miércoles, 6 de febrero de 2008

Señora, ¿me queda bien este cuadro?





En otro blog que tuve hace algún tiempo escribí una nota una vez sobre una señora que preguntaba qué libro estaba de moda esa temporada. Recuerdo que entonces disimulé mi perplejidad escondiéndome detrás de una estantería de libros de cocina, lo cual me hizo perder el turno en la caja para pagar a favor de un señor que, obviamente más avispado que yo, consiguió colarse entre la pregunta y una servidora y salir de la librería mucho antes que ninguno de los que presenciábamos la escena.

En fin.

Ahora bien, lo de hoy ha sido "mundial". Estaba yo tan feliz, ensimismada, terminando de decidir los watios que necesito para las bombillas del aplique de mi baño, que si 40W o mejor 60W, en los grandes almacenes donde todos acabamos comprando tarde o temprano, cuando escucho detrás de mí

¡Señora, señora!

¿Ein, yo? Pues sí, parece que el grito tiene mi nombre. "Dígame" -respondo amable.

"Mire, señora, ¿le gusta este cuadro?" -y se aparece ante mi una de esas piezas murales que siempre me han resultado antipáticas y feas porque no sólo son burdas reproducciones de algún original sin nombre sino que además exhiben su fealdad con el orgullo que da la seguridad de que acabarán en el salón de alguna casa de alquiler: "total, para decorar la pared de un inquilino vale cualquier cosa, lo mismo que sirve el peor colchón que nos vendan y hasta el batiburrillo de muebles que por fin conseguimos quitarnos de encima cuando mamá alquila su piso".

Por un segundo me tomo la pregunta en serio y miro y remiro la obra en cuestión para detenerme en la horrorosa combinación de ocres, amarillos y verdes de una composición poco acertada.

"Pues sí, me gusta" -qué pregunta, me digo, ¿en realidad piensa esta señora que le voy a decir que no? Para asegurarme de la respuesta, miro a la mujer con detenimiento y veo a a alguien que, como yo muchas veces, necesita reafirmarse en su elección.

"Sí, sí, me gusta, un buen cuadro" -continúo.

"¿Cree que me quedará bien con la pared amarilla de mi salón?" -insiste.

"Joder con la insistencia de la señora" -pienso y sonrío entre dientes- "uy, por supuesto, claro que sí, con el amarillo queda impresionante".

La mujer se detiene a contemplar satisfecha su próxima adquisición y en ese momento aprovecho para huir despavorida.

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