Mejor procedemos por enumeración y así comprendes mejor a qué dimensiones me refiero. Vamos allá:
- una lámpara de araña cuyo diámetro ni siquiera abarcan mis brazos abiertos preside, desde el techo, el hall de la entrada. (Sí, sí, he dicho hall y no precisamente por esnobismo).
- dos lavaplatos, dos fregaderos, una mesa redonda para ocho comensales, un sofá, dos sillones y una chimenea te observan en la cocina cada vez que vas a por un vaso de agua.
- el número de cuartos de baño no me lo sé, lo siento, pero sí puedo contarte que, de su baño a su vestidor debes traspasar dos puertas y andar unos quince pasos.
- dos despachos, un gimnasio, una zona de invitados más grande que mi salón y mi cocina juntos (lo cual ya sé que te deja igual que estabas porque tampoco sabes cómo es mi casa...), una sala para ver la televisión, el garaje, el lavadero...
En fin, ya te haces una idea.
Pero lo mejor, lo mejor de todo es que para nuestro común amigo Guillermo lo más espectacular de la casa es que en la despensa tienen aire acondicionado.
¡Genial1

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