miércoles, 28 de noviembre de 2007

¡Qué bien sienta llorar a veces!


Pues eso: llegas, le sueltas el torrente de lágrimas a un buen amigo, escuchas sus consejos como un rayito de luz que viene de lejos y te quedas mejor.

Eso sí, te tienes que recomponer el maquillaje después, para que nadie lo note.

lunes, 26 de noviembre de 2007

03.55

Buenas noches.

03.45

Necesito saber dónde estoy. Igual es la crisis de los cuarenta que me está llegando a los casi cuarenta y dos pero, oye, estoy que no me encuentro.

Ya he dicho antes que me aburro en el trabajo y tal, pero es que me falta alguien con quien hablar el mismo idioma. Sí ya sé que esto suena a la misma autosuficiencia que más abajo criticaba en Pablo ¿o era Marcos? pero, ¿qué quieres? soy así.

Conforme ha ido desapareciendo gente con la que podía poner en marcha proyectos interesantes y divertidos, me da la impresión de que me he quedado sola y aburrida en un rincón. Me invento cosas para pasar el rato pero, de verdad de verdad, "at the end of the day" como dicen mis amigos los ingleses, cuando me acuesto siempre me hago la misma pregunta ¿y qué?

También es posible, ahora que lo pienso, que lo que me ocurra sea que Lucía empieza a dejarme ratillos libres y que yo esté ahora volviendo a aprender a llenarlos.

03.35

Ya me siento mejor: un tema menos. Vamos ahora con la anécdota del día, se llama Luis y sus palabras tienen la ¿virtud? de desestabilizarme como un dardo certero en la palabra.

No me gusta su compañía pero, como es inevitable que entre y salga de mi vida, tengo que hacer el ejercicio (como diría mi jefe) de aprender a manejar las situaciones con él. Me recuerda, Luis, a la serpiente del libro de la selva, suavecita, suavecita, habla despacio y te va hip no ti zan do has ta que se te cie rran los o jos y en ton ces

¡ZACA!

te lanza el veneno.

Normalmente procuro no moverme en su área de influencia pero, qué quieres, no siempre se pueden evitar las situaciones incómodas.

03.15

Así las cosas, querido, lo mejor es dar salida a las cosas que me rondan y terminar cuanto antes con este "centrifugado" mental. Cuando acabe, me acostaré de nuevo.

Primero: el viernes comí con Pablo. ¿O era Marcos como convení en llamarle? En realidad da igual, ya sabes, porque cada vez que le veo, consigue hacerse más minúsculo en mi vida. Sé que esto que digo es una crueldad pero ¿por qué debo mentirme a mí misma?

La cuestión es que estar con Pablo -¿o era Marcos?- me incomoda progresivamente porque tengo la impresión de que me necesita para escenificar su vida. Él dice que conmigo se siente un hombre objeto y, a lo mejor, tiene razón pero ¿qué más da? Nunca le dije que me iba a enamorar de él, y eso que en peligro estuve, y desde siempre estaba claro que todo era sexo y en eso estuvimos siempre de acuerdo.

Claro que, cuando el sexo acabó él quiso que viniera la amistad pero, ya ves, yo no termino de verlo. Algo hizo un día, creo que fue su manera de coger la taza para tomar café después de una comida, que me incomodó. Era una especie de autosuficiencia por la situación, algo así como la satisfacción por la "presa vencida" que me dejó estupefacta y me llevó a pensar que la relación no iba a durar mucho.

Desde entonces, él aparece y desaparece, pero yo no quiero estar. Me aburre su compañía porque me lo sé de memoria. A Pablo, ¿o era Marco?

03.00

Son las tres de la mañana y, de nuevo, no puedo dormir. Antes, el estar despierta a estas horas me producía una especie de ansiedad pero, desde que soy madre, sé que la noche está tan llena de cosas que estar aquí y ahora escribiendo no es más que otro modo de compartir el universo con otra gente que, por elección, obligación o destino, se encuentran con los ojos abiertos en la madrugada.

Ahora mismo hay niños llorando y mamás en camisón preparando biberones, parejas que hacen el amor como si fuera la primera vez, solitarios que miran las estrellas, barrenderos, basureros y enfermeras, mujeres en vela cuidando de sus ancianos, hombres de negocios sesudos desentrañando los misterios del día siguiente, nerviosos estudiantes, novias que se casan el viernes, hijos desconsolados por la pérdida de su padre, panaderos que casi empiezan su jornada y chavales que ponen copas terminando de cerrar el local, locos de secondlife buscando un amigo, ingenieros terminando sus puentes, pintores buscando un color, mi madre leyendo un libro (mamá ¿es que no te vas a dormir).

