Odio profundamente que venga la tipa esta a decirnos que desde que se marchó y ya no trabaja donde el resto de los mortales, ella es más feliz.
Odio profundamente -y que le parta un rayo- que ande entre nuestras mesas de trabajo perdonándonos la vida porque ELLA sí supo y pudo escoger mejor.
Anda, bonita, deja de tocarme las narices que el hecho de que tú estuvieras amargada no significa que los demás tengamos que estarlo. A lo mejor, cielo mío, lo que te pasó es que no supiste o no pudiste adaptarte a los cambios y, claro, fue mejor marcharse. ¿Huir?
¿Sabes? Vete a criar tus lechugas maravillosas y deja de jorobarnos al resto.
lunes, 23 de julio de 2007
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