viernes, 21 de diciembre de 2007

Creo firmemente en los horóscopos


O, por lo menos, en el que me toca esta semana. Lee y juzga por ti mismo.

The week of December 16, 2007

  • Sometimes, dreams actually come true. One of yours just might this week! A friend may surprise you with a wonderful gift or great experience. A friend may also introduce you to someone who becomes important and influential in your life. You feel the Wheel of Fortune turning in your favor this week - and it's about time. You're getting stronger and surer of yourself. You don't 'need' anyone, but may choose to spend time with someone you admire, trust and are fascinated with.
Career

  • Jupiter enters your sign early this week, thrusting you into the limelight. You finally get overdue acknowledgment for long hours of dedication and sacrifice. As you know, each experience you've gone through has contributed to your productivity, creativity and sense of accomplishment. Your ruling planet Saturn goes retro until early May, suggesting that you get second or third opinions from people you view as experts. Ultimately, you'll make the final decision - and it'll be an informed one, packed with collected wisdom and experience you've gathered from others and carefully blended with your own. A new partnership with strong financial overtones could be formed during the weekend. This won't be easy or automatic, but will be worth the effort and temporary angst.
Para Otto, mágico, que consigue que los sueños se hagan realidad (y que además sean divertidos)

jueves, 20 de diciembre de 2007

Rituales

Hay algo que me encanta de los actos académicos y es el sentido de pertenencia que transmiten.

Ya he dicho en otro post que soy una chica fácil y, precisamente en esto de los rituales académicos, soy facilísima: me los creo todos.

Estuve ayer en la defensa de un trabajo de investigación y disfruté de lo lindo con la exposición de la doctoranda, los comentarios del tribunal, los tiempos bien distribuidos, la lectura del acta... en fin, esas cosas, ya sabes. En estos casos recuerdo siempre, siempre, mi propia defensa de la tesis y cuánto disfruté, a pesar de los nervios, del debate intelectual con cinco doctores a mi disposición.

Al empezar me quería morir pero conforme pasaba el tiempo me fui dando cuenta de que nunca más me iba a ver en otra situación como esa: yo como experta de un tema y varios otros expertos entrando a saco en la discusión de mis ideas.

Nada es comparable a esto.

¡Vámonos!


Ay, señoras y señores, improbable lector, tengo unas ganas de irme de vacaciones que ¡menudas ganas que tengo!

Quiero estar ya en el magnífico cortijo en mitad del campo haciendo lo que más me gusta: desaparecer. Sentada en el porche con los sobrinos corriendo alrededor persiguiendo a un pobre conejo; llevándole a mi suegro una bandeja con carne para la barbacoa; o mirando a las musarañas mientras mi cuñada va a la nevera a por otra botella de cava. ¡Yo qué sé!

La técnica ésta de desaparecer en público la tengo muy depurada: miras a un punto fijo, pones cara de estar muy interesada en lo que está ocurriendo a tu alrededor y te transportas a donde sea que quieras estar (o a ningún sitio, que para el caso es lo mismo). Normalmente, yo donde quiero estar es en la nebulosa de mis pensamientos, que allí se está muy bien y nadie me molesta. Es algo así como escribir de corrido en este blog y ¡zas, zas, zas! solucionar toda tu vida de un plumazo. Te quitas las telarañas del cuerpo, te echas unas risas de ti misma, te miras desde fuera y por dentro y, al terminar, te quedas hecha un pimpollo.

Cuando termino, estoy lista de nuevo para la acción.

Futuro impredecible

Rafa me dijo una vez, hace tiempo, que los besos no se piden. Se dan. Y yo le di la razón pero, desde entonces, los he seguido pidiendo.

Y siempre pido los difíciles, creo que porque lo son. Y porque son los más divertidos, por inesperados, imprevisibles e irresistibles.

Me gustan los hombres inteligentes y a ellos les pido, a veces, los besos menos comprometidos y los más geniales porque sé que sólo un hombre inteligente los entiende así.

Podré prometerte, si quieres, que no volveré a hacerlo y te aseguro que en ese momento la promesa es cierta. Sin embargo, el futuro es impredecible y cuando vuelvo a verte, unas veces consigo retorcerme la lengua para no pedirte que me beses y, otras, sin más, te lo suelto porque sí.

Si coincidimos en una de estas ocasiones, recuerda que los besos no se piden, se dan.

Las preguntas de Otto


Las preguntas que Otto me hace nunca son triviales.
Para muchas de ellas tengo la respuesta de antemano porque responden a ese guión tan magníficamente "witty, intelligent, candid, immediate" de las mejores pelis de Katharine Hepburn y Spencer Tracy (o Cary Grant, que para el caso es lo mismo). Otto dispara y yo recojo el desafío. O al revés.
Y siempre nos reímos.
Sin embargo... ¡Ay, Otto!
De vez en cuando, me lanza una pregunta inesperada que se abre paso entre las pequeñas costuras recosidas de mi disfraz de Lara Croft y ¡plonc! me quedo pegada a la pared.
Muda.
Otto quería saber hoy, si ahora que la vida profesional de mi esposo empieza a ser más dulce, mi vida personal lo será también.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

¡Qué fiesta!



Me escribe Eva y me dice:

"Oseatiatelojuroporfavor

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡cómo estabas de guapa anoche !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

No podía dejar pasar el día sin decírtelo

muac!"