Y yo.

Galletas de chocolate


Me aburro, me aburro y me aburro. Sí, de acuerdo, me paso el día contestanto correos, contando cosas a un par de grupos de niñas adolescentes y, de vez en cuando, escuchando a la gente en reuniones. ¿Y qué?
De mis clases, si tuviera que elegir, me quedaría con Raúl y Ana, por sus ganas de hacer bien las cosas. De los correos, sin dudarlo, me quedo con los de Otto y Rafa -los este último tan escasos que cuando los recibo los leo y releo para que me duren, lo mismo que las galletas de chocolate de cuando era una niña. De la gente y sus reuniones, nada. Y lo siento de verdad porque a todas ellas voy con el deseo de aprender.

Así que me aburro y me aburro. Bla, bla, bla.
Me inventaré algo y saldré de esta monotonía pero, mientras, así estoy.

Cuando te arrastra la corriente


Una de las cosas más ridículas del mundo es perder los nervios y enfadarse por cosas que no tienen importancia.

Todos los días, cada minuto y segundo del día, evalúo y reevalúo constantemente en qué debo poner mi interés. Dirás que es un gran esfuerzo estar siempre pendiente de qué es importante y qué no, pero para mí es simplemente una manera de estar y equilibrar las fuerzas que pretenden arrastrar mi vida.

Por ejemplo:
  • evalúo por las mañanas qué me conviene más, si pasar un rato de juego con mi hija antes de levantarla de la cama o despertarle y obligarle a que se vista rápidamente y así ganar unos minutos más para mí.

  • evalúo, en las discusiones con mi esposo, hasta qué punto vale la pena empeñarme en una postura si, al fin y al cabo, por su carácter, él siempre va a querer tener la razón. La vida es larga, me digo siempre, y en el devenir de las cosas estoy segura de que voy a encontrar una oportunidad de conseguir lo que quiero.

Esta manera de ser no es ni más ni menos que un modo de relacionarme con la gente, ni mejor ni peor, que me permite mantenerme en un equilibrio que me lleve a la felicidad.

Pues bien, a Otto le debo una explicación de por qué me enfadé tanto con él. En absoluto me falló, fui yo la que se dejó llevar por las circunstancias. Creí que me faltaba información y, en realidad, no supe verla cuando la tenía delante de mí. Yo misma me sigo preguntando aún por qué perdí los nervios. Y ahora me siento estúpida por no haber sabido estar a la altura de las circunstancias.

... pero dejémoslo ya, que esto parece una pelea de enamorados.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Explosión


Estoy tan enfadada con él que es posible que acabe explotando. Yo, él no. Aunque, ahora que lo pienso, ¿por qué yo?

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Me preguntabas qué significa ser padre


-Mamá, ¿sabes que el papá de Marcos está en el cielo? -me pregunta Lucía cuando la saco de la bañera.

-¿Sí?

-Sí, mamá, y le cuida desde el cielo, cuando reza -continúa- y su mamá le cuida en la tierra.

-Vaya -y empiezo a vestirla como si nada, pero se me encoje el corazón temiendo lo que viene a continuación.

-Y tú mamá...

-¿Sí?, dime -le animo.

-¿Tú? -duda.

-¿Sí cariño?

-Nosotros, nosotros estamos en la Tierra -me abraza.

-Claro, cielo, nosotros estamos en la Tierra. Tú, y papá y yo.

-Sí mamá, nosotros estamos en la Tierra que es más divertido -me abraza fuerte y me sonríe.

-Claro, mi niña, en la Tierra que es más divertido -le abrazo fuerte.

Lucía se queda satisfecha.

martes, 20 de noviembre de 2007

La comida eternamente postpuesta



Sin rodeos: hoy me había vestido para Otto. Así, sin más, tal cual te lo cuento.

Hace una semana concertamos la cita para hoy así que anoche, antes de acostarme, pensé cómo iba a presentarme a la comida: la falda, el jersey, las medias y los zapatos. Todo decidido, excepto los pendientes, dejados un poco al azar esta mañana. Al final, los de piedrecitas azules.

Todo preparado, todo listo para gustarle. Porque sí y aunque no deba. ¿Qué más da, si al final la vida es más divertida si eres un poco más mala de lo debido?

