domingo, 13 de enero de 2008

Todas mis amigas


Cuando era jovencita nunca me detuve a pensar que tener amigos fuera importante. Así, todos los que tuve fueron circunstanciales, de suerte que cuando las circunstancias cambiaban, también lo hacían ellos (o ellas, entiéndaseme).

Porque a mí, señoras y señores, lo que de verdad me pone es "hacer amigos". Ya sabes, ese gusanillo que te entra ante la incertidumbre de si te llamará o no, esa cosa maligna de si llamas tú o no. Si en vez de hablar de amistad habláramos de amor, la cosa sería equivalente a la búsqueda eterna del primer beso, que sólo hay uno, el primero y que si quieres otro, pues ya sabes, búscate la vida (vaya, vaya, cómo me estoy liando). En fin, que lo que de siempre me ha gustado es ponerme desafíos a ver si consigo que esta o este o el de más allá acabe siendo mi amigo. Ya ves, menuda estupidez.

Mi hermana y mi cuñada me critican esta actitud y no entienden cómo es que no he mantenido más que una única amiga de la infancia, a la que, por lo demás, veo poco y llamo menos. ¡Yo qué quieres que te diga! La única explicación que se me ocurre es que soy muy mala amiga y que si empezamos con esto de llamar y quedar a todas horas, salgo disparada y no me ves más.

Ah, sí, pero las cosas cambian querida mía y ahora que egoistamente necesito más ayuda del mundo exterior porque hay días que con las dos manos no llego a hacerlo todo, empiezo a darme cuenta del verdadero valor de la amistad. Y tengo muchas amigas que me quieren:


  • Irene se acuerda de llamarme para que le diga si finalmente me hace el recado que le pedí (y del que me había olvidado).

  • Marta se ofrece a llevar a mi hija a la biblioteca con sus niños para que yo pueda terminar el trabajo que se me ha quedado a medias.

  • Miguel se lleva a mi hija de paseo con la suya porque acabo de llegar del dentista y me duele todo el cuerpo.

  • Paula recoge a mi hija del cole cuando yo no llego a tiempo.

  • Cristina nos invita a hacer galletas en su casa en una tarde aburrida de un martes de invierno.

¡Qué cosas! Yo que siempre pensé que la amistad de una mujer era aburrida y ahora, fíjate tú... paso las tardes más entretenidas del mundo (eso sí, rodeada de niños, mocos y pañales).

Anda, sonríe, guapo lector. ¿Qué dices, que Miguel no es nombre de mujer? Pues claro, pero va incluido en la categoría de amigas porque es el único tío que conozco que asume el cuidado de sus hijos en condiciones de igualdad.

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