Pues no va y se me pone el pelo verde de tanto bañarme en la piscina. Vamos, ¡quién me lo iba a decir a mí! A estas alturas de la vida.
En fin, la cosa es que me he pasado quince días dentro del agua con mis sobrinas, mi hija y los amiguitos de todas ellas. Cuando no era en la "pisci" era en la playa. Y, claro: el pelo verde.
El año pasado anduve yo más avispada y me echaba potingues variados a cada rato para que ni el sol, ni el salitre, ni el cloro, ni la madre que los parió a todos, me dejaran el pelo destrozado. Sin embargo, este verano, no sé, quizá porque me veo más suelta con mi vida, o porque estoy más despistada o probablemente, incluso, debido a que hay cosas que me dan igual, o a lo mejor es porque con tanta niña a mi alrededor y tantos cachivaches que tengo que meter en la bolsa de la playa ni siquiera me he acordado, o porque se me ha olvidado (¿es lo mismo?), ¡qué sé yo! ... ni lo pensé.
Total, que llega mi cuñada y acaricia el pelo de su hija Claudia y le dice con sonrisa: "mi pequeña marcianita, con el pelo verde". Y yo, esa noche, ante el espejo, me miro con detalle y digo
YO TAMBIÉN.
Horror.
miércoles, 15 de agosto de 2007
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