Mi hija hoy ha cumplido cinco años.
En lugar de pasar la tarde con ella, he pasado el día entero intentando dar satisfacción a los egos insaciables de personas sin escrúpulos, individuos que no dudan en echar por tierra con una palabra, incluso con un gesto, el pequeño castillo de naipes del agotador esfuerzo personal.
Seguiremos trabajando y seguiremos pasando los cumpleaños de nuestros hijos a otro día y nuestros jefes seguirán pensando que somos transparentes, a excepción de la pequeña mancha que encontrarán en mitad de nuestra tarea y sobre la que construirán una excusa para justificar su falta de autoestima.
miércoles, 2 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario