
Alguna vez conté en otro blog que hice desaparecer -"a lo hecho, pecho"- un par de historias sobre mis piernas.
Letimotiv.
Había una de Luis diciéndome que tengo las piernas más largas de la universidad y otra que contenía una reflexión propia sobre todas las cosas que pudieran haber provocado ellas, de haberlo sabido a tiempo su dueña.
Así que, andando con mis piernas de camino a recoger a mi hija, ¡plinc, encuentro mágico!, me tropiezo con David, que sólo hace treinta días acaba de dejar de ser alumno mío -ay, que ahora me acuerdo de que también tenía un post sobre este chico en el blog que clausuré...- y, ni corto ni perezoso, me coge de la cintura (uhm) con soltura, me sonríe y me dice: "las piernas más largas de la universidad. Cuatro años embobado mirándolas".
Bueno, y ahora qué quieres que te diga sobre mi autoestima de mujer madura.
Llevo toda la tarde con la sonrisa pegada a la boca.

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