto me pasó algo parecido muy al principio y, desde entonces, sigue creyendo que soy (casi) perfecta, como a él le gusta decir.

miércoles, 6 de febrero de 2008

La educación de Óscar Fairfax


*

Cuando me compro un libro experimento un placer parecido al que siento al pasar una tarde entera contigo.

No me vale cualquier libro, como tampoco me vale cualquiera que no seas tú. Y el rato que paso mientras lo busco en las estanterías es tan hondamente intenso como cualquiera de nuestras conversaciones de las pocas tardes que nos vemos.

Hoy buscaba dos libros, uno recomendado por mi amiga Grace y otro fruto de la curiosidad originada por una reseña en un periódico. El primero era fácil de encontrar, de una autora muy leída, así que me he concentrado en el segundo: La educación de Óscar Fairfax.

Antes de que Lucía llegara a mi vida, yo no era consciente del valor de pasar una tarde buscando un libro. Simplemente era algo que ocurría con frecuencia y a lo que dedicaba el tiempo que fuera necesario. Ahora es diferente. Cada minuto que no estoy en casa es un minuto que añado a la bolsita donde guardo las gotitas del sentimiento de culpabilidad por no ocuparme de mi hija.

¡Ay, pero me resulta tan placentero llenarme el espíritu de libros!

*[La imagen de este post es de The Satorialist 28 de enero 2008]

Señora, ¿me queda bien este cuadro?





En otro blog que tuve hace algún tiempo escribí una nota una vez sobre una señora que preguntaba qué libro estaba de moda esa temporada. Recuerdo que entonces disimulé mi perplejidad escondiéndome detrás de una estantería de libros de cocina, lo cual me hizo perder el turno en la caja para pagar a favor de un señor que, obviamente más avispado que yo, consiguió colarse entre la pregunta y una servidora y salir de la librería mucho antes que ninguno de los que presenciábamos la escena.

En fin.

Ahora bien, lo de hoy ha sido "mundial". Estaba yo tan feliz, ensimismada, terminando de decidir los watios que necesito para las bombillas del aplique de mi baño, que si 40W o mejor 60W, en los grandes almacenes donde todos acabamos comprando tarde o temprano, cuando escucho detrás de mí

¡Señora, señora!

¿Ein, yo? Pues sí, parece que el grito tiene mi nombre. "Dígame" -respondo amable.

"Mire, señora, ¿le gusta este cuadro?" -y se aparece ante mi una de esas piezas murales que siempre me han resultado antipáticas y feas porque no sólo son burdas reproducciones de algún original sin nombre sino que además exhiben su fealdad con el orgullo que da la seguridad de que acabarán en el salón de alguna casa de alquiler: "total, para decorar la pared de un inquilino vale cualquier cosa, lo mismo que sirve el peor colchón que nos vendan y hasta el batiburrillo de muebles que por fin conseguimos quitarnos de encima cuando mamá alquila su piso".

Por un segundo me tomo la pregunta en serio y miro y remiro la obra en cuestión para detenerme en la horrorosa combinación de ocres, amarillos y verdes de una composición poco acertada.

"Pues sí, me gusta" -qué pregunta, me digo, ¿en realidad piensa esta señora que le voy a decir que no? Para asegurarme de la respuesta, miro a la mujer con detenimiento y veo a a alguien que, como yo muchas veces, necesita reafirmarse en su elección.

"Sí, sí, me gusta, un buen cuadro" -continúo.

"¿Cree que me quedará bien con la pared amarilla de mi salón?" -insiste.

"Joder con la insistencia de la señora" -pienso y sonrío entre dientes- "uy, por supuesto, claro que sí, con el amarillo queda impresionante".

La mujer se detiene a contemplar satisfecha su próxima adquisición y en ese momento aprovecho para huir despavorida.

martes, 5 de febrero de 2008

Let's have fun!


