miércoles, 16 de enero de 2008

Un recado para Otto


Querido mi Otto (y atención que el uso y colocación del posesivo no es en absoluto trivial):

Ojalá tuviera el antídoto para tu tristeza, ya mismo te lo enviaba por mensajero directo a tu corazón. Pero ¡ay, amigo mío! la vida tiene tantos peajes por los que debemos pasar, por los que debemos pagar, por los que debemos penar... Ojalá tuviera unas palabras lindas, de colorines, con las que envolverte y protegerte para llevarte ya mismo a donde quieres estar dentro de unos años, con las heridas cerradas. Pero no.

Ay, Otto, las cosas que valen la pena nunca han sido fáciles. Y lo sabe el que decide cruzar el desierto a solas por ver los amaneceres limpios, y el que quiere subir al Himalaya y vacía su mochila de lo prescindible por llegar a la cima del mundo. Y ambos saben lo duro que es el camino y lo asumen y se felicitan de su decisión, aunque se les quede la boca muda de sed o pierdan una mano helada en la nieve. Lo vi una vez en los ojos de un viejo amigo, que este tipo de cosas merecen la pena.

Otto, con tu permiso, te diré que más que triste, ahora deberías estar jodido y atreverte a hacerte los millones de preguntas que no tienen respuesta y que te rondan por la cabeza cuando te quedas a oscuras. Así, como los campeones. Y enfrentarte a la tristeza como sólo tú sabes hacer las cosas: con valentía, tacto, cariño y paciencia. ¡Qué te voy a decir a ti!

Ahora bien, mon amour, hazme también el favor de plantarte ante el espejo esta noche, antes de irte a dormir y contestarme a esta pregunta: ¿cuánto mejor estás desde que tomaste aquella decisión? Has vuelto a ser tú: arriesgado, aventurillas, inteligente, despierto... siempre dispuesto para la acción.

¿Qué dices? ¿Que te duele el corazón? ¡Pues claro! ¿Qué esperabas?

¿Qué dices? ¿Que esto está siendo difícil? ¡Pues claro! Ya lo sabías.

Coge a tu chica del brazo, ponle tu música preferida, dile que la amas y después, te inflas a llorar. ¿Y mañana? Ya veremos, será otro día.



Y ahora, entre nosotros, un cotilleo de mi jefe que no te había contado. Es un hombre delicioso. ¿Puedes creerte que se ha metido en "una piscina casi vacía y sin guardarse las espaldas" sólo por darme a mí algo que iba a ser imposible?. Al final, desafortunadamente, la jugada no le ha salido pero ¿sabes? ¡qué importa! lo más halagador es que lo ha intentado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te quiero Judith.

Esto es lo primero que me ha salido al leer tu blog y así, tal cual, lo voy a dejar reflejado por escrito en este comentario.

Otto,

Judith perpleja dijo...

Yo también a ti, Otto. Por eso te escribo así.