¿Alguna vez te has pillado un dedo al cerrar una ventana corredera? ¿Recuerdas? Es un dolor hondo, profundo y quizá más, por inesperado.
Hace sol, cantan los pájaros y bla, bla, bla, y tú vas a cerrar la ventana, despistado y cuando crees que ya has cerrado, miras a otro lado y ¡zas! te pillas el dedo. Te duele y, aunque crees que si te lo sujetas te va a dejar de doler, cada vez te duele más y más, hasta que por fin te das por vencida y te sientas a llorar en un rincón.
Es un dolor que tarda mucho en pasarse. Y lo peor es que no terminas de comprender cómo has podido despistarte de esa manera.
Así estoy yo.
martes, 11 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Judith,
El trabajo es sólo trabajo y las opiniones de los demás no tienen porque ser la acertadas.
Recuerdalo mientras que te apretas el dedo para que te duela menos.
Un beso,
Publicar un comentario