Ay, ¡qué bien me sientan estas cosas! ...


jueves, 13 de diciembre de 2007

Si mi madre lo supiera



Es curioso cómo los mismos sitios revisitados al cabo del tiempo te recolocan los recuerdos igual que si estuvieras organizando el cajón de los pañuelos y pusieras el rojo, bien doblado, al lado del naranja, éste junto al amarillo, después el verde, el azul, el blanco, hasta que terminas y miras tu cajón y te sientes satisfecha.

Estoy de viaje y he vuelto al mismo hotel donde estuve hace un año, en la misma ciudad, claro. Me siento a cenar en la misma mesa donde cené, también sola, hace un año, y me asalta el recuerdo de Pablo ¿o era Marcos? y siento casi la intensidad de sus besos hace doce meses, cuando vivíamos inside the tornado.

Ya sabes que Pablo ¿o era Marcos? ahora me da igual (¿aún no sabes lo cruel que soy? ¡venga ya, hombre!) así que me sorprende acordarme de esto ahora con cariño. Para aclararme, cojo el móvil y le envío un mensaje: "llama cuando puedas pero que sea YA mismo".

Soy incorregible.

Dos grandes sueños

Judith está hoy perpleja porque pidió dos deseos y los dos se han concedido.

Los dos eran grandes y los pidió con mucha intensidad para asegurarse de que, por lo menos, uno de ellos se cumplía. Y ahora se han cumplido los dos, primero uno ¡PLONC! y una semana después el otro ¡PLONC!

¿Y ahora? -se pregunta Judith.
Alguna vez en el pasado, Judith se encontró con una encrucijada parecida en su vida y siempre supo que debía elegir, porque eso es lo que pasa conlos sueños gordos cuando se cumplen muy al principio de la vida, que no puedes cumplirlos a la vez.
Ahora es distinto, porque Judith ha puesto tanto empeño, trabajo e ilusión a partes iguales en que los dos sueños gordos llegaran a ser realidad que ahora que se cumplen está desconcertada y no sabe qué hacer. Y no quiere elegir porque sabe que se merece los dos.

Así que no elegirá y buscará, más allá de la perplejidad, la manera de dar un salto al otro lado y poner en marcha los dos sueños gordos.

¡Ánimo nena que tú puedes!

lunes, 10 de diciembre de 2007

Melchor, Gaspar y Baltasar



Dicen que los Reyes Magos son los padres, ya ves, y "te juro por arturo" que estoy a punto de creer que es cierto porque bonita la tarde que me he pasado en el gigacentro por excelencia de los juguetes mundiales buscando y rebuscando regalitos variados para mis quinientos mil sobrinos y mi preciosa hija.

He cometido el gran error de llegar al megacentro sin una lista previa de qué quería comprar y, claro, allí me tienes a mí, con el carro de las narices entre las manos, dando vueltas por los pasillos abarrotados de mamás, papás y niños encaramándose a las estanterías.

Ay, ¡qué mareo! iba de los juegos de mesa a las figuras transformables, de los trajes de Spiderman al dominó de Winnie, de las dos mil princesas bailarinas a los carritos de bebés. Yo qué sé.
¿Le gustará a Anita este muñeco? ¿Jugará Rafita con el microscopio? ¿Estará contenta Claudia con este bebé?
Ay, ay, ay.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Un sábado como otro cualquiera


En el puzzle de la vida hay días, como el de hoy, en el que todas las piezas encajan.
La semana pasada pasado mi esposo y yo iniciamos una conversación tremenda que duró varios días. Fue un combate en las alturas en las que nuestros respectivos egos pelearon por la supervivencia, hasta que en la mañana del domingo, con la taza de café en la mano, nuestras miradas recordaron por qué habíamos empezado esta aventura juntos.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Casual Friday


A mí lo que más me gusta del Casual Friday es mi jefe.
Se viste en una mezcla de gamberrete callejero que va de paso a la oficina que me recuerda, no sé por qué, a mi hermano Manuel y su pandilla de amigos hace 25 años, cuando pasaban las tardes entre carreras de bici por el barrio, guerras de piedras y cabañas hechas con los restos de la poda de los setos.

Hoy me he entretenido a observarlo -a mi jefe- a través de la ventana de un despacho, mientras lo veía bajar a lo lejos, con su ordenador bajo el brazo y pensando quizá en las musarañas del puente que no hemos tenido.

Me ha gustado tanto la imagen, con su abrigo y su bufanda, que me he prometido que en cuanto pudiera escribía un post.
Este.

martes, 4 de diciembre de 2007

Con tacones o sin ellos


Dice mi amiga Judit, la de verdad, no esta que escribe aquí, que no me baje de los tacones por mucho que los hombres con los que trabajo se admiren una y otra vez de ¡qué alta y encima te pones tacones!

Me costó tanto en la adolescencia salir del complejo de altura y aprender a aceptar que no pasaba nada por ser la única chica de la fiesta a la que nadie sacaba a bailar -porque todos, TODOS, los tíos, los guapos y los feos, eran más bajos que yo- que ahora no deja de maravillarme que sea mi altura la que les incomode a ellos.

Dice mi amiga Judit, la de verdad, la que es tan alta como yo y luce tacones de vértigo hasta para llevar a su peque al cole, que, en realidad, la altura no incomoda a los tíos, sino que, más bien, se trata de admiración.

Yo, la verdad, no sé lo que es pero hoy me ha parecido ridículo que cinco tíos de "altura" hicieran el mismo comentario genial que llevo escuchando desde hace 42 años.

Al único que se lo consiento es a Otto, a quien quiero mucho y más.