miércoles, 25 de julio de 2007

Cosas recuperadas (que no deben perderse)

Mi amiga tampoco se llama Ana, pero tiene un nombre más rotundo, como ella misma, casi como de cuento de hadas.
Mi amiga apareció de repente y sin previo aviso para amortiguar mi caída.
Mi amiga es suave y dura como el airbag de ese coche mí­o lleno de abolladuras, explota delante tuyo y en un abrir y cerrar de ojos vuelves a estar a salvo pero, a veces, su explosión te quema al estar tan cerca.
Mi amiga es dulce conmigo aún cuando se muestra muy dura para intentar que mire de frente.
Mi amiga siempre termina las frases con una pregunta, para que seas tú quien realmente encuentres la respuesta.
Mi amiga es mala para ser buena, cómo sólo saben serlo las personas inteligentes.
Mi amiga siempre sonrí­e, una sonrisa pícara, que busca siempre la complicidad de su interlocutor.
A mi­ también me gusta mi amiga porque me lo paso bien con ella, porque me escucha cuando me rayo, porque era mi amiga antes de yo saberlo, porque se cambia de zapatos para no intimidarme, porque sabe muy bien lo que quiere y cómo conseguirlo, (sin recovecos que valgan), porque parece lo que no es, porque siempre está yendo y viniendo, porque cuando yo voy ella ya está de regreso.
Mi amiga no me da la paz que busco (y que no está en ningún sitio), pero me hace ser audaz (¿o temerario?).
¿acaso se le puede pedir más a una amiga?

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