Cuando hablo con Otto son tantas las cosas que quiero decirle que, al final, se me quedan todas sin decir. Las conversaciones son rápidas, rápidas, rápidas y el escenario es siempre tan "extraño" que sólo cuando ya voy de regreso a casa me asaltan todas las preguntas que no he hecho.
La de hoy es ésta: si tu chica ya está lista para marcharse ¿a ti cuánto tiempo más te queda antes de que también te vayas? A mí, esta tarde, me ha dado la impresión de que, en realidad, ya no estabas.
Corrígeme si me equivoco.
martes, 18 de septiembre de 2007
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2 comentarios:
Es curioso, algún día Otto me comentó por un pasillo que a él también le resultaban (casi) siempre extraños los escenarios en donde se desarrollan vuestras conversaciones. Creo que venía de una de ellas y me dijo algo así como: “no llega a ser como estar en Second Life..., pero casi”. Y..., ¿qué te voy a contar de la rapidez de Otto?, ¿Qué sería de él sin esa hiperactividad?..., eso sí, muchas veces cuando consigo entablar con él una conversación de más de 5 minutos, necesito luego otros 15 para reflexionar sobre todas las ideas que me ha soltado, así como el que no quiere la cosa, en tan poco tiempo.
Pero bueno, vamos a lo que vamos. No soy yo quien puede corregirte si te equivocas, pero la especial amistad que me une a Otto, me hace ser un testigo de excepción de lo que está ocurriendo en su vida durante estos últimos tiempos. Y…, es verdad…, hace ya mucho que se fue. Lo que sucede es que es un tipo responsable (quizás demasiado) y hace un gran esfuerzo todos los días por volver, por estar ahí con su gente, porque es lo que se espera de él y lo que él hará hasta el día en que realmente se vaya.
Ahora corrígeme tú a mí si me equivoco…, ¿acaso crees que es posible estar aquí cuando se está viviendo una historia de “amor en estado puro” como la que él está viviendo. En mi opinión, bastante hace con estar presente y apartar ese “amor” conscientemente durante horas, sólo por pensar en el bien común y no en si mismo. Así que, tranquila, Otto no es de los que se va de la noche a la mañana. No es de esos de “cariño, me bajo a por una cajetilla de tabaco” (entre otras cosas porque ni él ni su chica fuman)…, y si te he visto no me acuerdo. No, Otto no es de esos, antes de irse de verdad lo dejará todo lo mejor atado posible. No lo dudes.
Por eso me gusta Otto y sé los esfuerzos que hace porque, cuando lo miro sin que me vea, lo veo en otro sitio más feliz. Sé cuántos esfuerzos está poniendo en su vida en estos últimos meses para cerrar despacio una puerta difícil y abrir de par en par otra llena de vida y, mientras tanto, aún persiste una nebulosa que todavía le ata al mundo de la gente de carne y hueso, que se enfada o sonríe, que come, duerme y se viste. Sé que Otto ya no quiere vestirse de guerrero y que sólo quiere descansar.
Dile a Otto de mi parte que respire hondo, que ya queda poco, y que, de todos modos, siempre hay alguien que le guiña un ojo de complicidad cuando tiene ganas de venirse abajo.
Ah, y que también es legítimo mandarlo todo a paseo.
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