
Ay, señoras y señores, improbable lector, tengo unas ganas de irme de vacaciones que ¡menudas ganas que tengo!
Quiero estar ya en el magnífico cortijo en mitad del campo haciendo lo que más me gusta: desaparecer. Sentada en el porche con los sobrinos corriendo alrededor persiguiendo a un pobre conejo; llevándole a mi suegro una bandeja con carne para la barbacoa; o mirando a las musarañas mientras mi cuñada va a la nevera a por otra botella de cava. ¡Yo qué sé!
La técnica ésta de desaparecer en público la tengo muy depurada: miras a un punto fijo, pones cara de estar muy interesada en lo que está ocurriendo a tu alrededor y te transportas a donde sea que quieras estar (o a ningún sitio, que para el caso es lo mismo). Normalmente, yo donde quiero estar es en la nebulosa de mis pensamientos, que allí se está muy bien y nadie me molesta. Es algo así como escribir de corrido en este blog y ¡zas, zas, zas! solucionar toda tu vida de un plumazo. Te quitas las telarañas del cuerpo, te echas unas risas de ti misma, te miras desde fuera y por dentro y, al terminar, te quedas hecha un pimpollo.
Cuando termino, estoy lista de nuevo para la acción.

2 comentarios:
¿Y es ésta la técnica que utilizas en las reuniones de trabajo?
Interesante e inteligente pregunta. Así, entre nosotros, te confesaré que todo depende de mi interlocutor, su destreza verbal, su capacidad de gestión y su habilidad para la persuasión, entre otras cosas. Por lo demás, te diré que tengo la suerte de tener un jefe que reúne mágníficas cualidades para serlo con lo cual, lo de "desaparecer" en mitad de una reunión lo hago muy esporádicamente y, muchas de las veces, si él está presente, acaba dándose cuenta. ¡Es un lince! te lo juro...
Publicar un comentario