miércoles, 3 de octubre de 2007

Pescado hervido


Mi vida sexual es como un pescado hervido.
Aburrida.
Y sé exactamente qué parte de responsabilidad me corresponde así que ¡allá voy! amadísimo lector.

Intentaré explicarme con claridad no vaya a ser que termines pensando que voy por la vida cual pobre mujer cariacontecida. De eso "nasti de plasti", que los tíos me gustan y ya sabes tú cómo y cuánto. La cuestión es, sin embargo, que a pesar de que me sé de memoria las teorías varias en las que expertos del ramo despliegan su sabiduría en forma de múltiples consejos para la pareja que se desea eterna, a mí, sinceramente, me puede la cotidianidad, es decir, el recoger a la peque del cole, el acordarme de que tengo que sacar la carne picada del congelador para la comida del día siguiente, el poner una lavadora y recoger la ropa seca, el comprobar que aún quedan dos rollos de papel higiénico y que, entonces, no hace falta que vaya al supermercado con urgencia, el acordarme de que tengo que recordar que tengo que llamar a mi madre, el revisar el quinto presupuesto del tipo que nos va a hacer la reforma de la cocina... En fin, mon amour, como podrás comprobar, glamour total.

Así que cuando por fin me voy a la cama (ay, sí, que sí, que ya lo sé, que lo del sexo resulta más fantástico en otro sitio que no sea la cama, si yo te contara...), resulta que me llevo todas estas cosas que te cuento y más y claro, ya me contarás cómo narices puede una responder a la llamada de los instintos cuando lo que tienes en la mente es el bocata de chorizo que tenías que haber dejado preparado antes de acostarte para que mañana por la mañana se lo lleve tu peque al cole ...

¡ay, cariño, espera que bajo a poner una notita en la nevera que no queda pan de molde y mañana tenemos que comprar!

¿Ves? Lo que te decía, así no hay forma.

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