miércoles, 6 de febrero de 2008

La educación de Óscar Fairfax


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Cuando me compro un libro experimento un placer parecido al que siento al pasar una tarde entera contigo.

No me vale cualquier libro, como tampoco me vale cualquiera que no seas tú. Y el rato que paso mientras lo busco en las estanterías es tan hondamente intenso como cualquiera de nuestras conversaciones de las pocas tardes que nos vemos.

Hoy buscaba dos libros, uno recomendado por mi amiga Grace y otro fruto de la curiosidad originada por una reseña en un periódico. El primero era fácil de encontrar, de una autora muy leída, así que me he concentrado en el segundo: La educación de Óscar Fairfax.

Antes de que Lucía llegara a mi vida, yo no era consciente del valor de pasar una tarde buscando un libro. Simplemente era algo que ocurría con frecuencia y a lo que dedicaba el tiempo que fuera necesario. Ahora es diferente. Cada minuto que no estoy en casa es un minuto que añado a la bolsita donde guardo las gotitas del sentimiento de culpabilidad por no ocuparme de mi hija.

¡Ay, pero me resulta tan placentero llenarme el espíritu de libros!

*[La imagen de este post es de The Satorialist 28 de enero 2008]

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