miércoles, 31 de octubre de 2007

2-6

Yo no sé si ya os lo he contado pero, a estas alturas y después de lo que habéis leído por aquí, podréis suponer que Otto me sigue gustando.

No es correcto que me gustase y mucho menos que me siga gustando pero, a pesar de que hago esfuerzos por que no sea así, ¡zas! de vez en cuando, dice algo, se queda mirando al infinito o se pone una de esas camisas que tan bien le sientan y ¡ay!

Hoy ha sido un gracioso despiste suyo el que me ha pillado desprevenida, y es que le he visto apuntar unos números en un folio totalmente en blanco y he pensado: "verás, verás que dentro de 30 segundos ni se acuerda de qué significan esos números"

2-6

No le he dicho nada porque ese dos y ese seis pertenecían a su vida privada. Sin embargo, he pensado: "bueno, me imagino que tendrá sus propias reglas para recordar cosas porque vamos, esos dos números así sueltos se le traspapelan ya mismo y está perdido".

(Entre nosotros, te diré que corresponden a la franja horaria en la que le han prometido, tras desplegar todas sus armas de seducción, llevarle el nuevo sofá a la casa donde ya mismo va a vivir con su chica).

En fin, hemos seguido hablando de lo que nos tenía ocupados y, cuando al terminar recoge sus cosas de la mesa, se queda mirando el papel y se pregunta en voz alta:

"¿Y estos dos números de qué son?".

Justo entonces me he dado cuenta de que me sigue gustando Otto.

martes, 30 de octubre de 2007

Más odios profundos

Odio profundamente que me traten con condescendencia.

lunes, 29 de octubre de 2007

Me horroriza ir al dentista (y 2)


Ya está: tengo la muela del juicio destrozada pero a la dentista parece que le da igual. Eso sí, ¡menuda exclamación de horror soltó cuando vio mis encías!

¡Oh, periodontitis aguda, oh, oh, oh!

Y yo, pobrecita de mí, tumbada en el artefacto (eso sí de color rosa) con una odiosa lámpara sobre mis ojos. ¿Mande, periodontitis? E ipsofácticamente aparece una señorita enfermera con un conjunto de cuadros sinópticos y un cacharrito señalador que me ilustra sobre mi afección. Empiezo a marearme en ese mismo instante y me acuerdo de que, efectivamente, "me horroriza ir al dentista" y que, por desgracia, ahora me espera más de una visita.

Os confieso que me duele todo, se me pone la carne de gallina, me entran escalofríos y me quiero ir a vivir de nuevo con mi mamá ("mi mamá me mima").

Sin embargo, como tengo buenos colegas en el trabajo, uno de ellos me ha agenciado unos ejercicios de yoga contra los miedos de la vida y ya mismo me voy a hacerlos.

Ya os contaré si me dan resultado.

Los botontes del baby

Mira, yo no sé qué extrañas leyes de la naturaleza rigen mis mañanas que, haga lo que haga, siempre soy la última en salir de casa. Cada día la trampa es diferente y hoy, amados míos, ha venido a tomar la forma de los botones del baby de mi hija: ni uno, ni uno quedaba puesto, esto es, todos arrancados de cuajo del dichoso baby -que me costó 39 euros- y me doy cuenta justo cuando ya tengo la puerta de casa en una mano y en la otra mi bolso, mi abrigo, el abrigo de mi hija, el maletín con el portátil, la taza para el cole de mi hija, su merienda, las llaves del coche, mi móvil y la madre que los parió a todos.

¡Coño!

Me había levantado con tiempo suficiente -pensaba yo- para arreglarme más o menos decentemente, desayunar, despertar a la peque con suficiente cariño como para que no cogiera una pataleta de lunes, ayudarla a vestirse, prepararle el colacao... en fin, esas dulces cosas de la maternidad. Todo controlado, ya me conoces.

Pues no, justo en el momento de salir, los botones. Ea, pues nada, a coserlos uno a uno, con paciencia (y con mi hija encima queriendo quitarme la aguja) y mi esposo preguntándome que cómo es que no me había dado cuenta antes.

¡OOOOOOmmmmm, control mental!

Ea, listo, vámonos. Pero vaya ¿qué es este hilo que cuelga del baby? ¡Cielos, el dobladillo también está roto!

.... llego tarde, llego tarde, llego tarde....

