martes, 20 de noviembre de 2007

La comida eternamente postpuesta



Sin rodeos: hoy me había vestido para Otto. Así, sin más, tal cual te lo cuento.

Hace una semana concertamos la cita para hoy así que anoche, antes de acostarme, pensé cómo iba a presentarme a la comida: la falda, el jersey, las medias y los zapatos. Todo decidido, excepto los pendientes, dejados un poco al azar esta mañana. Al final, los de piedrecitas azules.

Todo preparado, todo listo para gustarle. Porque sí y aunque no deba. ¿Qué más da, si al final la vida es más divertida si eres un poco más mala de lo debido?

La comida se ha cancelado y, por lo que parece, mi indumentaria era la correcta, a juzgar por los comentarios: ¡Judith, estás guapa hoy!, ¡Judith, me gusta tu pelo!, ¡Judith, qué bien te veo! Pero lo que yo quería era ver a Otto y reirme infinitamente con él.

Y a lo mejor, si le pillaba despistado, robarle otro beso como aquel.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta mañana me he encontrado con Otto, un Otto tan ensimismado en su vivir su vida que, a veces, no es consciente de las vidas de los demás y, lo que es peor, que esas otras vidas también forman parte de la suya.

Un Otto que lleva retrasando eternamente un encuentro (no profesional) con una vieja amiga que apareció cuando menos esperaba y que le sigue sorprendiendo cada día. Como no es propio de él retrasar nada se lo he preguntado directamente. Pero Otto, dime…, ¿por qué retrasas esa comida sine die?..., él ha puesto esa expresión tan suya con el ceño fruncido, ganando tiempo para encontrar la respuesta adecuada, y al final se ha limitado a encogerse de hombros mientras me decía “no sé, tal vez sea miedo de no estar a la altura de lo que Judith espera de mí”.

Así que era eso. Una solemne tontería. Por lo que yo sé (y otras veces adivino), la opinión de Judith siempre ha sido muy importante para Otto y, más importante aún, la opinión que ella tenga de él. A veces siente miedo escénico por defraudarla al contarla algo de él que ella no espera, al no haber dado la respuesta acertada a la pregunta planteada o, simplemente, por estar más ausente de lo que sería deseable. Además, creo que en este momento está en un paréntesis vital y hasta que no lo cierre no quiere quedar con Judith para contarle todo de arriba abajo (igual que ella le escrutinia a él cuando lo ve). Total, que “unos por otros la casa sin barrer, la mesa sin poner y la comida pospuesta para otra mejor ocasión”.

Lo que te digo, una tontería de remate. Así se lo he dicho aunque él ya lo sabía. Y lo que más rabia le da es no haber visto a Judith en todo su esplendor (vestida para él). Me dice que no comenta nada en su blog acerca de su calzado, pero que está seguro de que se puso zapatos sin tacones para intimidarle un poco menos. Y luego, como el que no quiere la cosa, me cuenta un secreto casi al oído. “Hoy tenemos un acto de estos de mucha pompa. Viene a darnos una conferencia alguien que en su día fue alguien y que seguro que nos contará alguna anécdota interesante por la que merezca la pena asistir a su charla. Y claro, desde Dirección nos han pedido que vengamos elegantes para recibirle en la “zona noble”. Pues…, ¿sabes qué?, he decidido ponerme mi traje de cuello mao…, pero no porque sea el más elegante que tengo. Nada de eso…, me lo he puesto para ella.., porque sé que le gusto así vestido. Esa será mi pequeña sorpresa, nuestro secreto compartido, y la manera en que la pediré disculpas en silencio por no haber comido con ella ayer”.

Judith perpleja dijo...

A ver, anónimo, que me parece que no estamos hablando del mismo Otto. El Otto al que yo me refiero nunca aplaza nada por miedo, es más, se enfrenta los mayores desafíos con seguridad -a lo mejor fingida, sí, ¿y qué?- y consigue salir airoso de más de una situación. Lo he visto.
El Otto al que yo escribo es el que ha sido valiente y ha saltado al vacío sin red, al que ahora, todavía, le quedan trocitos de su vida por recomponer. Es el Otto que conquista al adversario, el Otto luchador y desafiante, el genial Otto, soñador, romántico pero con los pies en la tierra.
Dime, si quieres, que Otto aplaza la comida por trabajo y que, eso, ahora mismo, tiene más prioridad que otras cosas. Dime que está en las nubes y que le cuesta acordarse de Judith pero no me digas que huye porque no me lo creo. Otto, el que yo he visto, tiene dudas sí ¿y qué? pero más tarde o más temprano aparece resplandeciente. Como hoy.