domingo, 18 de julio de 2010

Joaquín


Guapísimo, es domingo y me encuentro bien, hoy. Ayer fue un día difícil porque el viernes me dieron permiso para ducharme como las “personas normales” (sic) y ser normal, en mi condición, es complejo.

Mis días transcurren en una montaña rusa de emociones entre la felicidad extrema (tumor extirpado) y la miseria profunda (joder, joder y joder, porque yo), así que es muy divertido estar conmigo si es que te gustan las emociones fuertes.

Mi casa está llena de las flores y el cariño que todos me enviáis: unos rezan por mí, otros me llevan en su pensamiento y otros me envían energía positiva. Todo me sirve y me alivia en las largas semanas que me quedan por delante.

Un beso,

Celia

jueves, 15 de julio de 2010

Drenaje linfático


Confieso aquí que el sintagma "drenaje linfático" estaba asociado en mi mente a las frivolidades de las mamás del cole de mi hija que, despidiéndose con un beso al aire por la mañana tras dejar a sus retoños en el aula, corrían a sus sesiones de masajes anticelulíticos en preparación del verano.

Pues heme aquí que la de los drenajes linfáticos soy ahora yo, (ya lo dice el refrán: "nunca digas de esta agua no beberé"), claro está que por razones tristemente muy diferentes a la celulitis. Ayer fue la primera sesión y eso y el Paraiso deben ser la misma cosa: tumbada en la camilla, disociando mi mente de mi muy maltrecho cuerpo, alcancé media hora de paz absoluta mientras las manos de la fisioterapeuta trabajaban por mi bienestar.

martes, 13 de julio de 2010

El verano más extraño


Me pregunto si es verdad que sufrir un cáncer te da derecho a replantearte tu vida de arriba abajo. Me encuentro revisando mi correo electrónico cinco días después de la mastectomía y me sorprendo a mí misma al comprobar que las cosas que me incomodaban antes de la operación, me siguen molestando igualmente.

Ahora estoy en un estado delicioso, placentero, dulce: básicamente hago lo que me apetece en cada momento y dejo que los minutos del día se vayan deshaciendo lentamente con el calor del verano. No tengo prisa. Después de muchos meses corriendo, me he visto obligada a detenerme de golpe y me encanta estar sentada en la "segunda fila" del teatro de la vida, observando los quehaceres de los grandes ocupados del mundo.

Todo un privilegio.