
Mi hermana dice que admira la capacidad que tengo para abstraerme de según qué cosas y no dejarme llevar por pensamientos negativos. Mi hermana, de hecho, me pregunta si alguna vez pienso en negativo. ¡Qué graciosa!
Lo que le ocurre a mi hermana es que está en mitad de una crisis, la misma que sufrimos las mujeres cada cierto tiempo y que se llama: cómo puedo encontrar el equilibrio entre mi vida familiar y mi vida profesional. Ya sabes, eso que ahora los modernetes llaman "conciliación de la vida laboral", ¿o es de la familiar? Da igual el nombre, el caso es que andamos todas como malabaristas en una cuerda floja...
En estas reflexiones andamos cuando aparece mi cuñado quien, cual flautista de Amelín con Playstation en lugar de flauta, consigue llevarse a los niños un poco más allá de donde estamos las mamás e hipnotizarlos un ratillo. De repente, se hace el silencio. Glorioso -y sólo si eres madre sabes a qué me refiero.
Lo que le ocurre a mi hermana es que está en mitad de una crisis, la misma que sufrimos las mujeres cada cierto tiempo y que se llama: cómo puedo encontrar el equilibrio entre mi vida familiar y mi vida profesional. Ya sabes, eso que ahora los modernetes llaman "conciliación de la vida laboral", ¿o es de la familiar? Da igual el nombre, el caso es que andamos todas como malabaristas en una cuerda floja...
En estas reflexiones andamos cuando aparece mi cuñado quien, cual flautista de Amelín con Playstation en lugar de flauta, consigue llevarse a los niños un poco más allá de donde estamos las mamás e hipnotizarlos un ratillo. De repente, se hace el silencio. Glorioso -y sólo si eres madre sabes a qué me refiero.
Mi hermana me dice que recuerda el día que pasamos juntas en el hospital a la espera de mi legrado con absoluta admiración por cómo supe quitarle importancia y no agobiarme. Yo le digo a mi hermana que soy yo quien la admira a ella por haber transformado, con su compañía, un infame episodio en un recuerdo magníficamente feliz. Mi esposo estaba ingresado en otro hospital con diverticulitis y, ese mismo día, yo había perdido el bebé que esperaba. Sólo había dos opciones: llorar o reir.

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