
Fíjate en este adjetivo: impecable. ¿No te parece espectacular que una palabra pueda decir tanto?
Hacía tiempo que no la usaba y el otro día se me apareció como venida de la nada y, desde entonces, no dejo de repetirla: impecable, impecable, impecable.
Hacía tiempo que no la usaba y el otro día se me apareció como venida de la nada y, desde entonces, no dejo de repetirla: impecable, impecable, impecable.

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