Otto, si pasas por aquí mira bien la foto: a esto es a lo que me refiero.
Let's have fun!
Y mejor si vamos juntos en la aventura.

viernes, 1 de febrero de 2008

Feliz como una perdiz


Por aquí andan todos con caras serias y preocupadas. Ceños fruncidos, ojos fríos... ¡qué barbaridad!

Hoy me he levantado con el ánimo ese de irme al campo a recoger naranjas, ya sabes: aire limpio, manos fuertes, saltos y risas y mucho sol. Verás, he soñado con "Pablo ¿o era Marcos?" un sueño de esos que no se pueden contar no sea que te vayas a sonrojar. Pensé en llamarlo y liarlo pero, pobrecito mío, mejor dejarlo en paz.

Luego está Sara, la niña estúpida que tiena frita mi hija. Si no fuera porque a la mocosa esa le saco 37 años de diferencia, ya mismo le soltaba un soplamocos en el parque cuando su madre estuviera despistada, que se le quitaban las ganas de chinchar a mi hija. ¡Hombre ya! La versión civilizada de esto es una tutoría con la profe: veremos.

¿Qué más? Pues que Rafa me gustó ayer en la distancia. Si pasas por aquí, toma un beso.

Ea, lo dicho, que si quieres venir a recoger naranjas conmigo, ya sabes dónde estoy.

jueves, 31 de enero de 2008

¿Soy yo?




Me releo por aquí y, de repente, echo de menos a la mujer frívola que hay en mí. ¡Coño, pero qué requeteprofunda me estoy volviendo últimamente!

¡Aire!

viernes, 25 de enero de 2008

Cuento para Otto



Esta es la historia de un apuesto guerrero que se había quedado sin armadura. Había pasado por muchas duras batallas y, a pesar de que estas aún no habían terminado, a él sólo le quedaba su espada y, además, se había olvidado de cómo usarla. El apuesto guerrero tenía el corazón dividido en dos porque no sabía dónde estaba su princesa encantada y los mismos rayos de sol que un minuto le iluminaban, al siguiente le quemaban y le hacían llorar.

El apuesto guerrero no era feliz.

Y lo peor era que ya no sabía cómo se hacía para serlo.

Acertó a pasar un día por la gran roca donde el apuesto guerrero solía sentarse a pensar en su miseria, un hada madrina que, aburrida de tanto cuento de color de rosa, había salido a dar un pequeño paseo por alguna otra historia.

-¡Oh, un apuesto guerrero! Y ¿está llorando? -se admiró. Pero si los apuestos guerreros no lloran...

Y el hada madrina se quedó sobrevolando sobre la cabeza sin yelmo del caballero.

Silencio.

- ¿Por qué lloras?

- No soy feliz -y el apuesto guerrero levantó la vista.

- ¡Oh, vaya, pues no sé qué decirte porque la receta de la felicidad para esta historia no me la sé! Verás, sé cómo se hace para que La bella durmiente se despierte, para que Cenicienta recupere el zapatito y hasta para que Ariel recupere la voz.

- Ya.

- Pero de guerreros, la verdad, no tengo ni idea.

- Ya.

- De todos modos, si quieres, hablamos, tengo mucho tiempo hasta que sea la hora de volver a mi cuento.

Y se sentaron a hablar.

El apuesto guerrero le contó que le dolía el corazón y que quería que las páginas de su cuento pasaran deprisa, deprisa, directo hasta el final feliz. Ya no quería cruzar montañas ni ríos, ni enfrentarse al dragón. No tenía fuerzas para buscar el tesoro oculto en la cueva de las nieves, ni para superar las mil pruebas que el rey había dispuesto antes del triunfo final.

- Oh, vaya -dijo el hada madrina. Ojalá mi varita mágica te sirviera pero, ya ves, sólo sirve para las princesas. De todos modos, si quieres podemos hablar.

