jueves, 16 de agosto de 2007

Been there, done that!


En la época en que Beth y yo hacíamos juntas viajecillos por Europa, allá por el inicio de la década de los noventa, nos inventamos una especie de juego para pasar las horas muertas en los viajes en tren. Lo llamamos Been there, done that y venía a ser una especie de remedo del afán del turista de autobús en versión norteamericana que se conforma con llegar, pongamos por caso, frente a la tour Eiffel para anotar, acto seguido, en su libreta de cosas por ver y hacer: "hecho".

Este jueguecillo nos entretuvo bastante por entonces y nosotras mismas lo usábamos, casi en serio, después de pasar una mañana -atentos todos a nuestro glamour intelectual- en el Rijksmuseum en Amsterdam.

Been there, done that.

La frasecita se convirtió, de puro usarla, en un guiño secreto para las cosas de la vida cotidiana (una película que habíamos visto, un libro que había que leer, un restaurante por conocer...) y llegó, cómo no, hasta nuestros chicos. Y así fue cómo la expresión es ahora parte de mi vida familiar.

Pues bien, en estos días en que ando por Second Life vestida de Galatea Capalini, haciendo el chorra e intentando descubrir qué tiene de interesante este chisme creo que ya mismo le cuelgo el been there, done that y dejamos el asunto zanjado.

Al fin y al cabo, como dice Andrés, no es más que un chat un pelín sofisticado, por mucho que Victoire de Castellane se empeñe en diseñar allí sus joyas virtuales en el Belladone Island.

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