Recibo una llamada de Otto que a mí me suena muy dulce. Después de tantos días corriendo es muy agradable volver a encontrarme con el amigo, con su voz. Por fin le escucho contento, feliz por fin donde quiere estar. Y lo más importante, o así por lo menos a mí me parece, solo ante su futuro por construir.
El viernes pasado, por la tarde, escuchaba el programa de música clásica de Radio 1 y, casualmente, hablaban de cómo Argenta había llevado al éxito a la Orquesta Nacional allá por los años cuarenta. El locutor se refería concretamente al episodio del apagón en el Albéniz durante la representación de Aida y contaba cómo el ilustre director había sabido llevar hasta el final a sus músicos, dirigiendo con los ojos cerrados mientras ellos leían sus partituras en la penumbra de unas velas improvisadas.
Me emocioné. Era de nuevo una de las casualidades que siempre rodean a Otto y Judith: él acababa de usar esta metáfora un par de horas antes y si entonces me había podido escapar de las lágrimas, ahora ya no pude.

2 comentarios:
Él acudió a la reunión esperando encontrarla…, pero ella no estaba.
Supo que no podía esperarla…, así que comenzó sin ella.
Su discurso parecía vacío porque sabía que ella no lo podía escuchar.
Entonces ella apareció y todo cobró sentido de repente.
Las palabras fluyeron más fácilmente y con más ganas.
Sabía que no estaba aportando nada nuevo al claustro de profesores…, pero no le importaba.
Las palabras eran sólo para ella.
Era una despedida privada…, pero en público.
Le parecía una manera especial de cerrar una etapa de su vida, diferente y llena de magia.
La magia que supone guardar un secreto entre dos personas.
La magia de saber, aunque sólo él lo supiese en ese momento, que era un regalo para ella.
La magia de imaginar la sonrisa en su cara cuando ella lo supiera.
Y entonces, mirándola sólo a ella dijo sus palabras finales…, sólo para ella, para nadie más…, “hasta el infinito y más allá”.
Y en ese momento, al mirarla y ver como se sobrecogía todo su cuerpo, él supo que ella había comprendido.
Te lo pongo difícil: ¿por qué para ella? ¿Es cierto que sólo para ella?
En realidad el discurso tendría muchas posibles interpretaciones y esta que me das me parece demasiado fácil. Es más, ¿a cuántas otras chicas les has dicho esto mismo?
¿Me invitas a comer y lo discutimos? Ja.
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