Y hablaron, y hablaron, y hablaron. Y mientras hablaban, al apuesto guerrero le iban pasando las cosas que venían en cada una de las páginas. Y el hada madrina siempre andaba por allí. La varita mágica, que no funcionaba en este cuento, no le servía de mucho al guerrero pero, al menos, estaba acompañado y tenía con quien compartir su tristeza.
De vez en cuando, al apuesto guerrero se le escapaba una sonrisa, parecida a las de la felicidad. Entonces el hada madrina daba un brinquito de alegría.

Y así fue durante todo el tiempo que tuvo que ser.

sábado, 19 de enero de 2008

Un hombre



Mi amiga Judith, la de verdad, no la que escribe aquí, ha tenido su bebé. El parto ha sido complicado y ella todavía no está bien. Anoche estuvo en urgencias.

Judith tiene una niña de la misma edad que mi hija y las dos son muy amigas. Cuando nació el bebé, ella -la niña- se quedó con nosotros un par de días.
Acabo de hablar con el marido de Judith. Es él quien más necesita ayuda ahora: su mujer está hecha polvo, su hija no quiere separarse del hermanito recién nacido y éste llora a todas horas porque aún no sabe cómo funciona el mundo (tiene hambre, frío y echa de menos el calor del vientre de su madre).

Mi amigo Jose, el marido de Judith, debe ahora ser el más fuerte y restablecer la paz y equilibrio de la casa: preparando y dando biberones, entreteniendo a su hija mayor, acompañando a su esposa, haciendo los recados de la casa, atendiendo el teléfono, preparando la comida.

Jose sabrá hacerlo. Es un hombre valiente y sereno.

[¿Recuerdas que el otro día te contaba qué significaba ser padre?]

miércoles, 16 de enero de 2008

Un recado para Otto


Querido mi Otto (y atención que el uso y colocación del posesivo no es en absoluto trivial):

Ojalá tuviera el antídoto para tu tristeza, ya mismo te lo enviaba por mensajero directo a tu corazón. Pero ¡ay, amigo mío! la vida tiene tantos peajes por los que debemos pasar, por los que debemos pagar, por los que debemos penar... Ojalá tuviera unas palabras lindas, de colorines, con las que envolverte y protegerte para llevarte ya mismo a donde quieres estar dentro de unos años, con las heridas cerradas. Pero no.

Ay, Otto, las cosas que valen la pena nunca han sido fáciles. Y lo sabe el que decide cruzar el desierto a solas por ver los amaneceres limpios, y el que quiere subir al Himalaya y vacía su mochila de lo prescindible por llegar a la cima del mundo. Y ambos saben lo duro que es el camino y lo asumen y se felicitan de su decisión, aunque se les quede la boca muda de sed o pierdan una mano helada en la nieve. Lo vi una vez en los ojos de un viejo amigo, que este tipo de cosas merecen la pena.

Otto, con tu permiso, te diré que más que triste, ahora deberías estar jodido y atreverte a hacerte los millones de preguntas que no tienen respuesta y que te rondan por la cabeza cuando te quedas a oscuras. Así, como los campeones. Y enfrentarte a la tristeza como sólo tú sabes hacer las cosas: con valentía, tacto, cariño y paciencia. ¡Qué te voy a decir a ti!

Ahora bien, mon amour, hazme también el favor de plantarte ante el espejo esta noche, antes de irte a dormir y contestarme a esta pregunta: ¿cuánto mejor estás desde que tomaste aquella decisión? Has vuelto a ser tú: arriesgado, aventurillas, inteligente, despierto... siempre dispuesto para la acción.

¿Qué dices? ¿Que te duele el corazón? ¡Pues claro! ¿Qué esperabas?

¿Qué dices? ¿Que esto está siendo difícil? ¡Pues claro! Ya lo sabías.

Coge a tu chica del brazo, ponle tu música preferida, dile que la amas y después, te inflas a llorar. ¿Y mañana? Ya veremos, será otro día.



