
Me reiría si no fuera porque en el fondo de todo me queda una pena profunda de la gran separación emocional que empieza a crecer entre mi esposo y yo.
La cuestión es que acabamos de empezar las obras de reforma de nuestra cocina y nos hemos mudado a casa de mi hermano, a unos 50 minutos de viaje en coche de nuestra casa y del cole de mi hija, y a una media hora de mi trabajo... Cuento todo esto porque seguro que acaba volviendo a salir en algún post de las próximas semanas. Pues bien, mi marido se dejó ayer olvidada su maleta en la oficina y esta mañana, el móvil en mi coche.
Mientras tanto, yo me encargué impecablemente, de trasladar hasta nuestro "alojamiento provisional" la siguiente lista de cosas:
- la cuna de viaje de mi hija y su correspondiente colchón
- las sábanas, mantas y edredón para nuestras camas así como las toallas para todos nosotros
- mi maleta y la de mi hija, sin olvidar su uniforme, el bañador y el gorro para sus clases de natación y la mochila de Pocoyó en la que lleva sus cosas al cole
- toda la comida que he sacado de la nevera y que me llevo para que no se estropee
- el muñeco-bebé de mi hija
- mi secador de pelo para no tener que molestar a mi cuñada por las mañanas (acaba de tener un bebé y no es cuestión de tener que despertarla temprano)
- una bolsa con todos mis zapatos (¿exagerada? no, harta de empaquetar cosas y pensar qué necesitaré. Simplemente lo metes todo en la maleta y ya
- otra bolsa con todos los zapatos de mi hija: los de por si llueve, los de por si hace calor, las deportivas, las de estar por casa, los del cole...
- ...
Y mi marido se deja atrá su maleta...
Podría reirme, como ya he dicho.

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