La comida se ha cancelado y, por lo que parece, mi indumentaria era la correcta, a juzgar por los comentarios: ¡Judith, estás guapa hoy!, ¡Judith, me gusta tu pelo!, ¡Judith, qué bien te veo! Pero lo que yo quería era ver a Otto y reirme infinitamente con él.

Y a lo mejor, si le pillaba despistado, robarle otro beso como aquel.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Mi periodoncista

Mi periodoncista se llama Margarita y este martes lee la tesis. Es morena y tiene las cejas bien depiladas. Las manos no le tiemblan y su voz es dulce.

Mi periodoncista estuvo trabajando con mi boca casi 45 minutos y mientras, entraban y salían otras mujeres de la habitación: la ortodoncista, la higienista y una becaria. Dos de ellas eran morenas y llevaban pendientes con una perla grande. Entraban, se asomaban a mi boca, sonreían un segundo antes de concentrarse en el trabajo de Margarita y luego, discretamente, se marchaban.

Gracias a mis sesiones de concentración de estos días hubo un momento en el que yo ya no estaba allí y sólo mis encías permanecían en la estancia. Margarita no me hablaba a mí pero su voz era tan suave que me transporté a otro lugar.

Ahora tengo la boca absolutamente inmaculada.

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿Cuál es tu secreto?


Todos tenemos secretos y basta que se den las circunstancias precisas para que los acabemos contando.


Solía pensar que estas "circunstancias" venían con la noche y la intimidad pero, desde que soy madre, me he dado cuenta de que la puerta del cole, el banco del parque o la caja del supermercado son situaciones más que idóneas para escuchar confesiones.


¿Por qué no?


Esta misma tarde, por ejemplo: en casa de Arancha, haciendo galletas de Navidad con los niños y con una copa de vino en la mano (nosotras, no los niños) han salido viejas historias que me han puesto los pelos de punta.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Impecable


Fíjate en este adjetivo: impecable. ¿No te parece espectacular que una palabra pueda decir tanto?
Hacía tiempo que no la usaba y el otro día se me apareció como venida de la nada y, desde entonces, no dejo de repetirla: impecable, impecable, impecable.

lunes, 5 de noviembre de 2007

La ciudad


  1. Me encuentro en la ciudad por razones digamos ¿higiénicas? -ya sabes, mi dentista está como loco con mis encías- así que aprovechando que "el Pisuerga pasa por Valladolid" se me ocurre llamar a Pablo por si da la casualidad de que nos podemos ver. Pablo está ocupado y no podemos quedar pero se despide con un tierno "te echo de menos". Mi autoestima sube muchos enteros. Je.

  1. Un rato largo después hablo con Otto sobre cosas variadas y se despide contándome que está de paseo por la ciudad. Sonrío y una parte de mí se acuerda del frío de las tardes de casi invierno compartidas con la persona a quien amas. Mientras, yo, en casa, acabo de bañar a Lucía y atesoro para el futuro la calidez de sus besos y mimos de niña recién salida del baño.

  1. Mi esposo y yo estamos tan discutidos que ya ni hablamos del tema. Nos comunicamos funcionalmente y eso basta desde hace algunos días. Yo sé qué le pasa pero él no sabe a mí qué.

viernes, 2 de noviembre de 2007

La boda de mi mejor amigo


Quedar con Rafa para tomar café me pone siempre de buen humor.

Superadas ya las trampas de la atracción física y emocional (y cuidado que no digo que si él me lo propusiera me lanzaba al hiperespacio de su mano, ipsofácticamente), destilados los afectos en una especie de complicidad estupenda, sé por fin que si me dice "voy" o "de acuerdo" es cierto que viene o que confirma su cita. Con lo cual, amables lectores, me siento feliz de tener su conversación inteligente durante un rato.

Y esto es así porque nos conocemos desde hace tanto tiempo que tenemos varios cientos de pequeñas historias a las que remitirnos con un guiño de un ojo o de la conversación. Por ejemplo: los tatuajes. Por ejemplo: las formas de vestir de la gente que nos rodea. Por ejemplo: las poses de este o aquel. Por ejemplo: lo que debe decirse o lo que debe ser, o lo que debemos mostrar, o lo que podemos aparentar.

No es de extrañar entonces que cuando en su boda me senté en el banco de la segunda fila, justo detrás de su familia (a la que casi no conozco) me sintiera más cerca de él de lo que nadie podía suponer.

¿Cómo dices? ¿Que aún no te he contado nada de su boda?

¡Oh, vaya!