Y ahora, entre nosotros, un cotilleo de mi jefe que no te había contado. Es un hombre delicioso. ¿Puedes creerte que se ha metido en "una piscina casi vacía y sin guardarse las espaldas" sólo por darme a mí algo que iba a ser imposible?. Al final, desafortunadamente, la jugada no le ha salido pero ¿sabes? ¡qué importa! lo más halagador es que lo ha intentado.

martes, 15 de enero de 2008

La amigdalitis de Tarzán

Tiene Bryce Echenique un libro titulado La amigdalitis de Tarzán en el que la protagonista, Fernanda María de la Trinidad del Monte Montes, escribe a Juan Manuel Carpio, antiguo amor, para contarle "pedazos de la aventura de la memoria de la mujer":

Él enmarca cada una de ellas, pero el lector ha de recomponer la historia de los sentimientos conforme a las circunstancias que surgen, porque de lo que dispone es de una sucesión fragmentada que constata la crisis que la vida impone a la mujer: «Me siento fuerte. Me siento mucho mejor. Como Tarzán al tirarse al agua». La debilidad de la mujer -«ya tú sabes todo lo que una amigdalitis puede ocasionarle a Tarzán en plena selva»- en la jungla humana queda atenuada en las cartas, que se convierten en el espacio seleccionado por el recuerdo para entresacar los fragmentos que de sí misma quiere mostrar a su compañero".
Pues bien, querido lector, ese "ya tú sabes" de Fernanda María me queda hoy a mí que ni pintado: débil y aparentando fuerza.

domingo, 13 de enero de 2008

Todas mis amigas


Cuando era jovencita nunca me detuve a pensar que tener amigos fuera importante. Así, todos los que tuve fueron circunstanciales, de suerte que cuando las circunstancias cambiaban, también lo hacían ellos (o ellas, entiéndaseme).

Porque a mí, señoras y señores, lo que de verdad me pone es "hacer amigos". Ya sabes, ese gusanillo que te entra ante la incertidumbre de si te llamará o no, esa cosa maligna de si llamas tú o no. Si en vez de hablar de amistad habláramos de amor, la cosa sería equivalente a la búsqueda eterna del primer beso, que sólo hay uno, el primero y que si quieres otro, pues ya sabes, búscate la vida (vaya, vaya, cómo me estoy liando). En fin, que lo que de siempre me ha gustado es ponerme desafíos a ver si consigo que esta o este o el de más allá acabe siendo mi amigo. Ya ves, menuda estupidez.

Mi hermana y mi cuñada me critican esta actitud y no entienden cómo es que no he mantenido más que una única amiga de la infancia, a la que, por lo demás, veo poco y llamo menos. ¡Yo qué quieres que te diga! La única explicación que se me ocurre es que soy muy mala amiga y que si empezamos con esto de llamar y quedar a todas horas, salgo disparada y no me ves más.

Ah, sí, pero las cosas cambian querida mía y ahora que egoistamente necesito más ayuda del mundo exterior porque hay días que con las dos manos no llego a hacerlo todo, empiezo a darme cuenta del verdadero valor de la amistad. Y tengo muchas amigas que me quieren:


  • Irene se acuerda de llamarme para que le diga si finalmente me hace el recado que le pedí (y del que me había olvidado).

  • Marta se ofrece a llevar a mi hija a la biblioteca con sus niños para que yo pueda terminar el trabajo que se me ha quedado a medias.

  • Miguel se lleva a mi hija de paseo con la suya porque acabo de llegar del dentista y me duele todo el cuerpo.

  • Paula recoge a mi hija del cole cuando yo no llego a tiempo.

  • Cristina nos invita a hacer galletas en su casa en una tarde aburrida de un martes de invierno.

¡Qué cosas! Yo que siempre pensé que la amistad de una mujer era aburrida y ahora, fíjate tú... paso las tardes más entretenidas del mundo (eso sí, rodeada de niños, mocos y pañales).

Anda, sonríe, guapo lector. ¿Qué dices, que Miguel no es nombre de mujer? Pues claro, pero va incluido en la categoría de amigas porque es el único tío que conozco que asume el cuidado de sus hijos en condiciones de igualdad.

