viernes, 27 de julio de 2007

Agenda electrónica

Soy una mujer con agenda electrónica (eso que algunos modernetes llaman PDA).

Ejemplos:

1. Ejemplo A:
- Tenemos que reunirnos para concretar este asunto.
- Un segundo que saque mi agenda.

2. Ejemplo B:
- ¿Sabes dónde hemos quedado con Sergio?
- Espera que lo miro en la agenda.

3. Ejemplo C:
- ¿Cuándo tiene pediatra la niña?
- A ver que te lo digo en la agenda.

4. Ejemplo D:
- ¿Quedamos el lunes para comer?
- A ver si lo tengo libre en la agenda.

Y así hasta el infinito, siendo el infinito el teléfono de atención al cliente de Mercadona, la dirección del pintor, el calendario de vacunación infantil, la lista de los regalos que les quiero pedir a mis amigos y la de la compra (no wonder!), las fechas de entrega de todos los deberes que me ponen en el trabajo, las reuniones, las comidas y, a veces, hasta los cafés.

En eso estoy -en la agenda- cuando llego al despacho y mi compañero de mesa me dice: "oye, que te ha llamado un tal Antonio. Que le llames. Toma, aquí tienes su móvil". Y me pasa -¡no te lo vas a creer!- un papelillo usado por una cara, recortado minuciosamente con las manos, y extraído de una pseudo-libreta de fabricación casera, que paso a describir a continuación:

La libreta de Bienve

Se trata de un conjunto de papeles reciclados de usos anteriores -quizá más ¿importantes? pero, desde luego, no más divertidos- que, como digo, han sido manualmente recortados con cuidado -de ahí su irregular tamaño- y unidos amorosamente por la manos de Bienve y sujetos con una pinza negra de metal -de esas que hace siglos que yo no veía- de manera que forman una suerte de ¿libretilla?

[Vamos, que se parece como una gota de agua a lo que usa mi carnicero para apuntar el pedido y luego darme la cuenta].

Mi compañero usa este invento para dejar notas y recados y, no contento con el reciclaje ya mencionado, cuando la anotación no excede el par de líneas ¡zaca! recorta por abajo el papel y entrega al destinatatio un subsiguiente reciclado de lo ya reciclado, esto es, un papelitillo.

"Pero Bienve de mi vida, ¿qué me das?" -le pregunto cuando me alcanza el recado con el móvil del tal Antonio.

Nos miramos reflexivamente sorprendidos (yo de él y él de mí) y soltamos la carcajada del siglo.

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