lunes, 4 de agosto de 2008

Gran macho ibérico



Él se encargaba de una parte de la cena ¡señores!: "tataki de atún". Gran expectación ya que coompetía con las dos bandejas de gambas perfectamente dispuestas en círculo que había preparado Juan.

El hombre parecía decir "dejadme solo", entre ajos, batidora y variados utensilios. En realidad, por los acontecimientos que siguieron, lo que el hombre quería era estar rodeado de la admiración de los de su especie. ¡Ay, pero qué coñazo los hombres así!

Total, que me senté con una de las invitadas a que me regalase el oído diciéndome lo mucho que recordaba mis palabras y consejos de cuando yo cumplí los cuarenta ahora que ella llegaba a esa edad. ¡Je! Lo más gracioso de todo es que me planteaba una y otra vez que esto de haber "catado" a un sólo hombre, esto es, con el que se casó, pues como que no..... En fin, a esta pregunta no le podía responder ¿te imaginas?

Como el hombre del tataki de atún ya tardaba en salir de la cocina con su exquistio manjar, mi amiga y yo cada vez nos reíamos más y agotábamos las copas más rápidamente. Hasta que, por fin,

apareció

Él y su bandeja.

Y los estúpidos comentarios machistas con que nos aderezó la cena. Los que más me dolieron fueron los que dirigió a su esposa cuando ella salío un momento de la habitación.

Te lo juro: a un tipo así habría que caparlo tres veces seguidas, a ver si con voz de eunuco sus estupideces sonaban igual. El colmo de los colmos fue cuando al día siguiente me enteré de que es el director financiero de una empresa importante (sí, sí, de las que salen en las páginas salmón). ¿Entiendes ahora, nena, por qué hay tantas gilipolleces de tus jefes que no entiendes y que nunca llegarás a entender? Por lo menos hasta que no te sirvan ellos mismos un tataki de atún.

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