Yo quiero ser un tío

Odio profundamente organizar las tareas de la casa. Si bien es cierto que no me importa hacerlas yo misma, me entran los siete males cuando tengo que planificar los menús semanales, hacer la lista de la compra, acordarme del día en que tengo que recoger los trajes de la tintorería, recordar que los miércoles Lucía tiene clase de natación, planificar la limpieza de las cortinas y mantener el orden en los cajones del armario de la entrada.

Ay, pero qué coñazo es esto, si yo lo que quiero es tirarme en un sofá a disfrutar de la plácida lectura del último libro que no me he comprado.

viernes, 11 de enero de 2008

La mejor hora para vernos


20:00h
1071/08

Judith:

He venido a buscarte a unas horas ciertamente intempestivas (era de noche, hacía frío, no había casi gente...)

En fin; la mejor hora para vernos.

Quizá mañana...

Rafa

Nunca le he dicho a Rafa lo bonita que me parece su letra (y que guardo todas las notitas que me ha escrito a lo largo de los años, que pronto serán diez).

lunes, 7 de enero de 2008

¿Y tú, a quién se lo habrías dado?

En una de estas tardes extrañas de estas Navidades, extrañas porque se me quedan como a caballo entre el ir y venir de un sitio a otro, el deshacer maletas, poner lavadoras y planificar cenas, comidas y meriendas, en una de esas tarde, mi marido y yo nos fuimos a dar un paseo.

Andando entre risas llegamos a una de nuestras tiendas favoritas, que no visitábamos desde mucho antes de nacer nuestra hija, esto es, desde que él se encerró a trabajar y yo a ser madre. Subimos y bajamos y entre las estanterías encontré un regalo para mi jefe

-¡Oh, ha dicho su jefe!
-Sí, sí, un regalo para su jefe.

y como es un buen tipo y le admiro en muchas cosas, ¡zas!, lo compré. Mi marido no me preguntó para quién era y yo tampoco se lo dije

-¡Oh, no se lo dijo!
- No, no, era un regalo para su jefe.

Sin embargo, ayer me preguntó mi esposo que si ya había regalado aquello que compré la otra tarde. Le dije que no, que aún no.

Entonces me dijo que le gustaba mucho y que si se lo podía quedar él.

-¡Oh, le preguntó!
- Sí, sí, era un regalo para su jefe.

Las fotos de las niñas


La casa de mi amigo es espectacular. Para que te hagas una idea de qué significa "espectacular", cierra los ojos e imagínate la casa de tus sueños. ¿Ya? Pues eso, espectacular.

Se parece mucho a la anterior, más pequeña aquella, sí, pero con una combinación parecida de grises y blancos. En aquella, cuando la visité, había aún muy pocos detalles personales porque él se acababa de mudar tras su separación. Me pareció entonces que entraba en la casa del mismísimo Lao (o vaya usted a saber) y, preciosa como era, tuve que hacer un esfuerzo consciente por no compararla con la que él había compartido durante tantos años con su ahora ya no esposa. La otra era una casa linda, acogedora, llena de recuerdos y detalles familiares. En fin.

En la visita a la primera casa, la pequeña, la que habitó al principio de volver a estar solo, me mordí la lengua a cada minuto para no preguntarle lo obvio: ¿por qué? Y aunque de eso debe hacer ya por lo menos cuatro años, la misma pregunta se me tropezaba en mitad de la conversación en la cena del otro día, en la casa espectacular en la que, ahora sí, había fotos de sus hijas. Una de ellas es exactamente igual a su madre y, siendo como es cierto que a ella -a la madre- no le tengo mucho afecto, me dio pena que en esa casa tan grande siguiera flotando la ausencia de una persona.

¿O quizá era sólo yo quien la sentía?

viernes, 4 de enero de 2008

Otro cumpleaños más

Es el cumpleaños de Judith y sus amigos llaman para felicitarla.
Judith se siente querida y está feliz.