
Ocurrió que el día que Otto decidió cambiar su vida yo andaba por allí. Simple. Así sin más.
No creo que nada de lo que yo le dijera entonces pudiera influir realmente en su decisión puesto que ésta ya estaba tomada de antemano. Sí es cierto, sin embargo, que a él le había costado cerca de un año darse cuenta de eso.
Yo llegué, casualmente, al final de ese proceso, un día cualquiera
hola, buenos días
y así empezó todo. Hablamos mucho y deprisa, en un alud: "masa grande de una materia que se desprende por una vertiente, precipitándose por ella".
Algunas veces, a Otto yo le daba empujoncitos hacia su decisión. Otras me enfadaba con él, casi de verdad, por ver si así lo sacaba de su triste ensimismamiento.
Un día, otro
hola, buenos días
fue triste porque Otto se había lanzado al vacío y cuando me lo contó me dieron ganas de darle una patada en la espinilla para que se enterase de cuánto me dolía a mí su pena. Creo incluso que se la di.
Fue así como nos hicimos amigos (amistad: "afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato").
Así que, en estos días, cuando me entretengo leyendo un rato, no me sorprende encontrame palabras que cuentan su vida (y la de su chica). Ojalá sean absolutamente felices:
Un año más
las mismas voces
el día que quieres
cambiar la tuya,
los mismo perros,
el gallo que nos despierta
otra vez. Si supieras
cuánto te quiero, cómo
olvido lo que he sido
sin ti, cómo miro tu
cuerpo en la ventana,
vencido para ver
los viejos que pasean
en la última tarde
del invierno. Dime
que lo sabes, que
mi dolor volverá a
derretirse como el hielo,
que el silencio
ha vuelto a ser
la inocencia del niño.
Dime que sabes ya
que te quiero,
que no soñaste
esta noche con
un poema de amor
como este.
(L. Suñén)
[Espero impaciente la vuelta de su viaje para ver esa felicidad en imágenes]

2 comentarios:
La vida es un cúmulo de pequeñas casualidades.
El otro día, cenando con unos amigos, alguien conocía a un tal Otto y contaba una historia tan parecida a la que tú cuentas que no dejaba margen para la duda: seguro que se trataba de la misma persona.
Debes saber, por lo que contaban, que el tal Otto está mucho mejor, que el camino que está recorriendo no es tan sencillo como él imaginó. Según decían, los fantasmas del pasado vuelve a él con más frecuencia de lo que sería deseable. Pero Otto sabe que es sólo cuestión de tiempo y es feliz (en estado puro) cuando cada mañana se despierta en el regazo de Ana y comparte con ella su respiración pausada.
Es curiosa la vida de este tal Otto (le envidio, aunque no sé si sería capaz de aguantar ese "chute" de felicidad total en vena como lo hace él), y más curioso aún es ver como él entró en la tuya.
Nada es casual, si tú andabas por allí en aquel momento, seguro que fue por algo. "Hola buenos días" y, tal vez, esas 3 palabras fuesen el empujón final que necesitaba tu amigo.
Por cierto..., ¿acaso es posible no hablar deprisa contigo?
¿Sabes si Otto ha traído fotos para enseñarme?
Si lo ves, dile de mi parte que todos los días pienso en él un ratito para asegurarme de que es feliz.
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