Y claro, he llegado tarde a todo. ¡Dichosa mañanita de lunes!

jueves, 25 de octubre de 2007

Riing, riing, soy Pablo

Pues sí, esta tarde me ha llamado Pablo. Dice que me echa de menos así que le propongo que nos veamos para comer.

Exacto, como ya dije "soy una bruja".

miércoles, 24 de octubre de 2007

Tour de force



Ayer mi hija consiguió sacarme de quicio, o de mis casillas, o de donde sea que los niños de cuatro años y medio pueden sacar a una madre, desesperada, a las ocho de la tarde. Desde luego, de donde sí consiguió sacarme fue de casa, como un rayo, con ella en brazos chillando, en dirección al parque.

Yo no iba en bata y rulos porque no uso ninguna de las dos cosas pero, vamos, que lo mismo habría salido a la calle como salí si los hubiera llevado puestos. ¡Menudo cabreo tenía yo!

Sigue la historia: llegué tan feliz -aunque cansada- a casa a las seis y le dije a mi hija que nos íbamos al parque. A mi propuesta ella contestó que no quería porque estaba viendo una peli. Yo, desde luego, no insistí porque ¡maldita las ganas que yo tenía de pasar frío en los columpios con la urgencia que tenía por cambiarme el traje por mis vaqueros preferidos y sentarme a leer un rato!
Así fue y así se hizo, hasta que una hora y media después, cuando se acercaba la hora del baño mi hija se acordó


mamá, que no he ido al parque


Os ahorro detalles, amados míos. Os sea suficiente con saber que sus berridos duraron 45 minutos, durante los cuales yo puse en práctica -una detrás de otra- todas las técnicas de educación infantil que conozco y suelo practicar: diálogo, paciencia, ignorar conductas no deseadas... Hasta que, erre que erre, mi hija consiguió que tuviera ganas de tirarme por la ventana, en lugar de lo cual, la cogí del brazo y le dije


por las barbas de Neptuno que te llevo al parque y te dejo allí para que te enteres


¡Y hay que ver si lo hice! Lo primero, no lo segundo porque, como es natural, de camino al parque mi furia se fue aplacando mientras mi sensación de ridículo se acrecentaba: o sea, te lo juro por arturo, que una mocosa de cuatro años puede con su madre de cuarenta y uno. Vamos a ver, señora mía, que no sabe usted que educar no es precisamente esto.


Ah, pero qué gran consuelo esta mañana cuando se lo cuento a Marta y me dice que ella, una vez, tiró por la ventana los peluches de sus hijas.


Sonríe, amable lector

Me horroriza ir al dentista


Y ahora no tendré más remedio que ir, ¡ay, ay! que se me acaba de romper una muela. Y se me agolpan en la cabeza palabras como ENDODONCIA, EXTRACCIóN, ANESTESIA.

No quiero y no quiero. Necesito que alguien me acompañe: ¿mi hermana? ¿se lo pido a Arancha? ¿a Marta? Ay, ay, yo quiero que me lleve mi papi de la mano y que me diga que no me van a hacer daño.
Ay.

viernes, 19 de octubre de 2007

Hay días bonitos

Y hoy es uno de ellos. Me han subido el sueldo y ¡qué felicidad!

miércoles, 17 de octubre de 2007

Pijamas de señora


Pues sí, señoras y señores, necesito un pijama.

Ya sé que mis más fervientes admiradores -sobre todo aquellos que me ven ahora convertida en una "estrella mediática" gracias a mis últimas apariciones en la prensa- preferirían que les dijera que duermo desnuda en sábanas de seda. Pero no, no es así. A mí me gusta dormir con pijama, calcetines y tapada hasta las orejas, en una especie de mini-cueva.

Así pues, como digo, necesito un pijama porque una cosa es dormir calentita y otra muy diferente llevar varias temporadas con las mismas prendas nocturas. (Ay, no se me vayan, mis lectores favoritos, que ustedes saben bien cuánto juego doy a pesar de estas confidencias íntimas). Con lo cual, esta tarde, aprovechando que mi jefe está enfermo y ha cancelado una reunión vespertina para la que ya había organizado yo quién iba a recoger a mi hija, me he acercado al centro comercial de turno en busca de la preciada prenda.

"¿Los pijamas de señora, por favor?" -me he sorprendido preguntando a la amable señorita.
"Al fondo a la izquierda" -me responde.

