
Como estoy de vacaciones, parece que me ha dado por poner en claro las ideas, oye, y así estoy, que entre la playa, la siesta y el irme de rebajas, pues como que empiezo a preguntarme a mí misma cómo es que me dio por liarme con los tipos con los que me lié en estos últimos años. Vamos, que tampoco han sido tantos como te puedas pensar. ¿Número? -preguntas. Ni de coña te lo voy a decir, que luego haces cuentas y me pones colorada.
La cosa es que ahora que parece que el sexo me interesa nada y menos, creo que la clave de todo estuvo en que empezaba a cumplir los cuarenta cuando se me pasó por la cabeza que podía convertir en realidad las ideas locas que me rondaban. ¡Exacto! Mi particular crisis de los cuarenta, sí, pero que conste que yo lo he dicho antes. Así que me monté mi película, me aseguré de que me inventaba algo creíble que me eximiera de culpa y me lancé a la aventura.
Y ahora tengo 42 años, el sexo me interesa poco y soy igual de feliz. ¿Se puede ser más simple?

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