Vayamos por partes:
  • que "cualifico" (perdón por el calco de qualify pero me encanta) como señora está claro. No nos engañemos, que a partir de los cuarenta, las mujeres como yo estamos ya en esa sección de los catálogos
  • que eso no quiere decir que a las mujeres como yo nos gusten las puntillas, blondas y apliques de flores en bolsillos, cuellos y puños de pijamas y prendas varias está claro ¡coño! (if you know what I mean)
  • que, a pesar de lo dicho anteriormente, los del ramo de la confección se creen que somo idiotas y nos colocan en los percheros y muestrarios una serie de pijamas que ya les vale, es evidente

En fin, amados míos, que según parece, si quiero dormir como a mí me gusta el pijama que se me asigna es algo así como un floripondio con apliques de Winnie the Pooh adornado con puntillas a troche y moche en versión, eso sí, pantalón-cum-chaquetilla-volantes-en-el-cuello-y-puños o, no te lo pierdas, camisón hasta los tobillos tipo madre de la casa de la pradera.

Eso sí, está, ¡cómo no!, la versión pijama Calvin Klein que por los dos ojos de la cara te permite hacerle publicidad a tu partenaire en la cama: una especie de calvinklein, calvinklein, calvinklein, calvinkein.

En estas reflexiones me hallo cuando me suena el móvil y es este, y el otro, y el de más allá con cosas del trabajo, y mi amiga que está embarazada y no se aguanta a sí misma, y la señorita que me sigue enseñando pijamas, y la hora que se me acaba...

¿Adivinas? O

Obviamente, encontré lo que buscaba. Soy lista (y mala, ¿recuerdas?).

martes, 16 de octubre de 2007

Por fin leo

Anoche me quedé leyendo hasta la una de la mañana. ¿Cómo dices, que eso no tiene nada de especial? ¡Ah, si yo te contara!

Grandes oportunidades para el silencio



Ya habéis visto en el post anterior que el padre de José falleció la semana pasada. Pues bien, cuando lo vi esa tarde, después del entierro, le pregunté:

"Y dime, ¿cómo está tu madre entonces?"
"¿Cuál de las tres?"

¡Boing, boing! ¡Qué gran oportunidad de no preguntar! Ya me lo dijo un día Enrique, que no era conveniente preguntar a la gente por cosas personales, que te puedes llevar muchas sorpresas.

jueves, 11 de octubre de 2007

Ponle un nombre a esto

Ayer por la tarde. Suena el pitidito de mi móvil indicando que tengo un mensaje.

Miro en la pantalla y, en realidad, tengo dos. "Oh, vaya" -pienso- "dos mensajes al mismo tiempo, ¡qué cosas!".

- Mensaje 1: "Adriana por fin ha nacido. Ella y su mamá están perfectamente. Ya os iremos contando más cosas".
- Mensaje 2: "Se ha muerto el padre de José. Un beso. Marta".

¿Cómo es llama esto? ¿Casualidad? ¿La vida misma?

martes, 9 de octubre de 2007

Sabio Marzal


Tiene Carlos Marzal un precioso poema titulado La magia de los días que empieza de esta manera:

La magia de los días no se encuentra
oculta en la excepción de nuestros días mágicos

y continúa diciéndonos que

A través de los días, es casi imperceptible
la magia de los días.

Dice más cosas, todas bellas. Y de ellas me acuerdo cuando mi zapatero me dice que me no me cobra el arreglo del asa de la maleta que está rota, y llego a casa y se ofrece mi vecina a llevarse a la niña al parque un rato, y entra un rayito de sol por la ventana de mi cocina mientras escribo aquí.

Dirás que soy simple. Y quizá tengas razón, al fin y al cabo ¡qué magia tienen estas pequeñas cosas!

Ahora bien, amado lector, si mi felicidad me la construyo con mínimos detalles ¿cuánta más energía tendré mañana para derrochar en otros pasadizos más oscuros?

jueves, 4 de octubre de 2007

Pescado hervido (y 2)


Así las cosas, me doy cuenta -mientras baño a mi hija- de que no hay nada que me impida a mí misma cambiar el pescado hervido por un buen solomillo (if yoy know what I mean). Así que, ni corta ni perezosa, le encargo a mi hija que no se mueva de la bañera -para lo cual le suelto en el agua a sus tres barbies, incluida la magnífica Genevieve, y mira que me resultan redichas en su apariencia esta muñequitas- y me voy directa al baño conyugal donde mi ínclito esposo disfruta de su bien merecida ducha de aguar hirviendo después de una agotadora jornada masculina

cariño, ¿no te parece que nuestra vida sexual es aburrida?

¿Eh, qué dices? que no te oigo con el ruido del agua

Nice try -me digo a mí misma. Lo que pasa es que no me da tiempo a desarrollar el tema por miedo a que mi hija se descalabre en un intento de salir ella sola de la bañera, una vez liquidadas las barbies; y tampoco quiero chillar a los cuatro vientos mi infortunio, teniendo en cuenta que las paredes de nuestra casa son indiscretas y que, lo mismo que yo oigo el reloj de cuco de mi vecina cuando da las horas (el reloj), supongo que ella me oirá si grito a los cuatro vientos

¿no te parece que mi vida sexual es aburrida?

Decido entonces aplazar el ataque para después de la cena, ya con la niña acostada. Eso quiere decir que me obligo a no ir acumulando tareas mentalmente en preparación del día siguiente: no queda fruta, ya veremos; el baby de Lucía está sucio, da igual; si no congelo el pan esta noche se pondrá duro, qué mas da; tengo que contestar a la notita de la profe, otro día....
Eso y un Jack Daniels con hielo, contribuyen, entre risas, a invertir, por un rato, la tendencia de los últimos tiempos.

Aviso a navegantes: las parejas eternas no existen por que sí, hay que construirlas y, te juro por arturo, que hay días que el trabajo es arduo.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Pescado hervido


Mi vida sexual es como un pescado hervido.
Aburrida.
Y sé exactamente qué parte de responsabilidad me corresponde así que ¡allá voy! amadísimo lector.

Intentaré explicarme con claridad no vaya a ser que termines pensando que voy por la vida cual pobre mujer cariacontecida. De eso "nasti de plasti", que los tíos me gustan y ya sabes tú cómo y cuánto. La cuestión es, sin embargo, que a pesar de que me sé de memoria las teorías varias en las que expertos del ramo despliegan su sabiduría en forma de múltiples consejos para la pareja que se desea eterna, a mí, sinceramente, me puede la cotidianidad, es decir, el recoger a la peque del cole, el acordarme de que tengo que sacar la carne picada del congelador para la comida del día siguiente, el poner una lavadora y recoger la ropa seca, el comprobar que aún quedan dos rollos de papel higiénico y que, entonces, no hace falta que vaya al supermercado con urgencia, el acordarme de que tengo que recordar que tengo que llamar a mi madre, el revisar el quinto presupuesto del tipo que nos va a hacer la reforma de la cocina... En fin, mon amour, como podrás comprobar, glamour total.

Así que cuando por fin me voy a la cama (ay, sí, que sí, que ya lo sé, que lo del sexo resulta más fantástico en otro sitio que no sea la cama, si yo te contara...), resulta que me llevo todas estas cosas que te cuento y más y claro, ya me contarás cómo narices puede una responder a la llamada de los instintos cuando lo que tienes en la mente es el bocata de chorizo que tenías que haber dejado preparado antes de acostarte para que mañana por la mañana se lo lleve tu peque al cole ...

¡ay, cariño, espera que bajo a poner una notita en la nevera que no queda pan de molde y mañana tenemos que comprar!

¿Ves? Lo que te decía, así no hay forma.

En honor de Enrique


Hay que tener metas en la vida. No se puede, o no se debe, ir errante de un sitio a otro sin rumbo fijo, so pena de caer en la melancolía o la depresión. Las metas nos orientan [...] Necesitamos metas y para marcarse metas necesitamos problemas. No es fácil vivir sin problemas, y el que no los tiene se los inventa. Los problemas suelen nacer de varias fuentes. Una de ellas puede ser la insatisfacción sentida al acabar un trabajo, y otra, la contraria, a saber, la necesidad de encontrar aires nuevos y salir de lo que nos estuvo agobiando durante cierto tiempo.

martes, 2 de octubre de 2007

Llueve


Tengo buenas amigas que se preocupan por mí y aunque yo no diga nada, saben que no estoy bien. Eso me hace sonreir.

Me acuerdo de mi madre y me obligo a llamarla un rato mientras preparo la cena. Me cuenta algunas cosas intranscendentes y eso me hace sonreir.

Y como llueve, sonrío. Me gusta cómo huele la lluvia.

¿Y yo qué?

Llevo un par de días intentando descubrir por qué estoy de tan mala leche y, la verdad, no encuentro ninguna razón. Sólo sé que se me hacen insoportables las cosas cotidianas y que ya no me queda paciencia para nada.